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Carlos Camargo Assis

Camargo, el señor de los cargos: la estela de cuotas políticas que persigue al nuevo magistrado

Carlos Camargo Assis, magistrado de la Corte Constitucional: Crédito: Yamith Mariño.

El nuevo integrante de la Corte Constitucional ha ganado tres elecciones en el Congreso durante los últimos once años, por lo que es uno de los funcionarios con más títulos políticos en su escudo. La consecuencia: en cada entidad por la que ha pasado los nombramientos con tinte clientelista se cuentan por decenas. CAMBIO hizo la radiografía del 'método Camargo' que ha ensombrecido la polifacética carrera del abogado cordobés.

Por: Mateo Muñoz

Aún es memorable la imagen de aquel hombre derrotado por no haber respondido a la alta demanda de elocuencia que exige una cámara. Tenía la chaqueta oficial de la Defensoría del Pueblo a medio cerrar, ojeras poco disimuladas y sus manos torpemente acompañaban el discurso que intentaba hilar. No daba pie con bola. Las frases eran patadas angustiosas para no hundirse mientras defendía su gestión. Pero no era el momento. No fluía. A veces pasa: ¿a quién no? Él lo sabía, lo supo desde el principio. Miró a su entrevistadora y con los hombros a medio encoger lo reconoció, dijo la frase que se volvió patrimonio: “Salió mal”. Pero no había marcha atrás, era un programa institucional en vivo. Alguien se lo susurró, pero ¿qué hacer? Era Carlos Camargo, hoy magistrado electo de la Corte Constitucional. Un hombre polifacético, capaz de reponerse de semejante ‘oso’, reencaucharse y ser el protagonista del terremoto político de turno con réplicas incesantes. 

Ninguna elección de magistrado había tenido tanta política como la de Carlos Camargo. “No joda, no quiero saber de política hasta la próxima semana (risas)”, dijo un veterano senador. Todos los ingredientes se integraron a la receta: ¿Poder Ejecutivo? Sí, el presidente Petro metió la mano directamente. ¿Caciques y gamonales? Por supuesto, Efraín Cepeda ejerció como jefe de debate de Camargo. ¿Candidatos y precandidatos? Obvio, Vargas Lleras empuñó su columna y Vicky Dávila se atrincheró en el rumor de una inminente ‘corte petrista’. ¿Y de postre? La futura remodelación ministerial con purga para la campaña. Un menú empalagoso y poco digerible de principio a fin.

Es cierto que en la elección se movieron intereses para atajar a una supuesta mayoría gobiernista en la Corte, pero esa no es la única explicación para la ‘Camargomanía’ en el Senado. El exdefensor no es un novato: lleva tres de tres en elecciones de cargos públicos en el Congreso en los últimos diez años. Efectivo al ciento por ciento. Un rockstar entre la mayoría de parlamentarios, no importa la corporación, ni la época ¿Cómo lo hace?

Carlos Camargo, jugador de cartas… de renuncia

El nuevo magistrado nació en Cereté, Córdoba, un departamento con superávit de políticos. Por eso, como una cuestión de probabilidad, Camargo es familiar de varios nombres conocidos de la política nacional. Es primo del excandidato presidencial conservador David Barguil, cuñado del senador Marcos Daniel Pineda, yerno de la exsenadora Nora García Burgos y primo de la esposa del actual gobernador de Boyacá, Carlos Amaya. 

Esas conexiones de sangre y corazón le valieron a Camargo sus primeros cuestionamientos en 2014, cuando -con más cabello y menos cancha política- se midió en su primera aventura de lobby por un cargo. Por ese entonces aspiraba a ser magistrado del Consejo Nacional Electoral (CNE) en la plancha conservadora. Tenía las credenciales de godo de ‘racamandaca’: egresado de la Sergio Arboleda con dos poderosos congresistas de la época en el álbum familiar. Su primo Barguil era representante a la Cámara y Nora, su suegra, senadora. El tufillo del nepotismo motivó a un ‘ciudadano preocupado’ a pedirle al procurador de ese entonces, Alejandro Ordoñez intervenir para que Camargo no fuera elegido. Pero nada pasó. Ni siquiera cuando esa inquietud se transformó en una demanda ante el Consejo de Estado. Camargo ganó y se metió a la corporación de políticos con traje de magistrados.

Con un asiento garantizado en el tribunal de la política, Camargo no escapó de nuevas controversias. Para la muestra, el ‘azar’; coincidencialmente, al abogado le correspondieron por reparto cinco casos relacionados con Yahir Acuña, hoy alcalde de Sincelejo, y en ese entonces aliado de Nora García, la suegra de Camargo. Uno trató sobre la presunta doble militancia de la esposa de Acuña y otro sobre la personería de su partido político. Los demás fueron procesos contra candidaturas rivales de amigos de Acuña y García. Incluso, el abogado de dos de ellos recusó al cordobés. 

“Las reglas mínimas de probabilidad no se cumplen, al no caer alguno de ellos en manos de los otros ocho consejeros restantes”, decía el recurso que al final no prosperó.

Pero el caso más gordo del que Camargo fue ponente fue el de la campaña de Óscar Iván Zuluaga y la presunta financiación con dineros de Odebrecht. Para el ahora magistrado de la Corte Constitucional no había evidencia de recursos de la empresa brasileña en la aspiración de Zuluaga. La mayoría de los otros magistrados apoyaron la ponencia de Camargo y la investigación se archivó. Rumbo distinto al proceso penal en el que Zuluaga y su hijo terminaron en juicio.

