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Juan Mauricio Piñeros Pulido
Juan Mauricio Piñeros Pulido, profesor de la Universidad Nacional y director del documental 'Dicen que tú y yo estamos locos'. Foto: Ricardo Rondón
Cultura

La disparatada historia del ‘Cartel psiquiátrico’ de la Biblioteca Luis Ángel Arango

Chifladitos y desamparados de la vida que frecuentan desde hace años la emblemática institución cultural, inspiraron al director de cine y docente de la Universidad Nacional Juan Mauricio Piñeros Pulido, con recursos propios y un estímulo del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico, para realizar un documental digno de presentarse en festivales internacionales.

Por: Ricardo Rondón Chamorro

La Biblioteca Luis Ángel Arango (BLAA), referente cultural del centro histórico de Bogotá, recibe diariamente, según datos propios, entre 3.000 y 5.000 visitantes de distintas edades, procedencias, etnias, profesiones y oficios. Y llegan con un agregado pintoresco de personajes anónimos y descarriados, que se han hecho populares en las salas y pasillos del imponente edificio de estilo racionalista moderno que, desde 1958, custodia Minerva, la deidad romana de la sabiduría, obra del escultor italiano Ludolvico Consorti.

Desde primeras horas de la mañana, algunos de ellos, morral a las espaldas, bolsas o tulas con ropa, cajas de lustrar zapatos y carrito de supermercado con chucherías, hacen su aparición: 'Sutatán', 'El farandulero', 'Risa loca', 'Cocinero', 'El Pastor', 'El Veedor' 'Gotas de rap', 'Yesid', 'El Serenatero', 'El Pintor', 'El Gaitanista', 'La Poeta', entre otros seres, en apariencia inofensivos, pero definitivamente extraviados de la realidad, quienes se instalan en sus querencias de años, en los 45.000 metros cuadrados que comprende la BLAA.

En la biblioteca más importante de Colombia, los descachalandrados hacen lo que se les antoja. Los de mayor edad buscan los periódicos del día, otros piden libros, o se van a la sala de cine a repetir películas hasta que quedan dormidos, en medio de un disparatado diálogo de ronquidos. Unos más deambulan por los vestíbulos haciendo muecas o bailando y hay quienes ocupan los baños para lavar la ropa, y con sus retorcidos chirajos intentan asearse a hurtadillas.

En los últimos años, esta comunidad de orates y desamparados se ha hecho popular entre visitantes, porteros y funcionarios, que los tolera siempre y cuando no se comporten agresivos, o sean pillados consumiendo licor o sustancias psicoactivas. De hecho, se han acostumbrado a ellos, ya que sus mímicas, ocurrencias y charlatanerías les apacigua la rutina laboral. Como quiera que sea, son personajes de película.

Dicen que tú y yo estamos locos

¡Sí!, hay que estar muy loco para obsesionarse con rastrear y perfilar locos, y convencerlos para hacer una película de locos. Sonaría insólito si no estuviéramos cada vez más a merced de la sombría peste orbital de la locura y de ésta seguro que no vamos a salir con un sorteo de vacunas, pero "hay que dar la razón como a los locos", tal cual reza el adagio popular.

Detrás de la historia de este 'Club de descarriados' de la Biblioteca Luis Ángel Arango, hay un 'loco genial'. Se trata de Juan Mauricio Piñeros Pulido, bogotano de 45 años, profesor de la Escuela de Cine y Televisión de la Universidad Nacional, guionista y director del documental Dicen que tú y yo estamos locos, que muy pronto estará en algunas salas de cine.

El primer paso de su desquiciado proyecto se dio cuando él era estudiante de bachillerato del Colegio Salesiano Juan de Rizzo, en el tradicional barrio 20 de Julio, y para investigar sobre los trabajos que le dejaban en clases, se trasladaba a la Luis Ángel en la época de largas filas y extenuantes jornadas a sol y agua para acceder a los ficheros de consulta.

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El universo incoherente de 'Saulo' o 'Sutatán' está proyectado a la farándula, a los antiguos reinados de belleza y el modelaje. Foto: cortesía productora Yoreinaré 

Allí, además de cumplir con sus deberes académicos, se obsesionó con el tema de la aviación, que lo llevó de enciclopedia en enciclopedia, y de cuadernos, hasta agotar lapiceros tomando apuntes. En sus visitas continuas a la BLAA se fue percatando del público heterogéneo que asistía: docentes, estudiantes, intelectuales, adultos mayores, colegiales y universitarios, y personajes pintorescos, desaliñados y mugrientos.

