
El terremoto revive el fantasma de las ejecuciones extrajudiciales
Una imagen de Roldanillo, Valle del Cauca, tras el terremoto. Foto: cortesía de Raúl Palacios / El País.
El sismo, según información recibida por la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD), dejó al descubierto restos óseos y prendas de apariencia militar en el cementerio municipal de Roldanillo, Valle. El hallazgo reabrió una pregunta estremecedora: ¿qué ocurrió con miles de personas que fueron sepultadas sin nombre durante el conflicto armado?
Por: Armando Neira
Las tragedias en Colombia tienen una extraña manera de regresar. A veces lo hacen en forma de una noticia olvidada; otras, mediante un expediente que vuelve a abrirse. En Roldanillo, el pasado de la violencia apareció entre los escombros del terremoto.
El sismo de magnitud 7,4 que sacudió el occidente del país el pasado 10 de agosto no solo dejó viviendas destruidas, iglesias agrietadas y calles cubiertas de escombros. En el cementerio municipal de este municipio del norte del Valle del Cauca, el movimiento de la tierra derribó un muro de doble pared y dejó al descubierto restos humanos acompañados de prendas de apariencia militar.
El hallazgo fue fortuito. Y, por ahora, también es un misterio. La Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) inició las actuaciones correspondientes para establecer la procedencia de los restos y determinar si el caso guarda relación con personas desaparecidas en desarrollo del conflicto armado. Hasta el momento, no existe una conclusión oficial que permita vincularlos con ejecuciones extrajudiciales.
Pero en Colombia es natural que al aparecer unos restos sin identificar, prendas militares y una fecha escrita en una bolsa para que regrese una de las páginas más oscuras de la historia reciente.
Un pueblo devastado
La noticia del hallazgo llegó a las autoridades a través del párroco de Roldanillo, el llamado Pueblo Mágico del Valle, situado a unos 149 kilómetros de Cali.
El terremoto golpeó con especial intensidad al municipio. El balance oficial más reciente reporta dos personas fallecidas, 112 heridas y más de 1.200 viviendas afectadas. Cerca de 500 quedaron completamente destruidas. Entre el 75 y el 80 por ciento de las edificaciones presenta algún tipo de daño.

El Hospital San Antonio sufrió afectaciones en cerca del 80 por ciento de su infraestructura. Una parte deberá ser demolida y, mientras tanto, algunos servicios médicos fueron trasladados provisionalmente a los parqueaderos.
También resultaron gravemente afectadas la Alcaldía y la iglesia principal, que, según las autoridades locales, deberán ser demolidas. “Es triste recoger todo lo que quedó del pueblo”, dijo el alcalde Jaime Ríos Álvarez, todavía conmocionado por la dimensión de la destrucción.
El terremoto también rompió una tubería principal que abastece de agua potable a Roldanillo y a otros siete municipios del norte del departamento. La emergencia obligó a recurrir a carrotanques y a recibir donaciones de agua provenientes de Palmira y otras localidades.
La devastación golpeó además la economía local. Buena parte de la zona que había convertido a Roldanillo en un destino turístico quedó destruida. El municipio había sido reconocido como Pueblo Mágico después de un programa de la Gobernación del Valle del Cauca que transformó sus fachadas, renovó el parque principal y puso en valor su tradición cultural y artística. Fue el primero de Colombia en recibir esa distinción. Ahora, entre las ruinas, esa imagen parece pertenecer a otro tiempo.
El secreto detrás del muro
El cementerio municipal también resultó afectado. Sus registros parroquiales se remontan a 1657 y, durante siglos, sus muros han acompañado la historia de Roldanillo.
El terremoto abrió grietas y provocó el desplome de una estructura de doble pared que ocultaba una especie de bóveda. Detrás quedaron expuestos restos humanos dentro de bolsas negras. Algunos estaban acompañados de prendas similares a las utilizadas por las Fuerzas Militares y botas de caucho. En una de las bolsas podía distinguirse una anotación correspondiente al año 2006, según la información que fue trasladada a Bogotá a las oficinas de la UBPD. Las imágenes circularon rápidamente por las redes sociales.
