
El arca de Abelardo: el gobierno de los nunca zarpó con pasajeros de siempre
La transición hacia el gobierno del presidente electo Abelardo de la Espriella empezó a mostrar la tensión que marcará sus cuatro años de mandato: mientras el discurso reivindica a los “nunca”, el equipo de empalme y los primeros ministros anunciados reúnen figuras que llevan décadas orbitando el poder político y económico. ¿Logrará el abogado hacer el equilibrismo suficiente entre la tecnocracia y las transacciones burocráticas?
Por: Mateo Muñoz
El cuatrienio de Abelardo de la Espriella será una seguidilla de referencias bíblicas que no pudo empezar de otra manera que con el episodio del Arca de Noé. Según el libro del Génesis, este último construyó una embarcación a petición de Dios para salvar a la humanidad ante un diluvio venidero concebido para limpiar la maldad en el mundo. Noé subió al barco con su familia y varios animales de distintas especies —machos y hembras– y solo ellos se salvaron de aquella purga inclemente.
Miles de años después, en un auditorio de la Sergio Arboleda, se puso en marcha la adaptación criolla de esa historia del antiguo testamento. Cerca de 1.200 personas fueron escogidas por la administración entrante para ser parte del empalme entre gobiernos más grande de la historia del país. Hay 22 mesas técnicas, igual número de líderes sectoriales y decenas de coordinadores. Todos bajo la sombrilla del discurso de los “nunca”.
“Nosotros somos los nunca. Los que nunca hemos vivido de la teta del Estado, los que nunca nos hemos robado un peso, los que nunca nos rendimos ni nos quedamos en la queja. Los que nunca hemos hecho politiquería”, decía Abelardo de la Espriella en campaña.
El problema es que en esa arca que apenas va empezando a flotar hay especies con nuevos colores pero que, de acuerdo a la ‘taxonomía’ política, provienen del establecimiento.
Dos ministros, dos dinastías políticas
Hasta ahora el gabinete de Abelardo de la Espriella tiene dos nombres confirmados: Rodrigo Lara Restrepo como futuro ministro del Interior y Miguel Gómez Martínez como el próximo jefe de la cartera de Hacienda.
Dentro del círculo abelardista, Lara es visto como un político disidente de la clase política tradicional que creyó en la campaña del ‘tigre’ meses antes de la recta final. De hecho, sus aportes fueron clave para las propuestas de seguridad incluidas en el programa de De la Espriella y jugó un rol importante en el diálogo con los empresarios.
Por ello, el nombre de Lara siempre estuvo en las cuentas del eventual gabinete, incluso antes de la segunda vuelta. “Si usted revisa la trayectoria de Lara, no ha tenido mayores controversias y desde hace varios años se salió de su partido y empezó a ejercer por fuera”, le dijo a CAMBIO una fuente de Defensores de la Patria.
La apreciación es cierta. Lara no milita en ningún partido tradicional desde hace seis años. Renunció a Cambio Radical . Sin embargo, y paradójicamente, en su elección como futuro líder de la cartera de la política menuda pesaron sus casi 12 años de experiencia como congresista (senador y representante a la Cámara), todos con el aval de Cambio Radical. De hecho, en su última etapa como senador, Lara impulsó un proyecto de ley contra el acoso judicial a periodistas, discusión en la que se habló de Abelardo de la Espriella como uno de los ejemplos de esta práctica.
Además de Lara Restrepo, el otro nombre confirmado como futuro ministro es el de Miguel Gómez Martínez, un viejo conocido en los círculos de la derecha. El futuro ministro de Hacienda es economista del Instituto de Ciencias Políticas de París, donde también obtuvo una maestría en Ciencia Política y Economía Internacional. En su trayectoria se destaca el paso por importantes cargos en el sector público y privado. Fue vicerrector de la Universidad Sergio Arboleda, gerente de Asocolflores, presidente de Bancoldex, embajador de Colombia en Francia durante el gobierno de Uribe y recientemente presidente de Fasecolda.
Sin embargo, su apellido es de estirpe de políticos. Gómez Martínez llega como cuota de Salvación Nacional al ser parte de esa casa política conservadora: es hermano del senador electo Enrique Gómez, sobrino del asesinado líder conservador Álvaro Gómez Hurtado y nieto del expresidente Laureano Gómez.
Además, el futuro ministro de Hacienda fue representante a la Cámara por el Partido de la U entre 2010 y 2014 durante el primer gobierno de Juan Manuel Santos. Se alineó con el ala uribista de esa colectividad a tal punto que radicó y tramitó un proyecto de ley para convocar a una asamblea constituyente, a la que él llamaba ‘asamblea constitucional’.
El objetivo de Gómez Martínez era acotar la remodelación de la carta política a la reforma de la justicia y algunos elementos de autonomía territorial que vía Congreso serían imposibles por el ambiente político. Como representante por Bogotá, el próximo ministro también lideró el comité de revocatoria a Gustavo Petro en su época como alcalde.
