
Las contradicciones educativas de la Patria milagro
¿Qué valores, qué ciudadanía y qué visión del futuro transmitirán las aulas colombianas? El proyecto educativo de la nueva ministra abre interrogantes que van más allá de la calidad académica. Análisis de la politóloga Maria Fernanda González Binetti
Viviane Morales, nueva ministra de Educación del gobierno de Abelardo de la Espriella, ha asegurado en múltiples entrevistas que sus acciones se orientarán principalmente a subsanar las deficiencias en la calidad de la enseñanza pública. Si bien Colombia ha logrado importantes avances en materia de cobertura de la educación básica, media y superior, el gran desafío sigue siendo la calidad, ha dicho.
En efecto, las pruebas PISA, evaluaciones realizadas por la OCDE para medir los conocimientos y las competencias de los estudiantes de 15 años, muestran que los jóvenes colombianos tienen dificultades en las áreas de matemáticas, lectura y ciencias. Por lo tanto, según afirma la nueva ministra, su labor consistirá en mejorar la calidad de la educación y la formación docente, así como en dar mayor énfasis a la educación técnica, con el propósito de facilitar la incorporación de las nuevas generaciones a un mercado laboral cambiante y promover determinados valores.
El proyecto educativo de la nueva ministra choca con la realidad ideológica del nuevo gobierno. Si bien las propuestas de dicha cartera son bienvenidas, existen múltiples contradicciones que saltan a la vista. La primera contradicción, se encuentra en el ámbito del cambio climático. No es posible educar a las nuevas generaciones sin ofrecerles una visión concreta de los grandes desafíos relacionados con la sostenibilidad del planeta.
Después de la pandemia, el mundo se ha visto afectado por las consecuencias del fenómeno de El Niño: altas temperaturas en los países del norte, así como inundaciones y sequías en los del sur. ¿Cuál será la educación que recibirán las nuevas generaciones colombianas frente a esta problemática? Esta pregunta resulta especialmente pertinente si se tiene en cuenta que De la Espriella es un fiel seguidor del presidente Donald Trump, quien retiró a Estados Unidos del Acuerdo de París.
Otra contradicción se encuentra en los contenidos de los valores promovidos por el proyecto denominado «La Patria Milagro». La nueva ministra, exembajadora en Francia, seguramente conoce cómo se fundó el sistema educativo francés en 1881, cuando nació la escuela pública, laica, gratuita y obligatoria en el país galo. Esta escuela surgió en el contexto de un enfrentamiento entre la Iglesia y los republicanos.
Fue mediante una nueva asignatura, la instrucción cívica y moral, que se eliminó la religión y se propuso como estandarte formar a los nuevos ciudadanos. Esta pretendía instruir a los estudiantes sobre los valores de la patria y aquellos defendidos durante la Revolución francesa: libertad, igualdad y fraternidad.
Otros ejes: fomentar el amor por el país, fortalecer el conocimiento de sus instituciones y promover la defensa de la nación. A partir de ese momento, la razón se convirtió en el referente escolar por excelencia.
La nueva ministra habla de valores de la patria. ¿Serán valores republicanos como en el Estado francés donde la laicidad es el corazón del pacto republicano? Es decir, donde existe libertad de conciencia, igualdad de tratamiento de las diferentes religiones y primacía de las leyes sobre los dogmas religiosos.
¿Serán esos los valores que se reflejarán en su ministerio o, por el contrario, se seguirá el ejemplo de Donald Trump, quien ha hecho convivir religión y política con el propósito de obtener apoyo y legitimidad para un proyecto autoritario y alejado de los propios valores religiosos?
En el marco de los desafíos del nuevo siglo, las últimas tres encíclicas nos permiten también ahondar en los retos del nuevo gobierno en materia educativa. Las encíclicas del papa Francisco: Laudato si’ y Fratelli tutti podrían inspirar a la ministra de confesión evangélica, y afrontar de una mejor manera la complejidad entre sus buenas intenciones y la realidad de un gobierno que se ufana de seguir el esquema de Trump.
En Laudato si’, el papa Francisco denuncia las derivas de un modelo capitalista basado en la explotación ilimitada de los recursos naturales. Asimismo, formula una crítica al paradigma tecnocrático y propone una educación ambiental que no se limite a informar a las nuevas generaciones, sino que también contribuya a sensibilizarlas, de modo que comprendan su responsabilidad y su capacidad de aportar soluciones frente a los desafíos ambientales. ¿Cuál será la postura de la nueva política educativa?
El panorama planteado en Fratelli tutti es aún más desalentador. Francisco denuncia las profundas desigualdades, el aumento de las violaciones de los derechos humanos, el auge de los populismos y la expansión de los discursos de odio. La ministra conocedora del evangelio debe estar familiarizada con los mensajes de Francisco en Fratelli tutti: «Si un extranjero reside con ustedes en su país, no lo maltratarán. El extranjero que reside con ustedes será para ustedes como un compatriota, y lo amarás como a ti mismo, porque ustedes fueron extranjeros en la tierra de Egipto». Vale la pena preguntarse si esos serán los valores reflejados en su ministerio o más bien seguirán las políticas migratorias de Donald Trump, quien ha enviado a miles de inmigrantes de regreso a sus países de origen en condiciones degradantes. ¿Qué posición adoptará su ministerio frente a la educación para la fraternidad?
Frente al desafío de la inteligencia artificial y a los planteamientos de la encíclica Magnifica humanitas del papa León XIV, queda claro que la verdadera educación será aquella que logre preservar y dignificar lo humano.
Las grandes preguntas pedagógicas pasan hoy por la necesidad de acompañar y proteger a los estudiantes en un mundo incierto y profundamente condicionado por la tecnología. En este contexto, las competencias psicosociales, como la empatía, la cooperación y la capacidad de relacionarse con los demás, adquieren una importancia cada vez mayor para la formación ciudadana.
Más allá de las encíclicas papales, un último documento podría ser de utilidad para la cartera de educación. Es el más reciente informe de la Unesco, publicado en 2021 y basado en una consulta realizada a más de un millón de personas, entre expertos, profesores, padres y estudiantes del mundo, sobre los desafíos de la educación del futuro.
Los retos que se ciernen a nivel mundial se inscriben en una pedagogía basada en la cooperación y la solidaridad; en la educación a los jóvenes para el bien común; y en el hecho de reconocer que el conocimiento no debe construirse únicamente a partir de los saberes de los países del norte, sino también de las experiencias, perspectivas y aportes de los países del sur.
La paz, los desafíos ecológicos, la inclusión, el reconocimiento de los pueblos indígenas y el respeto por la diversidad, son tan solo algunos de los grandes frentes de la educación del futuro. Aparentemente son temas muy alejados de la visión con la que De la Espriella elaboró su campaña y se presentó como una suerte de «Trump colombiano». Los milagros habría que dejarlos a la Santa Sede, y más bien optar por los hechos para fortalecer la Patria colombiana.
*Maitre de Conférences, Institut Catholique de Paris
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