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Iván Cepeda, Paloma Valencia, Abelardo de la Espriella, candidatos a la Presidencia. Fotoilustración: Yamith Mariño - CAMBIO
Elecciones Colombia 2026

Cepeda busca las bases, Paloma a sus dirigentes y Abelardo menosprecia los partidos

Iván Cepeda, Paloma Valencia, Abelardo de la Espriella, candidatos a la Presidencia. Fotoilustración: Yamith Mariño - CAMBIO

Los tres aspirantes con mayor intención de voto, según las encuestas, muestran sus diferencias frente al apoyo de los partidos tradicionales. La postura oficial de las colectividades será la de no respaldar al candidato del Gobierno, pero ya hay disidencias.

Por: Armando Neira

Esta semana ha estado marcada por intensas reuniones de los líderes de los partidos tradicionales para decidir a qué candidato apoyarán en la primera vuelta de las elecciones presidenciales. Con las encuestas de intención de voto en la mano, la decisión se centra en tres aspirantes: Iván Cepeda, Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella.

En este capítulo, Iván Cepeda carga con el lastre de ser el candidato del Gobierno del presidente Petro, quien mantiene un enfrentamiento abierto con esas colectividades, a las que responsabiliza de haber bloqueado sus reformas sociales en el Congreso, incluidas dos negativas a una consulta popular. En esta confrontación aún hay heridas abiertas —y muy profundas— por múltiples señalamientos del mandatario.

Así, por ejemplo, durante la última manifestación del 1° de mayo, Petro levantó la espada de Bolívar y declaró, sin aportar pruebas, que el asesinato de Alberto Peña, un campesino militante de Colombia Humana en el Cauca, era consecuencia de decisiones de los senadores conservadores Miguel Ángel Pinto y Nadia Blel, figuras claves de la Comisión Séptima del Senado de la República, donde se sepultaron iniciativas prioritarias del Gobierno nacional.

“A Alberto lo matan por Pinto, por haber negado el tránsito de la ley de la reforma laboral, y aunque no lo ordenó, señora Blel, la sangre de Alberto hoy la ensucia a usted y a su familia”, sentenció el presidente.

Luego, en el Paseo Bolívar, en Barranquilla, durante una convocatoria multitudinaria y también rodeado de símbolos del Libertador, exclamó: “No vamos a votar nunca más por los que compran votos”. Tras mencionar a varios senadores —Antonio Zabaraín, Mauricio Gómez Amín, Carlos Meisel, Honorio Henríquez, Carlos Farelo y Efraín Cepeda, entonces presidente del Congreso—, los señaló como los responsables de corrupción y levantar “mortajas negras” a quienes se les debía enfrentar sin tregua. Todo mientras ondeaba la bandera de “guerra a muerte” de Simón Bolívar.

Los partidos políticos se unieron entonces para rechazar lo que llamaron el discurso de “odio” y el lenguaje “confrontacional” del presidente. Y fueron más allá al considerar que ponía “sus vidas en peligro”.

Las heridas abiertas

Con estos antecedentes, las colectividades que pese al poderío de sus maquinarias no cuentan con un candidato oficial, volvieron del receso de Semana Santa con la intención de definir más temprano que tarde el camino a tomar. Es natural que no respalden formalmente al candidato Cepeda a quien muchos de ellos identifican con Petro. “Apoyaremos, eso sí, a la centro derecha política de Colombia”, reiteró el senador Efraín Cepeda.

El presidente Gustavo Petro el 1 de mayo.
El presidente Gustavo Petro el 1 de mayo con la espada de Simón Bolívar y la bandera con los tres cuadrados contrapuestos en rojo, blanco y negro. Foto: Presidencia.

Esa es la hoja de ruta que ha tomado el Partido Conservador. La colectividad adelantó reuniones de bancada en las últimas horas para tomar una decisión en bloque que se anunciará este lunes 13 de abril. Las mayorías se inclinan por Paloma Valencia, quien ha tendido puentes con las directivas tanto en el Congreso como en espacios privados. 