En las elecciones de 2015 alcanzó a sonar como candidato a la Alcaldía Mayor por el naciente uribismo pero esa idea no cuajó. Tampoco la de ser cabeza de lista al Concejo. Luego, en las elecciones de 2018, alcanzó a inscribirse como precandidato al Senado por el Centro Democrático pero al final fue el cabeza de lista del Partido Conservador. Se quemó y al año siguiente integró el directorio distrital conservador en Bogotá junto a, entre otros, el expresidente Andrés Pastrana. En suma, Gómez Martínez pisó tierras de tres partidos distintos en menos de una década.
La gabinetología de los de siempre
Además de los dos ministros confirmados, en el robusto equipo de empalme hay otros nombres asociados a élites que han orbitado en los círculos de poder. De los más llamativos están los de Carlos Alonso Lucio y su pareja, Viviane Morales. El primero es uno de los hombres más cercanos al presidente electo, mientras que Morales lidera el empalme en el sector Educación.
La exfiscal general tiene una larga trayectoria en la política. Fue viceministra en el gobierno de Virgilio Barco y luego congresista durante tres periodos consecutivos en la década de los 90 en representación de sectores cristianos cercanos al Partido Liberal. Se lanzó en 2006 al Senado por la lista liberal pero se quemó. De allí saltó a la comisión de notables para la reforma política que armó Álvaro Uribe Vélez.
Luego de su paso como fiscal, Morales regresó a la política en 2014 cuando aspiró al Senado otra vez por la colectividad de César Gaviria. En esa oportunidad le alcanzaron los más de 50.000 votos que obtuvo para ganar la curul. Cuatro años después renunció al partido y aspiró a la Presidencia con el aval de Somos Región, una colectividad de garaje que surgió a partir de la personería jurídica de ALAS y reencauchó en sus listas al Congreso a varios políticos conservadores y uribistas. Morales renunció a su candidatura y se unió a la campaña de Iván Duque. Por su parte, Somos Región no obtuvo ninguna curul.
Por otro lado, Elsa Noguera es una de las coordinadoras del empalme con el Ministerio del Interior. Sin embargo, suena con mucha fuerza para asumir la cartera de Transporte o de Vivienda. Como es evidente, Noguera es cuota de la casa Char, específicamente de Fuad Char, quien se la jugó por De la Espriella sin hacer mucho ruido. La exalcaldesa de Barranquilla no tiene la mejor relación con Alejandro pero es ahijada política por excelencia del patriarca, quien la tiene en su círculo de confianza.
Fuentes en el Atlántico le dijeron a CAMBIO que el cálculo de Fuad para irse con De la Espriella y no con Paloma Valencia fueron las elecciones regionales del próximo año. El líder del clan pretende tener el músculo político y burocrático suficiente para ganarle el pulso al petrismo en la disputa por la Alcaldía de Barranquilla y la Gobernación del Atlántico, que hoy controlan. Hasta ahora, Armando Benedetti ha sido el primero en coquetear con la posibilidad de capitalizar el crecimiento del progresismo en ‘la arenosa’.
La casa Char espera que en un año, el trabajo conjunto con el gobierno nacional permita rematar el periodo de Alejandro con mejoras sustanciales en los índices de seguridad, un pendiente sensible para el hombre de la gorra.
Noguera también fue ministra en el gobierno de Iván Duque, quien suena como futuro embajador de Colombia en Washington. Una de las personas más cercanas en su administración fue Priscila Cabrales, quien ahora es una de las coordinadoras del empalme con la Cancillería. Cabrales fue la mano derecha de Noemí Sanín en la campaña presidencial de 2002 y cónsul en España durante el gobierno de Álvaro Uribe. También ha sido cercana a la exministra Alicia Arango y al matrimonio Lafaurie-Cabal.
Otro de los exfuncionarios del gobierno Duque que ahora aparece en el equipo de “los nunca” es Andrés Barreto González. El abogado fue superintendente de Industria y Comercio luego de haber sido asesor legislativo del expresidente en su época como senador. Barreto es uno de los fundadores de Defensores de la Patria y trabajó en la firma de De la Espriella Lawyers. Su labor es liderar la transición con el Dapre.
Juan Camilo Ostos, que lidera el empalme con el sector transporte, también hizo parte del gobierno Duque. Fue viceministro de Transporte, candidato al Senado por el Conservador y por Salvación Nacional en las elecciones pasadas. Tiene una muy buena relación con la exvicepresidente Martha Lucía Ramírez.
La administración entrante sabe que no hay curva de aprendizaje y por ello necesita gobernar con personas que, precisamente, llevan años aprendiendo cómo funciona el Estado.
Hasta ahora, las decisiones de De la Espriella y José Manuel Restrepo parecen inclinarse hacia una fórmula híbrida. Un gabinete que habla el lenguaje de la ruptura, pero con experiencia. Un equipo que reivindica a los nunca, pero con varios apellidos conocidos.Un gobierno que promete llegar desde afuera, mientras arma sus cuadros directivos con personas que han estado dentro.
Quizás por eso el nombre del empalme terminó siendo involuntariamente preciso.El Arca de Noé no está seleccionando una sola especie política sino que está intentando embarcarlas a todas.
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