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Expulsión de Agustín Cannobbio.
El árbitro estadounidense Ismail Elfath expulsa al jugador uruguayo Agustín Cannobbio por una violenta patada al jugador español Pau Cubarsí. Foto: Reuters.
Deportes

La garra, dos caras de la misma moneda

Mientras que Paraguay y Ecuador superaron a Alemania a punta de vergüenza deportiva y temple, Uruguay se fue del Campeonato Mundial de Fútbol de la Fifa por la puerta de atrás tras su bochornosa presentación ante España.

Por: Eduardo Arias

En esos últimos días, el mundo presenció a dos de los máximos exponentes de la llamada “garra”: enfrentar a dos poderosos rivales y ambos mostraron dos caras de esa misma moneda. Son ellos (eso dice la historia) Uruguay y Paraguay.

Los guaraníes, dirigidos por el argentino Gustavo Alfaro, clasificaron inesperadamente a octavos de final en la definición con lanzamientos desde el punto penal tras empatar con gran valentía con una más bien tímida Alemania, un equipo en el papel muy superior, sobre todo si se comparan sus nóminas de jugadores. Por el otro lado Uruguay, también dirigida por otro argentino, Marcelo Bielsa, se fue del Mundial por la puerta de atrás en un bochornoso partido tras ofrecer ante España un lamentable espectáculo de violencia desmedida y malintencionada de parte de algunos de sus jugadores.

Ambas versiones de lo que mostraron este par de equipos encajan, al menos en el papel, en lo que se suele entender como la garra. Un estilo de juago basado en el sacrificio, luchar hasta el final por cada balón, no rendirse ante la adversidad. Sin embargo, en algunas ocasiones se ha considerado como parte de esa garra la trampa, el engaño y las agresiones injustificadas a los rivales, como el grotesco mordisco que Luis Suárez le dio al defensor italiano Giorgio Chielini en el Mundial de 2014. Afortunadamente no todas las voces uruguayas están alabando el matoneo y la bellaquería de sujetos como Agustín Cannobbio.

Algunos recuerdos de la garra

En la historia de los mundiales ha habido torneos en los que la guerra uruguaya, en el buen sentido de la palabra, ha deslumbrado al mundo. El ejemplo clásico es la selección que ganó el Mundial de 1950 (el de legendario “maracanazo”) y que cuatro años después refrendó su calidad y entrega en el Mundial de Suiza 1954, donde también logró una destacadísima actuación. Esta selección, la de Máspoli, Obdulio Varela, Schubert Gambetta, Juan Alberto Schiaffino y compañía jugaba al fútbol de una con una entrega total, pero a la vez con mucha lealtad. Además del mítico triunfo ante Brasil en el partido final del Mundial de 1950 en el estadio Maracaná, los uruguayos ofrecieron cuatro años después, en una de las semifinales del Mundial de Suiza, uno de los más memorables partidos de todos los tiempos, en el que cayeron 4 a 2 en 120 dramáticos minutos ante la entonces imbatible Hungría.

Para no quedarse en la protohistoria, algo parecido puede decirse de la selección uruguaya que participó en el Mundial de Sudáfrica 2010. Terminó en el cuarto lugar y protagonizó partidos realmente memorables como el de tercero y cuarto puesto frente a Alemania o la semifinal ante Holanda. Por no hablar del partido de cuartos de final frente a Ghana, que se resolvió desde los lanzamientos del punto penal, luego de un alargue en el que Uruguay se defendió como pudo (sin apelar a la violencia ni a la deslealtad) a pesar de jugar con un hombre menos. Un ejemplo de esa garra es Diego Forlán, autor de cinco goles y elegido como el mejor futbolista de ese campeonato. Además de su gran talento y calidad como jugador, Forlán mostró entrega, sacrificio y lucha a lo largo del campeonato sin necesidad de acudir a la trampa o el engaño, mucho menos a la violencia.

No es el único. Por solo citar algunos otros nombres sueltos, han vestido la celeste jugadores como Luis Cubilla, Pedro Virgilio Rocha en los sesenta y setenta, y en los años ochenta, en particular en el Mundial de 1986, Antonio Alzamendi, Enzo Francescoli y Rubén Paz.
Por ese motivo resulta triste que tantos seguidores de Uruguay celebren como heroica la violencia injustificada que mostraron sus jugadores ante España.

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Mauricio Magalhaes, de Paraguay y Joshua Kimmich, de Alemania, disputan un balón en el partido que empataron a un gol. Paraguay clasificó a octavos de final tras la definición con lanzamientos desde el punto penal. Foto: Reuters.