Y con ellas apareció una hipótesis: que los restos podrían corresponder a víctimas de los llamados falsos positivos, las ejecuciones extrajudiciales en las que civiles fueron presentados ilegítimamente como bajas en combate. La hipótesis, sin embargo, no ha sido confirmada.

La sola presencia de una prenda similar a un uniforme militar no permite establecer quién era la persona, si era civil o combatiente, cuándo murió ni en qué circunstancias fue enterrada. Para responder esas preguntas se necesitan análisis forenses, estudios antropológicos y, dependiendo de cada caso, cruces documentales y pruebas genéticas. Eso es precisamente lo que ahora comienza a establecerse.
La UBPD informó que, después del sismo, empezaron a circular fotografías de daños en paredes de bóvedas, contenedores y otras estructuras que podrían contener restos de personas no identificadas. Las imágenes no procedían únicamente de Roldanillo: también se reportaron afectaciones en otros cementerios del país.
Desde el mismo día del terremoto, la entidad puso en marcha un censo para establecer preliminarmente el nivel de afectación de esos lugares y determinar cuáles requieren verificación o atención prioritaria.
Los equipos territoriales de la UBPD en Caldas, Risaralda, Quindío, Valle del Cauca y Chocó comenzaron las labores destinadas a proteger los cuerpos expuestos.
“Ante el hallazgo en Roldanillo y las afectaciones reportadas en otros cementerios, la UBPD viene implementando acciones humanitarias para el manejo de cuerpos en el marco del procedimiento de hallazgo fortuito”, explicó Julián David Arias Quintero, subdirector técnico forense de la entidad.
Ese procedimiento permite manejar, trasladar y custodiar restos encontrados por fuera de una búsqueda activa. Su aplicación, por sí sola, no significa que la UBPD haya determinado que se trate de personas desaparecidas, pero tampoco descarta esa posibilidad. Por ahora, la ciencia forense tiene la palabra.
Una cifra que todavía crece
El hallazgo de Roldanillo, aun sin una conexión comprobada con los falsos positivos, inevitablemente devuelve la mirada hacia uno de los episodios más dolorosos del conflicto colombiano. Durante años, la cifra más conocida fue la de 6.402 víctimas de ejecuciones extrajudiciales ocurridas entre 2002 y 2008.
En abril de 2026, la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) amplió ese universo a 7.837 víctimas. La nueva estimación extendió el periodo de análisis entre 1990 y 2016 e incorporó el cruce de nuevas bases de datos.
La cifra no es solamente un dato estadístico. Detrás de cada número hay una persona, una familia y, en muchos casos, un cuerpo cuyo destino permaneció durante años sin esclarecerse. Ese es precisamente uno de los grandes dramas que dejó la guerra: la desaparición de los muertos.
El rastro del Bloque Calima
En el Valle del Cauca, además, la memoria de la violencia conduce inevitablemente hacia los años del cambio de siglo. En 1999 llegó a la región el Bloque Calima, una sanguinaria estructura paramilitar de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) que operó hasta 2004 principalmente en el Valle del Cauca y el Cauca, aunque también tuvo presencia en municipios de Huila y Quindío.
Su violenta expansión ocurrió en medio de la intensa confrontación entre guerrillas, fuerza pública, narcotraficantes y grupos paramilitares. La estructura fue comandada militarmente por José Éver Veloza, alias HH.

De acuerdo con registros del Centro Nacional de Memoria Histórica, el Bloque Calima estuvo relacionado con numerosas masacres y con miles de hechos de desplazamiento forzado individual y colectivo.
La JEP investiga, en el Caso 05, la posible existencia de alianzas entre integrantes de la fuerza pública y miembros de esa estructura paramilitar, así como hechos relacionados con ejecuciones extrajudiciales atribuidos al Gaula Valle.
