
No habrá paz en Colombia sin la acción conjunta con Venezuela. Por Julio Londoño
El excanciller Julio Londoño Paredes analiza la situación de seguridad en Norte de Santander, Catatumbo y Arauca, y plantea la necesidad de una acción conjunta entre Colombia y Venezuela.
En medio de los avatares que afronta nuestra patria, entre otros, el terremoto, los incendios forestales, el fenómeno del niño, y el hecho de que en casi 40% del país haya presencia de grupos armados vinculados al narcotráfico, las medidas adoptadas por el presidente alientan la esperanza de que mejoren la seguridad urbana y rural.
Sin embargo, hay regiones en donde esa esperanza se desvanece. En los departamentos de Norte de Santander, incluyendo naturalmente el Catatumbo, así como en Arauca, limítrofes con Venezuela, la acción de los bandidos sigue afectando cotidianamente a soldados, policías y a la población civil.
Grupos armados se disputan a sangre y fuego la ruta de Venezuela para sacar la cocaína. Las acciones de las fuerzas militares y de la policía colombianas parecen diluirse ante la magnitud del problema.
Todo el mundo, menos la señora Delcy Rodríguez, presidenta de Venezuela, sabe que, en varios estados de ese país, incluyendo los limítrofes de Zulia, Táchira y Apure, se encuentran integrantes de los grupos armados, que ya no son exclusivamente colombianos, sino también venezolanos que tienen acosados a muchos habitantes de esas regiones.
Eso lo debe saber el Estado Administrador. Sin embargo, como la reconstrucción de la democracia venezolana va muy lentamente, la situación en la frontera no ha cambiado mucho.
Salió Maduro y se han adoptado algunas medidas, pero el régimen madurista sigue entronizado, influyendo en las fuerzas armadas y en organismos venezolanos. Y, con mayor razón, en los que se encuentran en la frontera.
No habrá paz en Colombia mientras en Norte de Santander, incluido el Catatumbo, y en Arauca, no exista la paz. Y ésta no podrá conseguirse mientras que Venezuela no haga lo mismo en su territorio y exista una acción conjunta de los dos países para el desarrollo de la región. Que no se desdibuje en la “zona de paz”, ideada por Maduro y secundada por Petro, que era un escampadero para la delincuencia.
Eso no es un imposible y ya se ha hecho en diferentes épocas. El Gran Ferrocarril del Táchira y el Ferrocarril de Cúcuta, lo generaron a principios del siglo XX, y les llevó una prosperidad sin precedentes a colombianos y venezolanos.
Igualmente, después de la firma del Acta de San Pedro Alejandrino entre Virgilio Barco y Carlos Andrés Pérez en marzo de 1990, la frontera, que era una zona de confrontación, se transformó en un área de desarrollo y de verdadera integración. Esa situación se extendió a la totalidad de los dos países. Y el comercio incipiente, no registrado, se convirtió en una balanza comercial de siete mil millones de dólares.
Para lograr eso ahora será indispensable que haya pasos efectivos con el fin de consolidar la democracia venezolana. Y será indispensable concertarlo, no solamente con el estado administrador de Venezuela, sino también con el gobierno de ese país.
Ojalá sea así porque, si no, estaremos abocados a la “Condena de Sísifo.”
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