Una situación similar ocurre en el Partido Liberal. En un encuentro realizado en el apartamento del expresidente César Gaviria, este instó a las bases a respaldar un único candidato de forma unánime. Sin embargo, aunque Gaviria mantiene un pulso con Petro, en esta colectividad hay un segmento importante que apoya a Iván Cepeda.

Por ejemplo, los senadores electos Camilo Torres —sobrino del contratista Euclides Torres— y María Eugenia Lopera, a quien Petro compara con María Cano, histórica lideresa política y social conocida como ‘La Flor del Trabajo’.

En este escenario juega un papel clave el exministro del Interior Juan Fernando Cristo, un hábil operador político que considera necesario abrir la campaña de Cepeda a sectores de centro, en una estrategia similar a la de Petro en 2022, cuando sumó figuras del liberalismo e incluso del conservatismo.

La negociación, en este caso, apuntaría a que el partido deje en libertad a sus barones electorales para evitar problemas de doble militancia. Distinto es el caso de las bases, para quienes Cepeda se presenta como un candidato cercano a sus intereses sociales.

El sueño de conquistar las masas

En el Pacto Histórico confían en que esa Colombia anónima, trabajadora y estudiosa, que respalda la gestión del presidente Petro, se movilizará a su favor. “Y claro, sobre todo una base importante de esos sectores nos apoyarán”, le dice a CAMBIO, Gabriel Becerra, uno de los líderes que define la estrategia de la campaña de la izquierda.

También este miércoles, el Partido de La U realizó una reunión de bancada y definió que su respaldo estará entre Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia. En un comunicado, señaló que, tras un análisis del panorama político nacional, se acordó no apoyar la candidatura de izquierda.

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El expresidente César Gaviria Trujillo en una reunión con el presidente Gustavo Petro en Palacio. Junto a ellos, la actual gobernadora del Valle, Dilian Francisca Toro, en ese momento lideresa del Partido de 'La U'. Foto: Presidencia.

“Hoy ya tenemos claro por quién no votaremos. El Partido de la U no votará a la Presidencia por el doctor Iván Cepeda”, zanjó de manera categórica Clara Luz Roldán, una de las directoras la colectividad.

Sin embargo, también en los miembros de La U, como en los liberales y en los conservadores, hay disidencias que se van a ir con el candidato del Pacto Histórico. El senador Antonio José Correa se muestra tranquilo al asegurar que lo respalda porque “representa el estilo de vida de muchas víctimas del país, la honorabilidad en la función pública y los avances del gobierno del cambio”. 

En Cambio Radical aún no hay una decisión definitiva, aunque el dilema también se mueve entre De la Espriella y Valencia. Es sabido el rechazo de su jefe natural, Germán Vargas Lleras, tanto a Petro como a Cepeda. “Ama el discurso y esquiva la acción, y tampoco gusta de la Constitución del 91, pues ve en ella un obstáculo para gobernar sin límites”, escribió en su columna de El Tiempo.

Donde sí hay una fragmentación total es en el Partido Alianza Verde. Allí cada dirigente ha tomado su propio camino: el senador Jota Pe Hernández respaldará a un candidato de oposición a Cepeda; la representante Katherine Miranda se inclina por Paloma Valencia; Catherine Juvinao y Angélica Lozano están con Claudia López, mientras que Ariel Ávila formalizó su adhesión a Iván Cepeda.

Acuerdos sobre un programa

Para él es sustancial la afinidad programática. En efecto, el candidato de izquierda ha dicho que se han recibido “múltiples expresiones de apoyo de dirigentes y congresistas liberales, conservadores, del Partido de La U y de otras agrupaciones políticas que han venido a identificarse con nuestro programa. Es en torno a ese programa que forjamos alianzas políticas sólidas, no en torno a maquinarias electorales”.

Así, mientras Paloma Valencia y Cepeda buscan sumar apoyos para asegurar su paso a la segunda vuelta —en el Pacto Histórico incluso confían en una victoria en primera vuelta—, Abelardo de la Espriella adopta una postura distinta. Va en autentica contravía.