El Bloque Calima se desmovilizó formalmente el 18 de diciembre de 2004, en el corregimiento de Galicia, en Bugalagrande. Años después, sin embargo, distintos informes señalaron que una parte de sus antiguos integrantes volvió a las armas y terminó vinculada a estructuras criminales sucesoras. La región quedó marcada por esa violencia. Y también por los cuerpos que desaparecieron en ella.
Cementerios que guardaron secretos
La pregunta que surgió en Roldanillo es inevitable: ¿por qué el hallazgo de unos restos acompañados de prendas militares llevó de inmediato a pensar en los falsos positivos? La respuesta está en una historia que se repite en distintos lugares de Colombia.
Durante el conflicto armado, los cementerios municipales fueron, en numerosas ocasiones, el destino final de personas asesinadas cuyos cuerpos no fueron identificados. Eran los NN: hombres y mujeres sin nombre, enterrados sin que sus familias supieran dónde estaban y, en algunos casos, sin que quedara registro confiable de su procedencia.
El fenómeno ha sido documentado en diferentes regiones del país. Uno de los casos más conocidos es el del Cementerio Central de Cúcuta. En octubre de 2021, el desplome de un muro dejó al descubierto bolsas con restos humanos. La UBPD ha advertido que allí podrían encontrarse cientos de personas que murieron violentamente entre 1985 y 2016, en medio de numerosas irregularidades.
En Valledupar, en el cementerio Eccehomo, la JEP y la UBPD realizaron en 2024 exhumaciones de cientos de cadáveres sin identificar. Algunos presentaban lesiones compatibles con impactos de arma de fuego.
En Dabeiba, Antioquia, las investigaciones de la JEP condujeron al hallazgo de un cementerio clandestino cuyos cuerpos fueron relacionados con ejecuciones extrajudiciales. Y en Cocorná, también en Antioquia, investigaciones periodísticas han documentado señalamientos sobre el uso del cementerio para ocultar cuerpos de víctimas de falsos positivos.
Hay, además, una historia distinta, pero igualmente poderosa: la de Puerto Berrío. Durante décadas, los habitantes de ese municipio del Magdalena Medio recibieron cuerpos NN arrastrados por el río Magdalena.

Muchos terminaron adoptándolos simbólicamente, poniéndoles nombres, rezándoles y convirtiéndolos en parte de sus familias. Era una forma popular de devolverles una identidad que la violencia les había arrebatado.
Los cementerios terminaron convirtiéndose así en archivos involuntarios de la guerra. Allí quedaron las huellas de las masacres, las desapariciones forzadas y las ejecuciones extrajudiciales. Cuerpos sin nombre que, en demasiados casos, fueron enterrados sin una investigación suficiente y sin que sus familias pudieran siquiera despedirlos.
El Centro Nacional de Memoria Histórica ha documentado cómo los actores armados despojaban a las víctimas de sus documentos e identidades, ocultaban o trasladaban los cuerpos y, en ocasiones, los depositaban en fosas comunes o lugares donde resultaba difícil establecer su procedencia. Por eso, entre otras cosas, Colombia todavía cuenta a sus desaparecidos por decenas de miles.
Una pregunta entre los escombros
En Roldanillo todavía no hay una respuesta. No está demostrado que los restos encontrados detrás del muro del cementerio correspondan a víctimas de ejecuciones extrajudiciales. Tampoco se conoce todavía la identidad de las personas cuyos cuerpos quedaron expuestos por el terremoto.
Lo que sí existe es una coincidencia inquietante: una estructura que permaneció oculta durante años, unos restos humanos, prendas de apariencia militar y una fecha —2006— escrita en una bolsa. Ahora corresponde a los investigadores reconstruir la historia que quedó sepultada detrás de aquel muro.
Mientras Roldanillo intenta levantarse de entre los escombros, sus habitantes tendrán que convivir con una pregunta que el terremoto sacó literalmente de la tierra. Quizás allí no haya una nueva historia de falsos positivos. Quizás sí.
La respuesta no la darán las redes sociales ni las especulaciones. La tendrán que dar los huesos, la ciencia forense y los documentos. Porque en Colombia hay heridas que parecen cerradas hasta que un movimiento de tierra, décadas después, vuelve a abrirlas.
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