Uno de ellos es conocido como Jimmy, con quien hizo amistad, y de quien descubrió que, en medio de su precariedad, era un desperdiciado genio matemático. En sus visitas a la biblioteca, Piñeros fue fijando más personajes de la marginalidad, que se le fueron convirtiendo en otra obsesión. 

Luego abordó su tránsito a la universidad: "Yo nunca pensé ser cineasta sostiene el Piñeros. De hecho, despreciaba el cine. Picado por la ciencia, me dio por estudiar Biología, pero renuncié a tiempo cuando me di cuenta de que no tenía el rigor y la disciplina que exige. Entonces me decidí por la carrera de Cine. Es que, con la ciencia, no hay chance de especulación... Sucede lo contario con el cine, donde especular, imaginar, es parte del proceso creativo".

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'La Poeta': pasa largas horas en la sala de artes y humanidades. Dice que está recaudando material para escribir un poemario sobre árboles. Foto: cortesía Yoreinaré 

El profesor, que no posa de intelectual ni de cinéfilo, agrega que en su carrera de Cine fue de gran valía la cátedra en primer semestre de un reportero gráfico del diario El Tiempo, de apellido Linero, quien inculcó a sus alumnos la reportería de calle como ejercicio de observación y lectura de los personajes de la cotidianidad. "Un rollo de diapositiva de 36 exposiciones, después de revelado y de elegir las mejores tomas, era el conducto para armar una buena historia. Esa técnica me inspiró a realizar mi primer documental: Curso 29, una exploración a fondo del trajinar de los bomberos", revela.

En qué momento vio la primera luz de Dicen que tú y yo estamos locos, el documental de la BLAA.

En 2014. En la Luis Ángel Arango estaba investigando sobre el guion de ficción, tesis de mi maestría de escrituras creativas. El personaje de la biblioteca que tenía en mente era Jimmy, el matemático (quien inexplicablemente, desapareció), pero ahí empecé a rodearme de los demás: 'Sutatán', Saulo 'El Farandulero', 'Risa loca', 'El Cocinero', 'El Pastor', 'El Veedor' 'Gotas de Rap', 'Yesid', 'El Serenatero', 'El Pintor', 'El Gaitanista', 'La Poeta'...

¿Le fue difícil convencerlos para que participarán en su película?

Para nada. Fue muy fácil. Ellos siempre están que se hablan, y viven ansiosos de alguien que les hable, y de ser escuchados.

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'Gotas de rap', de apellido Contento, padre de los creadores del grupo pionero de hip hop, del barrio Las Cruces. Foto: cortesía productora Yoreinaré 

Qué lectura en conjunto hace de ellos?

Son seres de la soledad y del desamparo. Algunos con traumas y dolores de la infancia, víctimas de la violencia, la orfandad el desplazamiento, y obsesionados por alguna causa. Son Quijotes de la ciudad, con relato propio. La mayoría hombres. Por lo general, los más viejos, duermen en dormitorios de paso. Allí deben desalojar a las 7 de la mañana. El único refugio que tienen en el día es la biblioteca.

¿Mucho trámite para filmar con ellos en la biblioteca?

Para nada. Todo estaba como confabulado. Tuve la fortuna de que Ángela María Pérez, la subgerente cultural del Banco de la República, había sido profesora mía, y me puso todo a disposición.

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'El Pastor', obsesionado por las lecturas bíblicas que pregona advirtiendo el inminente juicio final en la BBLA. Foto: cortesía productora Yoreinaré

—¿En qué año se inició la filmación y cómo hizo para financiar la película?

Empecé a filmar en 2017, y la película se financió con recursos propios y un estímulo del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico.

Su documental está muy bien logrado. Conlleva el humor inocente de los personajes y la poética de sus enrevesados destinos. ¿Lo va a presentar en festivales del mundo?

Me aburren los engorrosos trámites que exigen los festivales y las salas comerciales; pero sobre todo los egos. Soy un outsider, no me considero un intelectual, y menos un famoso. Le huyo a todo eso. Quiero que la gente vea la película.

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Perfiles

'Sutatán': lustrabotas extrovertido, pero desaseado. Obsesionado por los antiguos reinados de belleza y las estrellas del espectáculo. Se la pasa en la hemeroteca y en la sala de videos consultando revistas de farándula y viendo eventos de modelaje. Le da por hacer pantomimas de las pasarelas. Ocupa el computador para copiar lo que lee y lo que ve. Algunas pistas de su pasado evidencian abandono y maltrato en su niñez.

