
El Hércules colombiano: la historia y los detalles del tipo de avión que cayó en Leguízamo
El C-130H FAC 1016 que se accidentó este 23 de marzo en Putumayo es parte de una flota de varias aeronaves con más de cinco décadas de historia en Colombia. Fabricado por Lockheed Martin, puede cargar 33 toneladas, transportar decenas de soldados y volar nueve horas sin escalas.
Por: Juan David Cano
Cuando en las Fuerzas Militares se necesita mover tropas a una selva remota, llevar carga pesada a una zona sin carretera o reaccionar ante un desastre natural, la respuesta casi siempre ha sido la misma desde 1968: el Hércules. El C-130H de matrícula FAC 1016 que se estrelló minutos después de despegar en Puerto Leguízamo, Putumayo, este lunes 23 de marzo, es una de esas aeronaves.
Hércules: un gigante de cuatro motores
El C-130 Hércules es un avión de transporte táctico medio-pesado fabricado en Estados Unidos por Lockheed Martin desde mediados de los años cincuenta. Su diseño nació por exigencia de la Fuerza Aérea de Estados Unidos tras la Guerra de Corea, que dejó en evidencia que los transportes de la Segunda Guerra Mundial eran insuficientes para el combate moderno. El primer prototipo voló en 1954 y desde entonces no ha dejado de producirse, convirtiéndose en uno de los pocos aviones militares en más de 50 años de fabricación continua.

La versión H, la que opera Colombia en su flota activa, está propulsada por cuatro motores turbohélice Allison T56A-15 y alcanza una velocidad máxima de 592 kilómetros por hora. Su alcance llega a los 3.800 kilómetros y puede volar hasta nueve horas seguidas, o doce con tanques externos. Sube hasta los 33.000 pies, más de 10.000 metros de altura, y su techo de carga útil es de 33.000 kilogramos, con un peso máximo de despegue de 70.300 kilogramos.
En términos operativos, cada aeronave puede transportar más de 100 hombres armados y equipados, decenas de paracaidistas y varias camillas. Sus misiones incluyen búsqueda y rescate, reabastecimiento de combustible en tierra, infiltración y exfiltración de tropas, y lanzamientos aéreos de carga.
Para operarla se requieren entre tres y cinco personas, dependiendo de las necesidades: un piloto, un copiloto, un navegante, un ingeniero de vuelo y dos maestros de carga. Además, no lleva armamento.
Una relación de más de 55 años
Colombia fue de los primeros países latinoamericanos en incorporar el Hércules a su fuerza aérea. Los dos primeros, los FAC 1001 y 1002, comenzaron a operar en febrero de 1968 asignados al Comando Aéreo de Transporte Militar CATAM en Bogotá. Poco después llegó el FAC 1003. En 1984 se sumaron dos unidades de la versión H, los FAC 1004 y 1005. y en 1987, con apoyo estadounidense, se adquirieron ocho C-130B adicionales, llevando la flota a un total histórico de 13 aeronaves.
Pero la historia operativa de estos aviones no ha estado exenta de tragedias. El FAC 1002 se accidentó en 1969 al aterrizar en los Llanos Orientales, cerca de la Sierra de la Macarena, sin víctimas. En octubre de 1982, el FAC 1003 se estrelló en el Atlántico frente a las costas de New Jersey cuando regresaba de Israel, con el saldo de siete muertos entre tripulantes y pasajeros. En 1991, el FAC 1007 sufrió un percance al aterrizar en Ocaña, también sin víctimas.
A pesar de esto, los Hércules han sido protagonistas en eventos como la tragedia de Armero en 1985, el terremoto del Eje Cafetero en 1999 y múltiples operaciones de asistencia humanitaria en el exterior. Además, en 2011 se recuperó su capacidad operativa.

La flota de los C-130 hoy
Actualmente, la flota activa de C-130 Hércules de la Fuerza Aérea Colombiana quedó compuesta por 12 aviones, si se elimina el FAC 1016, que se accidentó este lunes.
El FAC 1016 tiene una historia particular. Fue recibido en 2020, cuando el presidente Iván Duque encabezó la ceremonia de entrega de esta aeronave donada por la Fuerza Aérea de Estados Unidos como parte del programa de excedentes militares EDA. Era la primera de tres unidades ofrecidas bajo ese convenio. Las otras dos, los FAC 1017 y 1018, llegaron en 2021.
Las tres aeronaves fueron adquiridas a través del programa de EDA con un valor conjunto de 30 millones de dólares en las condiciones en que se encontraban al momento de la venta. Los FAC 1017 y 1018 cuentan además con dispensadores de bengalas y sistemas chaff, siendo las únicas de la flota con estos dispositivos de autoprotección.
Un mantenimiento que Colombia hace en casa
Antes de entrar en operación, el FAC 1016 pasó por un proceso de mantenimiento mayor conocido como PDM (Programmed Depot Maintenance) realizado en Colombia. La Fuerza Aérea contrató con la Corporación de la Industria Aeronáutica Colombiana (CIAC) este proceso por un valor aproximado de 2,46 millones de dólares.

El PDM es una intervención profunda que se realiza cada seis años por aeronave. Consiste en el desmonte completo de la estructura, alas, estabilizadores, motores, tren de aterrizaje, hasta dejar solo el fuselaje, para luego inspeccionar, reparar e instalar todos los componentes. También incluye modernización de cabina con reemplazo de instrumentos analógicos por pantallas digitales EFIS, y actualización de sistemas de comunicación y navegación.
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