Daniel Coronell
12 Febrero 2023

Daniel Coronell

LA ALEGRÍA DE APRENDER

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Eran las 4:30 de la madrugada del miércoles 21 de diciembre. Ese día me levanté temprano para revisar un texto pero no hay forma de ganarle a mi suegro. Él ya estaba en pie por lo menos media hora antes, se había preparado un café y estaba feliz leyendo un artículo médico en la mesita de la cocina mientras tomaba apuntes. Carlos Santiago y María Cecilia habían venido a visitarnos para la época de fiestas y la casa se llena de alegría con ellos. Casi nunca hacemos planes especiales pero charlar, compartir una comida o ver una película nos da mucha más felicidad si lo hacemos juntos.

Eso sí, no importa si es sábado, domingo o vacaciones; invariablemente Carlos Santiago empieza su día estudiando. Es médico neurólogo pero después de haber compartido unos cuantos viajes con él ya sé que sus lecturas no se limitan a su especialidad.  A veces cuenta, con entusiasmo de niño, que la autoridad de medicamentos de Estados Unidos acaba de aprobar una cápsula que vibra dentro del estómago y que puede ser milagrosa para tratar el estreñimiento. O se agarra con los poetas –que adora y recita de memoria– porque ponderan demasiado el corazón, que es una simple bomba, cuando los sentimientos y emociones realmente están en el sistema límbico.

Esa devoción por aprender algo nuevo cada día lo convirtió en un gran conversador. A veces salimos a caminar y puedo pasar horas oyéndolo hablar de música, de historia o del funcionamiento de las glándulas. Con el mismo conocimiento y simpatía cuenta las circunstancias del nacimiento de un bolero o explica las leyes de la física que mantienen en movimiento el cuerpo humano.

Desde luego hay algo de gusto por saber en esa sed de lectura y actualización, pero percibo otro propósito quizás más noble y profundo, más sintonizado con su profesión de médico y su vocación de educador. Él sabe que en ese conocimiento puede estar la clave para salvar una vida o hacerla mejor y también para enseñar a los que vienen.

Con él aprendí el alcance de la expresión “ojo clínico”. Raquel, nuestra hija, tenía 16 años y un buen día le apareció en la nariz una minúscula mancha del tamaño de una cabeza de alfiler. Tata le tomó una foto y se la mandó a él para ver si valía la pena pedir una cita al dermatólogo. La respuesta de Carlos Santiago nos alertó y nos puso en el camino correcto.

–Pidan cita ya donde un hematólogo. Necesita que le hagan urgente un examen completo de sangre.

Gracias a su ojo, entrenado por décadas, la primera leucemia de nuestra hija fue diagnosticada y tratada a tiempo.

No importa si está en cine, en una comida o recorriendo un museo, la llamada o el mensaje de texto de un paciente siempre han sido su prioridad. Pregunta, con agilidad de curtido entrevistador, para recetar o para cerciorarse de que la persona esté siguiendo el tratamiento. Agota en cada caso las posibilidades de la ciencia para encontrar el mejor camino para curar o al menos aliviar. 

Y también dolorosamente sabe que hay ocasiones en las que no hay nada más que hacer. Entonces lo comunica con cariño y consideración al paciente y a su familia, para hacer que el tiempo que quede sea lo más grato posible. 

Podría escribir tantas cosas sobre Carlos Santiago Uribe que no cabrían en una columna pero hoy quiero resaltar algo que le pasó este jueves. 

Toda su vida ha sido profesor, muchos neurólogos han estudiado en los libros escritos por él, centenares han asistido a sus clases y millares a sus conferencias en Colombia y en el exterior. Por su labor ha recibido importantes reconocimientos. Sin embargo, creo que el de este jueves es uno de los más significativos por provenir de sus alumnos.

Cada mañana, los especialistas y residentes realizan la ronda, es decir, la evaluación del estado de los pacientes hospitalizados. Cuando Carlos Santiago llegó para empezar el recorrido, los muchachos lo esperaban con un trofeo y muchas sonrisas. Le tomaron una foto y la publicaron en Instagram:

“Hoy queremos dedicar este post al maestro de maestros Dr. Carlos Santiago Uribe pionero de la Neurología en el departamento y fundador del programa de Neurología de la Universidad de Antioquia. Quienes lo conocen saben de su bondad, humildad y amor por sus pacientes, colegas y estudiantes. Infinitas gracias por enseñarnos a amar este arte”.

DC

En la plenitud de sus 88 años, Carlos Santiago Uribe sabe que aún tiene muchísimas cosas por aprender y por enseñar.
 


 

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