
La historia del ecólogo que revolucionó el cuidado de las zonas verdes de Bogotá
El esfuerzo del ecólogo Juan Caicedo, creador del Grupo Ecomunitario, es un ejemplo feliz y esperanzador sobre el impacto de iniciativas comunitarias en las políticas públicas que velan por la biodiversidad en Bogotá.
Un plaguicida mundialmente conocido –y prohibido– por matar de forma masiva aves, abejas, mariposas e insectos. Un veneno para ratas probadamente malsano para la conservación básica de la fauna, letal para gavilanes y aves, y de alto riesgo para las mascotas. Un diseño paisajístico obsoleto y obtuso que en vez de fomentar la biodiversidad y la resiliencia de las zonas verdes y los suelos protegidos, respondía testarudamente a la cantidad de árboles sembrados, sin ciencia ni creatividad y sin ninguna consideración de la biodiversidad presente y potencial. Guías generales y desactualizadas sobre las aves y el arbolado de Bogotá. Administraciones distritales, una tras otra, abordando con desdén la Estructura Ecológica de la gran metrópoli del país más biodiverso por metro cuadrado de la tierra.
Ese fue el panorama con el que se encontró Juan Caicedo, ecólogo nacido en California, pero de padres colombianos, cuando decidió mudarse a un edificio adyacente al parque El Virrey para transformar, junto a su esposa, una de las zonas verdes urbanas más importantes de la capital.
Su historia es un llamado a la acción ciudadana para cuidar el hábitat que nos sostiene y nos circunda. Un ejemplo de proactividad y pertenencia que da cuenta, con elocuencia y resultados, de que las iniciativas comunitarias sí pueden tener un impacto transformador en las políticas públicas de las cuales depende que en el mediano y largo plazo Bogotá sea, o no, una ciudad habitable.
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