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Deportes

Roger Federer: lo que nunca más vamos a ver

“El retiro de Federer se expresará como una sombra latente en el circuito, hasta que el tenis deje de llamarse tenis”.

Por: Juan Francisco García

La emoción obligada y preponderante es la nostalgia. Pero no la nostalgia tangencial, distante, estoica. Si uno es amante del tenis, si uno es amante del deporte, o si uno aprecia con cierta sensibilidad las posibilidades y los dones del cuerpo humano, la noticia del retiro de Roger Federer desata una nostalgia nuclear y próxima. Quizá la cualidad fundamental de esos a los que llamamos leyendas sea justamente esta: que, al darle cierre a su ficción, al anunciar el retiro, un ordinario periodista bogotano sienta un marcado vacío en el pecho mientras intenta asir el artículo que le han encargado sobre un suizo al que solo vio por televisión en incontables madrugadas.

Se es leyenda solamente si se logra injerir en el fuero interno, en el ánimo y en el corazón, de millones de tipos del común que al saber de la noticia fatídica sienten que algo en ellos se retira también, que se pierde, que se extingue.

Y es que Roger Federer es desde hoy, oficialmente, una isla pérdida. Quienes lo pudimos disfrutar desde el comienzo hasta el final, a pesar de tener claro que gracias a la tecnología y la era del social media toda su carrera está registrada, documentada, “inmortalizada”, sabemos, porque lo sentimos, que claudicó el refugio -estético, animal, religioso- que era sentarse a verlo desplegar su oficio. Sabemos que nunca más, al menos no mientras estemos vivos, el tenis volverá a emanar un prodigio semejante.

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