Tras el anuncio del Partido de La U de no respaldar a Cepeda y evaluar las candidaturas de Paloma y De la Espriella, él cerró la puerta, en cuestión de segundos, al afirmar que no le interesa el apoyo de lo que denomina “la politiquería de los de siempre”.

“Los de siempre se juntan: el partido de Santos, el que fue partido de Gobierno de Petro, deshojando margaritas. Se las pongo fácil: conmigo no cuenten. No acepto el apoyo de la politiquería; mi alianza es con el pueblo”, afirmó el aspirante de la extrema derecha.

Esto a pesar de que cuenta con el respaldo del partido Salvación Nacional y recientemente sumó el apoyo de Colombia Justa Libres, fortaleciendo su base en sectores conservadores y religiosos.

El candidato insiste en que no aceptará “rótulos de partidos” porque, según él, lidera un movimiento popular y no político, y sostiene que el país está cansado de la clase política tradicional.

Incluso ironizó: “Como dijo el ‘filósofo’ Alejandro Sanz: ‘te lo agradezco, pero no’”. Y añadió: “El Partido de la U anunció que no apoyará a Cepeda y evaluará otras candidaturas. Se las pongo fácil: aquí no los recibo”.

Al ser consultado sobre a quién sí aceptaría, respondió: “A todos los que no hayan sido cómplices del Gobierno en la destrucción del país”.

Ante su estancamiento en las encuestas, De la Espriella busca reforzar su imagen de candidato ajeno al sistema político, en una línea similar a la de Nayib Bukele —“los mismos de siempre”— o Javier Milei —“la casta”—, como han sido sus eslóganes para definir la clase política tanto en El Salvador como en Argentina. Discursos simples que calaron entre las mayorías.

Armando Benedetti durante el hundimiento de la consulta popular.
Armando Benedetti durante el hundimiento de la consulta popular. Foto: Colprensa.

Se trata, sin embargo, de una apuesta arriesgada. Es cierto que los partidos tradicionales cuentan con muy poca favorabilidad entre los colombianos. Una encuesta de Invamer de 2025 muestras que más del 70 por ciento de los colombianos desconfía de los partidos, y que electoralmente podría no tener la fuerza que se dice en los titulares de prensa. 

Un voto hace la diferencia

Yann Basset, director del Grupo de estudios de la democracia DEMOS, de la Universidad del Rosario, dice que en unas elecciones presidenciales el apoyo de los partidos es “nulo” aunque ve comprensible las posiciones de cada uno de los candidatos. “Cepeda quiere abrirse como lo hizo Petro hace cuatro años, Paloma mostrarse como la aspirante de los consensos y De La Espriella enfatizando que él está distante de todas las maquinarias políticas”.

Pero también es verdad que en algunas regiones del país, los partidos políticos mantienen una fuerte capacidad de influencia electoral gracias a sus estructuras regionales, redes clientelares y alianzas estratégicas. Estas colectividades cuentan con caciques electorales que controlan votos en las regiones, fundamentales tanto en elecciones legislativas como presidenciales.

En las pasada elecciones del 8 de marzo, el Pacto Histórico y el Centro Democrático demostraron su fortaleza, con su poder de organización y de convocatoria. Esos votos, con alta probabilidad, se distribuirán entre Iván Cepeda y Paloma Valencia, respectivamente.

Hay que subrayar que detrás de estas fuerzas quedaron, en Senado, el Partido Liberal con 2.275.182 votos, el Partido Conservador con 1.863.663 y el Partido de La U con 1.565.786. Y aunque no significa que ahora los electores vayan a ir a las urnas como les dicen desde las capitales los barones electorales, es una masa de votos decisiva.

Lejos quedaron los tiempos en que las personas se enfrentaban violentamente por defender los colores de los partidos tradicionales, el trapo azul, el trapo rojo. Hoy el contexto es distinto, pero cada voto cuenta. En especial en una elección en la que nadie se atreve a apostar hoy quién va a ganar. El 31 de mayo se verá quién ejecutó mejor su estrategia frente a los partidos tradicionales: Cepeda buscando las bases, Paloma a sus dirigentes y Abelardo menospreciándolos.

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