
Alberto Ospina: los secretos del creador de Colciencias para vivir más de cien años
Alberto Ospina ya vivió más de un siglo. Tiene una lucidez envidiable y sigue asistiendo a sus clubes de lectura y apreciación musical. CAMBIO fue hasta su casa para iluminar a los lectores con sus perspectivas sobre la inteligencia, la estupidez y la confianza en que la ciencia, todavía, puede alumbrar el sendero de la humanidad.
De niño y adolescente, Alberto Ospina recogía café con su papá en Titiribí, Antioquia. El matrimonio Ospina Taborda y sus cinco hijos vivían al día, en el filo de la pobreza, como la mayoría de familias campesinas en la Colombia de principios del siglo XX. Más de 80 años después de dejar su pueblo, recibió a CAMBIO en un apartamento sobrio, elegante y espacioso en el exclusivo barrio de La Cabrera, en Bogotá. El niño que recogía café se convirtió en el creador de Colciencias, fundó varias empresas, fue uno de los primeros ingenieros electrónicos del país y le dio la vuelta al mundo en su papel de abanderado de la ciencia como motor esencial para el desarrollo de los países pobres.
–¿Qué lecciones le dejó la carencia? ¿Cómo lo marcaron esos días austeros de pancoger y cosechar café?
–Lo fundamental que aprendí en mi casa, en la infancia, fue a perseverar. A no desfallecer y a poner en práctica que los obstáculos no son nunca el fin del mundo. De mi papá aprendí a vivir en búsqueda de algo, con un propósito, que hoy sé con certeza que es indispensable para llevar una buena vida.
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