Días después de la salvación de Zuluaga en el CNE, Camargo renunció. El 31 de octubre de 2017 se conoció la decisión del magistrado y al finalizar esa semana el Congreso en pleno se la aprobó. El recurso interpuesto por la Procuraduría contra el archivo de la investigación contra la campaña del uribismo quedó sin resolver. Y, en otra coincidencia, la suegra de Camargo pudo aspirar sin problema a su tercer periodo como senadora sin que mediaran conflictos de interés con su yerno. 

Casi un año después, Camargo aterrizó en un nuevo cargo público: director ejecutivo de la Federación Nacional de Departamentos (FND), entidad que, además de ser foro de los gobernadores, maneja más de un billón y medio de pesos en recursos de impuestos al licor y el tabaco. Su proceso de elección fue exitoso gracias al visto bueno del gobierno Duque y al respaldo de mandatarios poderosos cercanos a clanes como el de los Char, los Aguilar y la estructura de Dilian Francisca Toro.

Pero en la mira de Camargo estaba renunciar nuevamente antes de finalizar su periodo para asumir como registrador nacional. A mediados de 2019 el plan andaba sin problemas; el abogado estaba entre los finalistas del concurso y se perfilaba como candidato fuerte. Sin embargo, se le atravesó su primera controversia por repartija de cariños contractuales y burocráticos. La Fundación Pares halló por lo menos diez contratos por 170 millones de pesos entre la FND y personas cercanas a magistrados y exmagistrados del Consejo de Estado que podrían influir en la elección de registrador. 

La controversia creció y Camargo archivó su carta de renuncia, desistió de su aspiración a la Registraduría y se quedó en el cargo en la FND un año más. Nunca aceptó haber declinado por las denuncias. 

En 2020, año de la pandemia, Camargo decidió ir por la Defensoría del Pueblo, un cargo elegido por la Cámara de Representantes. Ganó ‘caminando’: 140 votos de 155 posibles. Paliza política al académico Luis Fajardo Arturo y a la entonces directora de la ANT, Carolina Martínez. Los votos salieron principalmente del Partido Liberal, Cambio Radical y el Centro Democrático. “En esa época hubo llamadas bastante intensas de Simón Gaviria invitando a votar por el doctor Camargo. Se veía que confiaba en él”, aseguró un congresista que participó en esa elección atípica por los protocolos de bioseguridad. También se movió el presidente Duque, compañero de alma máter de Camargo.

En su primer año de gestión en la Defensoría, Camargo activó su método: nombró más de 20 directivos cercanos a él y a los partidos que lo apoyaron en la Cámara. Por la entidad pasaron profesionales vinculados a Cambio Radical, el Partido de La U, el Partido Liberal y la estructura de los García Pineda en Córdoba. Además de la filiación política, los designados también tenían cuestionamientos por su idoneidad y experiencia.

Por ejemplo, José Hilario Bossio, defensor regional de Bolívar, venía de ser diputado liberal y secretario del Interior del exgobernador investigado Juan Carlos Gossaín. O Carlos Julio Manzano, defensor regional en Atlántico, afín al uribismo, quien duró poco más de dos semanas en el cargo por las inclementes críticas en su contra. Manzano tuvo líos penales por el desfalco a FoncolPuertos a comienzos del siglo y fue cuestionado por organizaciones de víctimas y defensores de derechos humanos.  El reemplazo que escogió Camargo para Manzano fue Miguel Linero de Cambil, que venía de ser diplomático y asesor de la Casa de Nariño en el gobierno Duque.

Pero la maquinaria clientelista de Camargo no solo tenía espejo retrovisor sino también panorámico. De acuerdo a una investigación de la Silla Vacía, el abogado cordobés nombró a esposas, nueras, hijos y hermanos de nueve de los 22 magistrados de la Corte Suprema de Justicia que lo nominaron al cargo que ganó hace unos días. 

Tan poderoso es el imán de clientelismo de Camargo que su elección y hasta los saludos posteriores a su más reciente victoria pusieron a varios senadores a dar explicaciones para evitar que las cuotas ministeriales y burocráticas de sus partidos pasen al cadalso. 

Por lo menos nueve senadores de partidos que abiertamente cantaron su voto por Camargo tuvieron familiares o amigos que trabajaron en la Defensoría del Pueblo en la época del nuevo magistrado. Todos presentaron sus impedimentos pero la plenaria los negó por mayoría:

  • Los liberales Juan Pablo Gallo y Lidio García.
  • Didier Lobo, Edgar Díaz Contreras y Carlos Julio González de Cambio Radical.
  • Alirio Barrera del Centro Democrático.
  • Las conservadoras Esperanza Andrade y Liliana Bitar.
  • Julio Chagüi del Partido de La U.

Incluso, dentro del mismo Pacto Histórico hay acusaciones cruzadas de traición. En la Casa de Nariño se han hecho llamadas inquisitoriales, labores de ‘inteligencia’ política y evaluaciones crudas para saber quién y por qué se bajaron del bus de Patricia Balanta y se subieron al avión de Camargo. En el tablero del Palacio no cuadran once votos que se refundieron en cuestión de 24 horas. “Se está indagando si hubo alguien en el Pacto, Comunes o el Verde que se salió de las instrucciones”, dijo una fuente del alto Gobierno. 

Hasta en la campaña petrista hubo réplicas del terremoto Camargo. “Que presente las pruebas”, le dijo la senadora Gloria Flórez a Gustavo Bolívar, quien es uno de los que ha impulsado la teoría de la conspiración.

El efecto Camargo ―sin querer queriendo, pero al final repartiendo― terminó de precipitar la quinta y quizás última remodelación ministerial de la administración Petro. El presidente reordenará su equipo y mostrará si su idea de frente amplio para elecciones implosionó o más bien perdura a pesar del señor de los cargos.

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