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Poder

Escándalo de la UNGRD: una herida cada vez más grande en el corazón del cambio y el talón de Aquiles para 2026

La salida del ministro Ricardo Bonilla es –hasta el momento– el costo más alto que ha pagado el presidente Petro por un escándalo del cual ha querido desmarcarse. El daño parece irreparable en medio de una campana tempranera para llegar a la Casa de Nariño en 2026.

Por: Mateo Muñoz

Un día, dos trinos y 19.974 caracteres le tomó al presidente Petro despedir –muy a su pesar– a Ricardo Bonilla, ministro de Hacienda. El anuncio fue bautizado por el mandatario como 'Trino sobre Ricardo Bonilla parte II', y, como en una saga de películas dramáticas, el desenlace implicó la pérdida de un personaje principal.

Bonilla sobrevivió varios meses en su cargo a pesar de las menciones de su nombre hechas en las declaraciones de los corruptos confesos Sneyder Pinilla y Olmedo López. A diferencia de las otras tres fichas del Gobierno que cayeron antes que él (Carlos Ramón González, Sandra Ortiz y César Manrique) Bonilla esquivó las voces que pidieron su renuncia. Todos eran prescindibles menos él, que no podía moverse al ritmo de los bandazos del escándalo y mucho menos en medio de una situación fiscal asfixiante para el país.

“El país pierde a uno de sus mejores economistas, alguien que logró reducir la pobreza en Bogotá y la pobreza monetaria del país y para quien la reducción de la desigualdad y revertir las condiciones estructurales que la producen estaba en su norte”, dijo la representante María del Mar Pizarro.

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