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'El Cocinero' dice haber cruzado mares del mundo como ranchero de un barco mercante. Fellini o Antonioni lo hubieran deseado. Foto: Yoreinaré 

'El Cocinero': veterano, obsesionado en la exposición de la BLAA sobre Radio Sutatenza, primera emisora educativa de Colombia. Cuenta que en su juventud le dio la vuelta al mundo como cocinero en un barco mercante. Hoy sobrevive a duras penas lavando carros. Interesado en la obra de Gabriel García Márquez. Lee inagotable hasta quedar dormido con el libro entre manos.

'Risaloca: mediana estatura, de calva y mostacho, con un retraso mental que se traduce en su comportamiento infantil. Suele tener crisis depresivas y de ansiedad, de llorar y de reír. En los pasillos le da por bailar o imitar a actores y políticos. Suele caer rendido en profundo sueño en las bancas de espera de préstamos de libros.

'Gotas de rap': personaje entrado en años. Padre de los hermanos creadores del grupo 'Gotas de rap', pionero de hip hop en Bogotá, del barrio Las Cruces, conocidos como 'Kontent' y 'Melissa' (junto a 'Javi/Tormento'). 'Melissa' fue alma e inspiración de la agrupación, con un trágico final (junio de 1999), a sus 23 años, con su hijo de dos, en un accidente automovilístico ocurrido en Houston, Estados Unidos, donde disfrutaba de sus vacaciones.
Contento, que es el apellido del papá de los artistas raperos, se perfila como un hombre curioso, audaz, de temperamento fuerte, quien supuestamente cayó derrotado y en la indigencia por el traumático dolor de la tragedia de su talentosa hija. Pasa largas jornadas en la sala de audiovisuales viendo películas de acción y documentales del científico francés Jacques Costeau.

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Esta inocente almita de Dios llega con un carrito a merodear por los pasillos de la biblioteca, y aprovecha los baños para lavar sus chirajos. Foto: cortesía Yoreinare
 

Yesid: costeño, dicharachero, víctima de la violencia y el desplazamiento. Se duele de haber perdido tierras de alta riqueza minera, que le dejaron de herencia. Desde que llegó a Bogotá insiste en el restablecimiento de su patrimonio. Lo consuela el amor platónico que profesa por Jessica, una de las auxiliares de la sala de audiovisuales que él frecuenta. Cuando no logra reunir para un 'pagadiario', pasa la noche arrunchado en el edificio de El Tiempo de la carrera Séptima.

'El Pastor': promedio 65 años. De traje, corbata y anteojos. Lector de teología. Pregona capítulos bíblicos y convoca al arrepentimiento ante la hecatombe apocalíptica que él, asegura, se avecina. A veces, cuando se queda dormido, se le cae su caja de dientes, lo que lo hace despertar atortolado. Por su cordialidad, se ha ganado la estima y confianza de los funcionarios.

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'El Gaitanista', periodista empírico, obsesionado por rescatar y divulgar la memoria del líder político Jorge Eliécer Gaitán. Foto: cortesía Yoreinaré 

'El Gaitanista': tipo robusto, bonachón, cuarentón. Dice ser periodista empírico carnetizado, consagrado por años a rescatar y divulgar la memoria de Jorge Eliécer Gaitán a través de un medio alternativo que fundó con su hermano. Suele tener roces con 'Sutatán' por la posesión del único computador de la hemeroteca, donde 'El Gaitanista' sube contenidos a su página web.

'El Veedor': veterano, neurótico y criticón. Se descarga con los empleados de la biblioteca cuando no atienden rápido sus solicitudes. Vive enfrascado en desentrañar y recopilar los históricos desfalcos de corrupción estatal en Colombia. Por su mal genio, nadie se atreve a dirigirle la palabra.

'La Poeta': su querencia de años es la sala de Artes y Humanidades. Allí lee y escribe en largas jornadas. Cuando se siente cansada, recorre las otras salas y las exposiciones temporales. Dice que está recaudando material para avanzar en un poemario sobre árboles.


Al final de la tarde, cuando se cierran las puertas de la biblioteca, los olvidados del mundo quedan a expensas de las tenebrosas fauces del monstruo de la noche. He ahí el poderoso colofón de la bella epopeya del cineasta.

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