
Y a mí me tocó contarle al mundo la farsa de Pablo Escobar
En exclusiva para CAMBIO, Luis Alirio Calle, el único periodista que viajó con Escobar en el helicóptero que lo llevó a su entrega en la cárcel La Catedral, cuenta el detrás de cámaras de ese capítulo oscuro de nuestra historia.
Por: Luis Alirio Calle
Un poco antes del último sol del miércoles diecinueve de junio de 1991, Pablo Escobar Gaviria le dijo al mundo la que tal vez fue su mentira más grande: que él se rendía ese día ante la justicia de Colombia.
Y lo hizo con estas palabras: “A siete años de persecución, de atropellos y de luchas, deseo sumarle todos los años de cárcel que sean necesarios para contribuir a la paz de mi familia, a la paz de Colombia, al fortalecimiento del respeto por los derechos humanos, del poder civil y de la democracia de mi querida patria colombiana”.
Eran cerca de las seis de la tarde cuando estábamos, él y yo, encerrados en la que sería su celda en la cárcel La Catedral del municipio de Envigado, a unos doce kilómetros al suroriente de Medellín, revisando y grabando el audio del comunicado personal con el que se entregó a las autoridades judiciales colombianas. Había llegado hacía al menos una hora en un helicóptero de color amarillo ocre de propiedad de lo que entonces se llamaba Programa Aéreo de Salud de la Gobernación de Antioquia, departamento situado en la esquina noroccidental de Colombia.
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