
Desapariciones y asesinatos de jóvenes, el drama que silencia a Cartago
Las desapariciones de jóvenes se han vuelto parte de la tragedia de las familias en Cartago, Valle del Cauca. Es tan grave la situación que algunos líderes hablan de un "juvenicidio" por parte de los bandas criminales.
De las 102 personas desaparecidas entre 2019 y 2024 en el municipio, 52 son menores de 28 años. CAMBIO estuvo en Cartago, habló con cuatro familias de las víctimas y recorrió La Laguna, un lugar que, según denuncian, podría ser una fosa común.
Por: Rainiero Patiño M.
Cuando vio la curvatura de la cadera y la figura estilizada de la espalda, Juan Pablo Santiago supo que el torso desmembrado que estaba en el agua era el de su hija Daniela. Por encima del dolor y de lo aterrador del momento, y después de pasar largas horas sumergido hasta el pecho, el padre tuvo la fuerza para ayudar a sacarlo. Estaba atado con alambre a una piedra de 30 kilos y había estado anclado con una estaca al lecho de La Laguna, un cuerpo de agua en una zona rural de Cartago, en donde, según las familias de jóvenes desaparecidos, podría haber muchos más cuerpos. Un sitio que algunas víctimas creen que puede ser una fosa común de la que las autoridades locales prefieren no hablar.
Solo entre 2019 y 2024, 102 personas fueron desaparecidas en Cartago, según Medicina Legal. Las cifras reales, sin embargo, pueden ser mucho mayores. La difícil situación de violencia de esta ciudad pequeña del norte del Valle del Cauca obliga a muchas familias de víctimas a callar para evitar retaliaciones de las bandas delincuenciales que mandan en el territorio. Pero las familias buscadoras cuentan la ausencia de sus hijos con la certeza de quien va sumando dolor, no con la frialdad de los que tabulan cifras.
“Mi hija era muy linda, aquí atrás era caderona y yo cuando vi el cuerpo supe que era ella, porque se veía hasta lindo así partido en dos”, cuenta con más detalle Santiago. Daniela desapareció junto a su novio Nicolás Aristizábal, ambos de 17 años, el 3 de junio de 2023. Durante dos meses y diez días, las familias no tuvieron pistas de su paradero. Pero el 13 de agosto, una llamada de un número privado, alertó a Juan Pablo Santiago sobre un cuerpo en La Laguna. A las 8 de la noche llegó al lugar y durante dos horas lo inspeccionó con un sobrino. Cuando ya se habían dado por vencidos, vio flotar partes de las piernas de Daniela.
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