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Los Lobos y los Choneros capturados
Agentes de seguridad en Guayaquil tras un operativo contra el crimen organizado, en medio de la creciente influencia de bandas como Los Lobos y Los Choneros. Crédito: Fuerzas Armadas de Ecuador.

¿Quiénes son Los Lobos y Los Choneros, las bandas que Estados Unidos declaró terroristas?

Estados Unidos designó a Los Lobos y Los Choneros como organizaciones terroristas. Ambas bandas simbolizan el auge del crimen organizado en Ecuador, con miles de integrantes, nexos con carteles mexicanos y un historial de violencia que ha transformado la seguridad en el país.

Por: Juan David Cano

La decisión de Washington de declarar a Los Lobos y Los Choneros como organizaciones terroristas, anunciada esta semana, supone un punto de inflexión en la cooperación en seguridad con Ecuador. Más allá de la medida, que abre la puerta a sanciones financieras, operaciones conjuntas y acciones de inteligencia, la atención se centra en dos grupos que desde hace años han marcado el pulso de la violencia en el país andino.

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Los Lobos: la escisión que se volvió dominante

Nacidos como una fractura interna de Los Choneros, Los Lobos se han consolidado en menos de una década como una de las organizaciones criminales más influyentes del país. Con una estructura flexible y una base estimada de unos 8.000 miembros, han extendido sus tentáculos a diversas provincias donde hoy disputan el control del microtráfico y las rutas de cocaína.

Los Lobos y Choneros
Los Choneros y Los Lobos han extendido su poder desde las cárceles hasta las calles, convirtiéndose en los principales actores de la violencia en Ecuador. Crédito: Policía de Ecuador

Su presencia comenzó en provincias serranas y selváticas del sur, pero pronto se expandió hacia Guayaquil, Quito y la Amazonía. Allí encontraron un terreno fértil para actividades como el narcotráfico, la extorsión y la minería ilegal de oro, donde cobran a los mineros clandestinos un impuesto de hasta 10 por ciento por operar en zonas bajo su control.

Su principal fuente de poder proviene de la alianza con el Cártel Jalisco Nueva Generación de México, para el cual brindan seguridad y logística en el movimiento de droga hacia Estados Unidos y Europa. A ello se suman actividades como la extorsión desde las cárceles y la minería ilegal de oro, donde imponen cobros a mineros clandestinos en provincias como Imbabura.

La banda también ha sido vinculada a episodios de violencia política. Diversos reportes los relacionan con el asesinato en agosto de 2023 del candidato presidencial Fernando Villavicencio, lo que reforzó su imagen de grupo con capacidad para desestabilizar incluso la vida institucional del país.

Los Choneros: la vieja guardia del crimen

Fundados en los años noventa en la ciudad de Chone, provincia de Manabí, Los Choneros se convirtieron en la primera megabanda de Ecuador. Sus inicios estuvieron ligados al narcotráfico marítimo, en coordinación con carteles colombianos que buscaban mover cocaína hacia México y Estados Unidos. Con el tiempo, tejieron vínculos con el cartel de Sinaloa y expandieron su control hacia el sistema penitenciario.

Su poder dentro de las cárceles fue clave: controlaron el microtráfico interno, organizaron secuestros y extorsiones, y consolidaron una maquinaria que, según estimaciones, generaba ingresos de hasta 120 millones de dólares anuales. En su momento más alto, contaban con entre 12.000 y 20.000 integrantes.

El liderazgo de José Adolfo Macías, alias “Fito”, reforzó su influencia, pero también desató choques sangrientos con Los Lobos. Su fuga de prisión a inicios de 2024 detonó una de las peores crisis de seguridad en la historia reciente de Ecuador, con motines, asesinatos y hasta la toma en vivo de un canal de televisión. Su captura en 2025 y posterior extradición a Estados Unidos marcó un golpe simbólico contra la organización.

Dos organizaciones bajo la lupa internacional

Aunque rivales, Los Lobos y Los Choneros representan dos caras del mismo fenómeno: el crecimiento de bandas locales en Ecuador que, al conectarse con carteles internacionales, adquirieron poder económico, militar y social. Ambas convirtieron las cárceles en centros de operaciones y extendieron sus tentáculos a actividades ilícitas que van desde el narcotráfico hasta la minería ilegal.

La decisión de Estados Unidos de catalogarlas como organizaciones terroristas refleja el alcance transnacional de su amenaza. También supone un espaldarazo a la estrategia de mano dura del presidente Daniel Noboa, quien ha pedido apoyo militar internacional para contener una violencia que ya se ha cobrado miles de vidas en los últimos cinco años.

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