
Tanzania: la corona de África, el paraíso y los primeros humanos
El escritor y periodista Guillermo González Uribe, en una crónica exclusiva para CAMBIO, da una mirada sobre lugares especiales del África negra, que está estrechamente unida a Colombia por ser el segundo país con más población afrodescendiente de América Latina, después de Brasil. Se trata de un viaje que renueva, zarandea creencias y prejuicios, y abre caminos para acercarse a conocer más.
Hoy fue el quinto día. Hemos subido ya a 4.600 metros hacia la cima del Kilimanjaro (al decir de Ernest Hemingway, Ngàje Ngài o ‘La casa de Dios’), una de las siete cumbres del planeta, la montaña más alta de África, que ya está a sólo una jornada de camino. En cada trayecto, que se prolonga hasta por más de diez horas, recorremos entre cuatro y diecisiete kilómetros mientras consumimos tres litros de agua, tanto de las botellas como del ‘camel’ o bolsa que va en el morral.

Arrancamos en la ciudad de Moshi, Tanzania, a 600 metros de altitud, con 25 grados de temperatura, y ahora tendremos que ponernos tres capas de ropa para soportar temperaturas que están bajo los cero grados. Cada noche dormimos en carpas, en campamentos iluminados por millares de estrellas, en los que se entrecruzan múltiples idiomas como en una fraternal torre de Babel. La cuarta noche, al levantarme en medio del frío que hiela, miro el cielo y una estrella fugaz me lleva a sentir gratitud por la vida. Caminamos en fila india, casi siempre en silencio, contemplando el cambiante paisaje que va del bosque húmedo tropical –pasando por páramos donde vemos frailejones similares a los que se encuentran en Colombia¬– hasta las zonas altas en las que la vegetación es escasa, y siempre, desde diversos ángulos, observamos la majestuosa cima del Kilimanjaro, coronada de nieve, en una especie de meditación en movimiento, al tiempo que vamos encontrando rocas de variados colores y texturas. Sólo se escuchan por momentos pasos, respiraciones agitadas, el viento que silba o pasa huracanado, el canto de los pájaros o el sonido de la lluvia sobre los impermeables. Trepando la montaña recordé a ese grande de las escaladas en Colombia, el afable Juan Pablo Ruiz, fallecido hace poco, quien transitó por estos senderos.
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