
Ixel Moda Valledupar, un encuentro de moda, cultura y tradición
La Plaza Alfonso López se llenó de lo mejor de la moda nacional y local con un propósito: rendir homenaje a la cultura vallenata. En la muestra participaron Hernán Zajar, Judy Hazbún, Dario Valencia, Lina Cantillo, Jorge Duque y Naiduth Geles. Este evento es el punto de partida para convertir a Valledupar en una ciudad donde se lleven a cabo manifestaciones culturales más allá del Festival de la Leyenda Vallenata.
Por: Jesús Bovea
Con la misma fidelidad con la que Valledupar ha inmortalizado sus historias en versos y acordeón, la ciudad vistió de moda su cultura. En la icónica Plaza Alfonso López, ocho tiempos de son, memoria y creación marcaron una pasarela en la que las telas interpretaron las leyendas, los paisajes y las canciones de un valle rendido a su musicalidad. Así se vivió Ixel Itinerante en la capital del Cesar, donde el vallenato encontró en la moda otra forma de contar sus historias. En la muestra que procuró convertir la ciudad en una plataforma de moda, participaron diseñadores nacionales y locales, Hernán Zajar, Judy Hazbú, Lina Cantillo, Beatriz Camacho, Jorge Duque, Naiduth Geles, José Cuello y Darío Valencia, quienes con la magia del folclor vallenato crearon muestras inspiradas en los clásicos del género.

Temas como Sin medir distancias, Mi hermano y yo, La casa en el aire, La creciente, Los caminos de la vida y Vallenato Nobel fueron los que marcaron la pauta de la intención de la pasarela, en una sincronía casi que perfecta en la que se mezclaban la interpretación desde la música hasta la prendas.
Un valle sonoro y músical
Cada una de las cápsulas refería a una inspiración distinta, en la que la memoria, como lo dijeron Zajar —quién abrió la pasarela nacional—, y Hazbún —quién la cerró—, “el vallenato no se siente desde la sensibilidad de quién aprende, sino que aún sin haber conocido, quién lo escucha cree, que ya lo sabe de antes”.
La casa en el aire llevó a Zajar a ver que el techo, donde todo comienza, debía estar en lo pies, y de ahí el cielo creaba sin límites. Para Judy Hazbú, Sin medir distancia, en su homenaje 40, fue la excusa perfecta para reconocernos como iguales, que las distancias son excusas y que lo mejor que podemos brindar es la presencia, para así poder hilar humanidad.
Sin embargo, de las grandes raíces del vallenato como género es la hermandad, y por eso Mi hermano y yo, en las manos de Lina Cantillo, no fue solo trasladar su moda la 'Santo Eccehomo', “sino comprender que la unión es como un lazo invisible que nos acerca a los que más queremos”.

Talento propio
En referencia a lo local, Los caminos de la vida, como un homenaje directo de su hermana Naiuduth a través de la moda a Omar, no solo buscó la manera de trascender, sino que dio paso a la revelación de una novia, inspirada en La cañaguatera del diseñador José Cuello, que rompió el esquema del color y se centró en un Caribe permanente que resiste incluso al paso del tiempo.
En el cierre de la pasarela, Darío Valencia, en su homenaje a Gabriel García Márquez con Vallenato Nobel, no solo mostró una prenda, sino que creó un universo literario en materiales para vestir desde la referencia del Gabo en liqui liqui con maleta listo para ir Macondo, hasta las estructuras militares y las mariposas amarillas de Babilonia. Cada detalle contaba la historia de un 'valle' que es Caribe universal. “El trabajo de esta muestra es finalmente un homenaje a mi tierra, mi Valledupar que me llena de tanto orgullo y en el que he construido mi carrera. Por eso mi referencia directa a Gabo, y sus Cien años de soledad, que no es más que un vallenato de 400 páginas”.
Un museo en honor a Escalona
Además, como parte de la celebración de los 100 años del nacimiento de Rafael Escalona, se pensó en un espacio destinado a rendir tributo al maestro a través de cien piezas de arte e indumentaria que narran la historia e interpretación del juglar.
La composición de esta muestra museológica estuvo a cargo Danilo Cañizares, director académico y curador de Ixel Moda, quién señala que “pensar en Valledupar es considerar la historia en clave musical, desde aquí las historias se presentan de forma diferente, y la forma de preservarlas también debe ser distinta. Por eso pensamos en usar el trabajo artesanal y manual de la región, para rendir este homenaje”.
En esta instalación conviven desde bolsos pintados a manos y vestidos con modulares de acordeón, hasta arte paisajístico, pasando por muestras de tejido en vivo o por la comunidades indígenas de aquel lado de la Sierra Nevada, que simbolizan la raíz de la tradición.
Según el curador, “este ha sido el trabajo de tres meses ininterrumpidos, en los cuales se reúne la mayoría de los saberes cesarenses, mezclados además con tendencias contemporáneas para llevar al visitante a vivir una experiencia mucho más completa y no solo entorno a la moda, sino del concepto global del arte”.

Valledupar, una ciudad de eventos
Más allá del vallenato como género musical, la capital de los cesarenses se proyecta como un punto de encuentro en el que la tradición se mezcla con la innovación y se procura por la construcción de una agenda que sostenga las tradiciones naturales del territorio, pero también que amplía sus horizontes a nuevas posibilidades.
La primera gestora del Valle, Milena Serrano, comentó sobre esto que “de las ciudades del Caribe, Valledupar posee la máxima expresión de la tradición musical de la región. Sin embargo, eventos como estos nos retan a construir una agenda que sea más integrativa, en la que más allá del Festival Vallenato, que nos llena tanto de orgullo, el Valle también pueda convertirse en una ciudad de eventos”.
En ese sentido, Serrano concluye que la ciudad espera seguir siendo sede de eventos de moda, deportivos, cumbres, sociales y de alto impacto para el departamento y la región.
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