Camila Zuluaga
18 Marzo 2022 06:03 am

Camila Zuluaga

Hacia un nuevo contrato social

Es alentador ver cómo ya en medio de la contienda electoral, el país está discutiendo verdaderas propuestas de los candidatos y no los chismes de las coaliciones. El tema esta semana lo puso sobre la mesa el senador Gustavo Petro al plantear cuál sería su reforma pensional. Voces a favor y en contra empezaron a alimentar la discusión con muchas mentiras de lado y lado.

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Es evidente que Colombia necesita una reforma pensional, eso lo sabemos desde hace mucho, pues son miles los ciudadanos que con el sistema actual no se pensionarán jamás. La pregunta es: ¿cuál es la mejor reforma para el país? No hay una respuesta única, como en cualquier debate de economía política no hay verdades absolutas sino formas de ver el mundo. Por eso, en su visión de lo que debería ser Colombia, Petro plantea la nacionalización de las pensiones para con ese dinero otorgarle un bono mensual de 500.000 pesos a miles de adultos mayores de estratos bajos que no cuentan con una pensión. 

Eso no necesariamente implica robarle la plata a las personas que hoy están ahorrando en fondos privados. Los colombianos solo podemos acceder a ese dinero cuando nos jubilemos, por lo tanto, esa plata a la fecha no es nuestra.  Realmente, es una promesa de pagarnos a futuro lo que vamos ahorrando con algunos rendimientos. Eso no es muy distinto de la propuesta de Petro, pues la suya también es una promesa de pagar en el futuro el dinero que se nos quita hoy. A nadie se le está diciendo que no se le va a pagar una pensión. La verdadera diferencia es si se cree que el sector privado va a cumplir mejor la promesa que el sector público.  

Si se piensa que el sector privado cumple mejor esa promesa, no se entiende cómo más de uno que hoy está participando en el debate publico dando gritos defendiendo los fondos privados, se pasó a Colpensiones en el último momento para recibir una mesada mayor. Esos que hoy aterrados salen a atacar una propuesta, que no digo que sea buena, decidieron hacerle la jugadita al sistema para que el resto de los colombianos los financien. Eso es lo verdaderamente aberrante de la legislación actual y que Petro no toca en su propuesta: la desigualdad que se genera al tener la posibilidad de hacer la transferencia de un sistema a otro por parte de aquellos que se ganan altos salarios y que terminamos subsidiando todos, pero principalmente la clase media -como siempre-.  

El problema real con la propuesta de Petro es que no es sostenible a largo plazo. En Colombia, como en muchas otras naciones, la pirámide poblacional se está invirtiendo. Es decir, cada vez hay más viejos que jóvenes. Más personas recibiendo pensiones y menos pagándolas.  En el sistema de solidaridad intergeneracional que se plantea, la balanza quedará demasiado cargada en solo unos pocos. En esos millones de jóvenes que hoy quieren votar por Petro y que tendrán que pagar más impuestos para poder sostener el gasto adicional del Estado por cuenta de esa reforma. 

El problema real con la propuesta de Petro es que no es sostenible a largo plazo.

La plata con la cual se mantendrá el sistema propuesto por el candidato supondrá no poder gastar en otras necesidades como educación, salud e infraestructura, puesto que un porcentaje importante de la nación deberá ser destinado a mantener el sistema nacional de pensiones. 

No intento decir cuál es la visión más acertada, solo intento mostrar algunos elementos de un debate en donde las partes ocultan las cosas no tan positivas de sus propuestas. En medio de esta discusión lo que realmente debemos decidir los votantes es: ¿Queremos considerar las pensiones un impuesto? ¿Creemos que del erario debe salir cada vez más plata para sostener a los adultos mayores? O ¿Pensamos que cada cual debería tener su ahorro y gestionar su pensión? ¿Y que no se le debería cargar a los jóvenes del futuro el costo que implica mantenernos a nosotros cuando estemos viejos? 

Aunque la pregunta de fondo que deja toda esta discusión y va mucho más allá del sistema pensional es: ¿Cuál es el contrato social que queremos tener? Petro ha dejado claro cuál es el suyo. Ahora a nosotros los votantes nos toca tener claro cuál es el nuestro.  

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