El caso de Paraguay, que tendrá en octavos de final una dificilísima prueba ante Francia luego de su epopeya ante Alemania, es un tanto curioso. El equipo guaraní comenzó de manera desconcertante al debutar con un 4 a 1 frente a una inesperadamente buena selección de Estados Unidos con la que nadie contaba al inicio del campeonato. Luego, a punta de garra, temperamento y disciplina táctica, logró reacomodar sus fichas venciendo a una muy difícil Turquía, manteniendo a punta de temple y temperamento un 1 a 0 a su favor que logró mantener gracias a la entrega de sus jugadores hasta el final.
Ese resultado les permitió enfrentar un Australia un poco más relajados y terminaron empatados sin goles.

En dieciseisavos de final llegó la gesta ante Alemania. Contaron, eso sí, con la complicidad misma de los alemanes que jugaron el partido de una manera fría, con pocas ideas. De todas maneras, fue una tarea muy difícil para los paraguayos, ya que enfrentaban a individualidades que en cualquier momento pueden cambiarle el curso a un partido.

Esa garra guaraní no es la primera vez que se destaca en los mundiales. Paraguay es un país que en los ocho mundiales anteriores en los que ha participado solo una vez logró los cuartos de final, en Sudáfrica 2010.

Ha tenido actuaciones memorables. Por ejemplo, en el Mundial de Suecia de 1954 venció 3 a 2 a Escocia. En México 86 presentó un equipo con varias figuras que militaban en Deportivo Cali y América. Logró sacarle a punta de temperamento un empate al equipo local en el estadio Azteca. Además, ante la gran selección de Bélgica que terminaría cuarta logró un empate a dos goles en uno de los mejores partidos del Mundial de México 86 y del que se habla muy poco. En octavos de final la garra se desinfló ante la eficacia de la Inglaterra de Gary Lineker, Brian Robson y compañía. 

Otro partido memorable de Paraguay fue en los octavos de final de Francia, en el que aguantó a punta de temple y esfuerzo supremo de sus jugadores los intentos del muy superior equipo de casa por abrir el marcador. Aún se recuerda ese gol del defensor francés Laurent Blanc que abrió el camino para que “les bleus” ganaran en casa su primer Mundial.

En este Mundial la garra no ha sido solo suramericana

No se puede pasar por alto en este recuento el gran partido que protagonizó Ecuador al derrotar 2 a 1 a Alemania en un partido que ya pasó a la historia, también a punta de mucha garra y entrega. De nuevo, otro equipo dirigido por un argentino, en este caso Sebastián Beccacece. Ecuador, que empezó perdiendo ante Costa de Marfil en un partido muy luchado y que no pudo vencer a Curazao (otro ejemplo de garra al menos en ese partido) tenía que ganarle sí o sí a Alemania para mantenerse con vida.

Y lo logró. Pero en la fase de dieciseisavos se dejó abrumar por un estadio Azteca abarrotado y el empuje de México, el equipo de casa, y se despidió del Mundial sin poder repetir lo hecho ante los alemanes.
Si se amplía el horizonte más allá de Suramérica vemos que en este Mundial la garra no ha sido patrimonio exclusivo de Suramérica.

El caso más impactante ha sido el de Islas de Cabo Verde, que empató ante España y Uruguay, dos equipos que en el papel deberían haberlos vencido sin ninguna dificultad. Otro equipo muy llamativo fue el de República Democrática del Congo, que empató ante Portugal y le puso muchos problemas a Colombia y sobre todo a Inglaterra. Ghana, el próximo rival de Colombia, también mostró mucha garra ante los ingleses y lograron sacarle un inesperado empate sin goles. No olvidar a Senegal que increíblemente dejó escapar su paso a octavos de final ante una Bélgica que parecía completamente desmoronada y al final perdieron 3 a 2 ese partido en dramáticos 120 minutos. Y por los lados de Asia también mostraron mucha garra los japoneses ante Países Bajos, Suecia y Brasil.

Paraguay, de la mano de Gustavo Alfaro, un técnico estudioso, juicioso y capaz de gestas inolvidables como haber llevado al modestísimo Arsenal de Sarandí a la cima del campeonato argentino y de la Copa Sudamericana, ahora enfrenta la dificilísima misión de enfrentar a Francia en octavos de final. Tal como ocurrió en el Mundial de 1998. Pase lo que pase en ese partido, Paraguay podrá volver a casa con la frente en alto y no por la puerta de atrás, como ya lo hizo Uruguay, único equipo de Suramérica que no logró superar la primera fase, ni siquiera ganar aunque fuera un partido.

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