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Maurice Armitage
Puntos de vista

La tarea más importante

Este domingo, al finalizar la tarde, sabremos quién será el próximo presidente. Gane quien gane, los colombianos tendremos que poner mucho de nuestra parte para calmar el ambiente de polarización política que hemos vivido en los últimos meses. Nuestro país debe estar por encima de todo. Al fin y al cabo, los líderes pasan y las instituciones permanecen. Pero esto no quiere decir que los candidatos que están disputando la Presidencia puedan pasar de agache.

Ambos tienen la enorme responsabilidad de no arrojarle más leña al fuego.

Es que el panorama que hay por delante no es fácil. Colombia está tan dividida que las amistades, los lazos familiares y hasta las relaciones laborales se han visto afectadas. La situación es tan álgida, que algo tan personal e íntimo como el derecho a elegir se ha convertido en un factor de alto riesgo; cualquiera que sea la decisión, ahora es motivo de escarnio público. Tal como lo escribí hace un mes, el voto hace parte de la integridad del ser humano, y como tal es sagrado e inalienable. Por esa misma razón tampoco entiendo a quienes piden tomar una postura.

Casi 24.000.000 de colombianos votamos en la primera vuelta. Es factible que este domingo ese número se incremente y terminemos votando 25.000.000 o más, una cantidad nunca antes vista que demuestra que nuestro país está madurando políticamente, pues le está dando más importancia a salir a votar. Según las últimas encuestas, el que gane lo hará por un estrecho margen. De manera que aunque más de la mitad elegirá al nuevo presidente, eso no quiere decir que la otra parte no valga. Ambas tendrán la misma legitimidad de expresarse y ser tenidas en cuenta por el próximo presidente, incluyendo a quienes voten en blanco y se abstengan de hacerlo.

Lo importante entonces es votar en libertad y luego esperar con serenidad el resultado final. Ahí el ganador debe tener la humildad de dirigirse al país con un discurso respetuoso y conciliador que sirva para empezar a unir a la gente, porque su obligación será gobernar para todos los colombianos; y el perdedor debe tener la altura y la hidalguía de aceptar la derrota para no fomentar más la división.

Siempre he creído que nadie se lanza a un cargo de elección popular para gobernar mal. Y mucho menos si ese cargo es el de presidente de la República. Todos, ya sea por amor a Colombia, por convicción a unos ideales o hasta por vanidad, quieren hacerlo de la mejor manera posible. En ese sentido, prefiero creer en su buena voluntad de hacer las cosas bien.

Posiblemente el lunes 22 de junio el país seguirá dividido. Pero también es cierto que dependerá de nosotros no fracturarlo más. Por eso tendremos que moderarnos, dejar a un lado nuestras diferencias y trabajar en entendernos los unos con los otros para propiciar una reconciliación verdadera que nos permita pensar en un futuro mejor.
 

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