
Los soldados rescatistas: los héroes anónimos detrás de la búsqueda de vida tras el terremoto
Treinta uniformados hacen parte del pelotón especial del Comando de Ingenieros del Ejército que no ha parado de realizar operaciones en diferentes puntos de Cali, con el objetivo de encontrar sobrevivientes entre los escombros.
Por: Javier Patiño C
La mañana del lunes 10 de agosto, el país sintió cómo la tierra se movió, dejando una estela de muerte y destrucción en varias ciudades y municipios, con graves daños en infraestructura y pérdidas humanas.
Entre el ruido de los cristales rotos y las grietas, los ciudadanos comenzaron a pedir ayuda en una lucha contra el tiempo para encontrar a cientos de personas que quedaron atrapadas bajo los escombros.
A cientosde kilómetros, en Bogotá, se encontraba el soldado Verney Bravo, del Batallón de Búsqueda y Rescate del Comando de Ingenieros. El sismo lo encontró armando kits en el Banco de Alimentos.
“Es un apoyo que se brinda y que se mantiene desde la brigada para llevar ayuda a diferentes regiones del país”, explicó. Su primera tarea fue comunicarse con su familia en Tello, Huila, para verificar que todos se encontraran bien. Pasaron los minutos mientras comenzaba a dimensionar lo que había ocurrido en diferentes regiones del país.

“En ese momento, lo único que pensé fue en las familias que deberían necesitar de nuestro apoyo o que estarían más vulnerables. Lo que pensé fue en el apoyo que podían brindar nuestras capacidades y, personalmente, nuestro equipo”, relató el uniformado.
Las primeras horas tras el sismo fueron caóticas. En varios puntos las comunicaciones fallaron, el transporte colapsó y la magnitud de los daños todavía era incierta. Lo que sí fue inmediato fue la respuesta ciudadana. Vecinos, estudiantes, trabajadores y brigadas de empresas se movilizaron para auxiliar a las personas atrapadas, muchas veces con herramientas y conocimientos improvisados de rescate.
De inmediato, Bravo se dirigió al comando ubicado en el barrio Puente Aranda, donde alistó su equipo para tomar un avión rumbo a Cali, una de las ciudades más afectadas por el sismo.
“Al llegar, lo primero fue realizar un PMU para establecer las coordinaciones y saber a qué nos íbamos a enfrentar. Al comienzo hubo mucho descontrol, pero lo primero que teníamos que hacer era salvaguardar a aquellas familias que todavía se encontraban con vida entre los escombros”, explicó el soldado.
De inmediato fueron desplegados equipos caninos junto con sus guías, con el objetivo de localizar a los sobrevivientes entre los escombros. Un trabajo que se convirtió en un símbolo de esperanza en medio del caos.
La magnitud del desastre
La primera impresión al llegar al barrio Cañaveralejo fue de tristeza e impotencia. Allí comenzaron las labores en puntos clave y de difícil acceso. Los daños no solo eran materiales; también estaba el drama de las familias que buscaban conocer qué había ocurrido con sus seres queridos atrapados bajo los escombros.
“Se comienza la operación de búsqueda pidiendo primero silencio total y luego preguntando: ‘¿Si alguien me escucha, emita un sonido o grite?’. Para algunas personas que no tienen la capacidad de gritar o que no pueden ser escuchadas, al menos mediante la sintonía de los ruidos o los parámetros que tenemos alrededor, podemos identificar si aún existe o se encuentra alguien allí”, explicó el soldado.

Son momentos de mucha tensión, relató el uniformado, porque algunas familias intentan ingresar a las zonas de búsqueda para ayudar en la operación. Sin embargo, esto requiere paciencia y cuidado, debido al riesgo de que los escombros puedan caer y causarles graves heridas.
“El detalle es que hay algunas personas que se arriesgan más de lo normal, pero en estas operaciones hemos tenido mucho apoyo de personas expertas en temas mineros, que saben cómo es el proceso para poder asistir en la emergencia”, afirmó.
Una lucha sin descanso
Después de tres días, con pocas horas de descanso, su labor lo ha llevado a encontrarse con familias que le piden encontrar a sus seres queridos y que buscan tener la tranquilidad de saber que aún siguen con vida.
“En los lugares donde hemos hecho las búsquedas encontramos fotografías y les contamos a las familias que seguimos con la tarea, con el anhelo de encontrarlas con vida”, enfatizó.
Su trabajo continúa con la misión de buscar entre los escombros, en una lucha contra el tiempo en la que cada segundo puede ser fundamental para salvar una vida.
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