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Javier Giraldo: una vida por los derechos humanos
Javier Giraldo era una figura menuda, de hablar suave y pausado, pero su espíritu y su compromiso fueron enormes. | Foto: Colprensa
País

Javier Giraldo: una vida por los derechos humanos

El padre Javier Giraldo Moreno, referente de la defensa de los derechos humanos en Colombia, murió el 25 de agosto a los 82 años. Luis Eduardo Celis recuerda su trayectoria y su lucha contra la impunidad.

Por: Luis Eduardo Celis

Javier Giraldo Moreno, sacerdote jesuita, comprometido con la vida y la dignidad humana, ha partido. Le recordamos con alegría y profundo respeto por todo lo que ha sido un trasegar por la vigencia de los derechos humanos, por el cambio social, por una Colombia en paz.

En 1965, cuando Javier Giraldo contaba con veintiún años y empezaba como voluntario en un hospital en Medellín, vio un tumulto alrededor de Camilo Torres Restrepo. Médicos, enfermeras y pacientes querían saludarlo. Al escucharlo dijo: “Las palabras de Camilo tocaron mi alma”.

Javier Giraldo, desde su compromiso cristiano, siempre se sintió hermanado y comprometido con la vida, los mensajes y enseñanzas del padre Camilo Torres Restrepo.

Su vida de compromiso con el cambio social y la dignidad humana lo hermanó con la teología de la liberación y su fundamento de amor eficaz y la opción preferencial por los pobres.

Ordenado como sacerdote de la Compañía de Jesús, se esmeró en su formación intelectual y teológica, siempre pensando en cómo ser más efectivo en su compromiso sacerdotal y comunitario.

En los años setenta se vinculó al equipo del Cinep, una de las “obras” de la Compañía de Jesús, y vivió esta intensa década entre el mundo popular urbano y las luchas sociales del campesinado.

En marzo de 1982 desaparecieron trece jóvenes en Bogotá. Eran en su mayoría estudiantes de universidades públicas y militantes o simpatizantes de partidos de izquierda. Fueron torturados, asesinados y desaparecidos por agentes del F-2, una estructura de inteligencia de la Policía Nacional de los años 80. 

Las trece familias, que no se conocían entre sí, buscaban en su angustia a sus seres queridos por separado. El padre Javier venía de Francia, donde acompañaba a familias de desaparecidos de Argentina, Chile y Brasil. Recogió recortes de periódico, buscó los datos de las trece familias y fue a visitarlas casa por casa.

Las convocó para que buscaran respuestas juntas. Replicó la experiencia de las Madres de Plaza de Mayo de Argentina.  Con él organizaron las ‘Marchas de los claveles blancos’ cada jueves a mediodía en Bogotá y ese fue el origen de la Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos, Asfaddes.

En los años ochenta, el padre Javier Giraldo lideró la conformación de la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz, como un espacio comprometido con la defensa y promoción de los derechos humanos y con el acompañamiento a comunidades atropelladas por la violencia.

Igualmente, el padre Javier fue el líder del Banco de Derechos Humanos del Cinep, donde, de manera perseverante, se ha documentado la amplia barbarie sufrida en la sociedad colombiana.

Javier Giraldo fue portaestandarte de una actitud serena y firme contra la impunidad; denunció con valor y tranquilidad a quienes cometieron atropellos y crímenes, y en un momento de su vida dejó de creer en las instituciones de justicia y se declaró en abierta desobediencia civil. Dijo con perfecta claridad que lo que existía en Colombia era un extendido sistema de impunidad, y no le faltó razón.

Son múltiples las comunidades y organizaciones sociales que contaron con el acompañamiento del padre Javier Giraldo, entre estas la Comunidad de Paz de San José de Apartadó, que ha sufrido de mil violencias y atropellos.

Javier Giraldo era una figura menuda, de hablar suave y pausado, pero su espíritu y su compromiso fueron enormes. Siempre lo  acompañaron el afecto, el cariño y el respeto de quienes tuvimos la fortuna de compartir vida con él.

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