
Así se tomó el M-19 el Palacio de Justicia en 1985
El 6 de noviembre, el M-19 se tomó las instalaciones del emblemático edificio que reunía el poder judicial del país. Unas 100 personas murieron, entre ellas el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Alfonso Reyes Echandía. Esta es la historia.
Por: Redacción Cambio
El 6 de noviembre de 1985, a las once de la mañana, dos camiones que transportaban 30 guerrilleros del M-19 llegaron a la puerta del parqueadero del Palacio de Justicia. Los subversivos esperaban la señal para comenzar la operación. Cuando la recibieron, los vehículos intentaron ingresar de forma violenta por la puerta lateral. Uno de los camiones no logró entrar; el otro sí lo hizo. Así comenzaba la operación para tomarse los cuatro pisos del Palacio de Justicia.
El primer obstáculo fue el celador, que armado con una escopeta, intentó detenerlos en vano. Su cuerpo, baleado, quedó tendido a la entrada del parqueadero. Con premura, los guerrilleros empezaron a tomar, piso por piso, todo el edificio, que concentraba el poder judicial del país.

Al advertir las dimensiones de la toma, los integrantes del Batallón Guardia Presidencial, la unidad militar más cercana, intentaron repeler el ataque armados con fusiles Fal. En el interior del palacio, por su parte, los guerrilleros se ubicaron en los puntos de mayor visibilidad hacia el exterior para repeler el ataque. Así, empezaban 28 horas de terror que configuran la toma más sangrienta en la historia de Bogotá.
El palacio en llamas
Pronto, los medios de comunicación empezaron a cubrir la noticia. Dentro del palacio, quienes permanecían secuestrados narraron en vivo la toma del M-19. Oficina por oficina, los guerrilleros, al mando de Andrés Amarales, tomaron por completo el control del edificio. Una de las voces que clamaba que cesaran las balas era del entonces presidente de la Corte Suprema de Justicia, Alfonso Reyes Echandía: “Que cese el fuego en el Palacio de Justicia” rogaba el magistrado: “¡No disparen, por favor, somos rehenes, soy el presidente de la Corte!”.
Mientras tanto, en la Casa de Nariño, el entonces presidente, Belisario Betancur, convocó a un consejo extraordinario de ministros, entre los que se contaban Enrique Parejo González, ministro de Justicia; Jaime Castro, ministro de Gobierno, y Noemí Sanín, ministra de Comunicaciones.
En esa reunión, se tomaron varias medidas: la retoma del Palacio de Justicia por parte de las Fuerzas Militares y transmitir el partido de fútbol entre Millonarios y Unión Magdalena en los únicos dos canales de televisión que existían, algo extraordinario para la época.

Con el paso de las horas, la situación empeoró. El cruce de disparos y los cañonazos de los tanques Urutú inundaban las carreras Séptima y octava de Bogotá. En medio de estos enfrentamientos, el entonces comandante del Batallón de Caballería del Ejército, coronel Alfonso Plazas Vega, respondió a un cuestionamiento con una frase que pasó a la historia: “Aquí defendiendo la democracia, maestro”.
La Plaza de Bolívar se convirtió en un campo de guerra. A las once de la noche el Palacio de Justicia estaba en llamas. La pregunta de los colombianos era la misma: “Qué había pasado con los secuestrados?”.
La magnitud de la toma
Solo hasta el otro día, el 7 de noviembre, a las cuatro de la tarde., los militares lograron tomar el control del edificio. Cuando entraron, vieron cuerpos incinerados yacían sobre el piso. Conforme avanzaban se percataban del magnicidio que acababa de ocurrir. El cuerpo del magistrado fue encontrado en su oficina, con un tiro de gracia en la sien.

La toma del Palacio de Justicia dejó un saldo de cerca de 100 personas muertas, entre guerrilleros, policías, militares y magistrados. Cuarenta años después de la toma, los familiares de las víctimas siguen exigiendo justicia. Los cuerpos de quienes trabajan en la cafetería aún no han aparecido.
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