
Nutrición y futuro: los desafíos de Colombia para garantizar alimentos seguros, nutritivos y sostenibles
En la conversación inicial del foro 'Nutrición y futuro: ¿cómo se alimenta Colombia?', organizado por CAMBIO, expertos en nutrición, metrología y control técnico discutieron qué entendemos por calidad alimentaria, cómo se mide, quién la garantiza y qué retos enfrenta el país para asegurar que lo que llega a la mesa de los colombianos sea seguro, nutritivo y producido de manera responsable.
Por: Valentina Giannini
Aunque Colombia ha mejorado en capacidad productiva y disponibilidad de alimentos, aún enfrenta enormes retos para asegurar que estos lleguen a todos y que lo que reciben los consumidores sea de calidad. Según la FAO, 14,4 millones de colombianos viven en condiciones de inseguridad alimentaria moderada o grave, y más de 7,8 millones no tienen garantizado el acceso estable a una alimentación suficiente y nutritiva.
En ese escenario, CAMBIO organizó el foro ‘Nutrición y futuro: ¿cómo se alimenta Colombia?’, que inició con la conversación ‘¿Por qué hablar de calidad de alimentos en Colombia?’.
Allí, la superintendente delegada para el control y verificación de reglamentos técnicos y metrología, Beatriz Helena Sánchez, y el profesor, nutricionista y dietista de la Universidad Nacional, Cristian David Murcia, plantearon no solo la urgencia de garantizar inocuidad y acceso, sino de revisar qué entendemos por calidad, seguridad y sostenibilidad alimentaria en Colombia.
¿Qué es calidad alimentaria y cómo se garantiza?
Para la superintendente delegada Sánchez, la calidad no siempre se manifiesta de manera evidente para el consumidor. “La calidad es algo que viene de manera silenciosa”, aseguró.
Sánchez explicó el rol del Subsistema Nacional de la Calidad, que vela porque se cumplan los estándares técnicos en los productos que llegan al mercado. Esto incluye, por ejemplo, mediciones para verificar la inocuidad de los alimentos, el contenido real de vacunas para ganado o los niveles de mercurio en productos de consumo.

De cara al consumidor, la experta insistió en que la calidad también implica transparencia. “La calidad está en que efectivamente se le entregue al consumidor lo que se le dice que hay”, que las etiquetas sean claras, veraces y comprobables.
Sánchez recordó que la Superintendencia vigila aspectos cotidianos, como las balanzas de los mercados. “Todas las balanzas que ustedes ven en los mercados y en las estaciones de combustible tienen que ver con nosotros”, dijo.
Nutrición, sostenibilidad y cultura alimentaria
Para el profesor y nutricionista Murcia, la definición de calidad alimentaria en Colombia todavía se queda corta. Según explica, el debate nacional se ha concentrado en la inocuidad y la trazabilidad, pero ha dejado por fuera tres dimensiones fundamentales: el valor nutricional, la sostenibilidad ambiental, y la cultura alimentaria.
Murcia insistió en que “hoy no podemos hablar de calidad sin hablar en términos de lo ambiental y de lo que implica la producción alimentaria a nivel territorial”.

Esa mirada supone ampliar la discusión sobre trazabilidad. Ya no basta con contar de dónde viene el alimento y si se transportó y manipuló correctamente, también es necesario preguntarse por su impacto ecosistémico. “Hoy la discusión sobre la trazabilidad debe incluir un tema sustancial y es de dónde proviene y el impacto ambiental que está teniendo ese alimento”, dijo.
Murcia planteó una pregunta decisiva para el debate nacional: ¿hasta qué punto sostener la alimentación de nosotros como seres humanos está generando un desequilibrio ecosistémico? Para él, el reto más grande que tiene el país es lograr “ver el alimento en toda su magnitud”: como un asunto que involucra nutrición, cuidado del territorio, salud pública y derecho humano a la alimentación.
Inocuidad: un avance necesario, pero no suficiente
El panel también revisó cómo funciona la política de inocuidad en Colombia, creada formalmente en 2008. Murcia recordó que la premisa básica es que “ningún alimento tiene que ser inseguro para las personas”.
Esto implica que ningún producto llegue al consumidor sin garantizar su seguridad, algo que se verifica con controles como etiqueta, fecha de vencimiento, transporte y almacenamiento, entre otros. Sin embargo, advirtió que el debate nacional se ha concentrado tanto en inocuidad que a veces se olvida una prioridad aún más urgente: la seguridad alimentaria y el acceso a la alimentación.

“Hemos puesto la inocuidad por delante cuando el problema de fondo está asociado es la ausencia de alimentos, a la disponibilidad y al acceso de alimentos”, explicó.
La superintendente Sánchez señaló que Colombia enfrenta también importantes desafíos para garantizar que la producción alimentaria sea sostenible y competitiva. En temas de energía y costos de insumos, explicó que el país tiene “retos de deficiencia energética” y que se debe avanzar en mayor eficiencia productiva y mejores prácticas a lo largo de toda la cadena agroindustrial.
Soberanía alimentaria: lo que falta en el diseño de políticas de Estado
Murcia también llamó la atención sobre un problema recurrente de la política pública: la desconexión con los territorios y sus tradiciones alimentarias. Recordó que en contextos como la Amazonía, la leche no ha sido históricamente parte de la dieta y explicó que en esas zonas “el reto debería estar asociado es a buscar las fuentes que de alguna u otra manera pueden estar presentes en el territorio para garantizarlo”.
Es decir, que las soluciones deben partir de las realidades locales y no imponer modelos que no corresponden a la cultura o los ecosistemas comunitarios. En ese sentido, reiteró que “lo que realmente estamos peleando es un tema del derecho a la alimentación”.
Por otra parte, un punto clave de la conversación tuvo que ver con la relación entre consumidores y productos en el mercado. Sánchez señaló que el desafío es fortalecer la confianza en etiquetas y empaques. “Como consumidores no debemos ser inducidos a error”, dijo.

Según ella, ejemplos como bebidas vegetales ubicadas junto a lácteos generan confusión, e incluso prácticas de exhibición o empaque pueden inducir a malentendidos. La funcionaria insistió en que la transparencia debe abarcar todo. “Nosotros también estamos pendientes, desde el punto de vista de competencia, de que haya un cumplimiento normativo relacionado con lo que se le avisa o lo que se le dice al consumidor”, mencionó.
La superintendente también explicó que los retos que enfrenta la SIC son “principalmente territoriales y de capacidad operativa”. Dijo que el organismo no tiene la capacidad presupuestal ni física para acceder a todos los territorios y en su mayoría “las entidades están centralizadas”.
En ese sentido, un camino posible son las “campañas para verificar productos básicos de la canasta familiar” y la pedagogía sobre la alimentación.
Ambos coincidieron en que la educación y la información al consumidor pueden impulsar esta cultura alimentaria y mejorar la situación a nivel nacional. La superintendente explicó que esto se puede lograr, en primer lugar, “educando al mismo Estado”.
Para cerrar, el profesor Murcia señaló que “Colombia necesita una política pública que abra el espectro, piense en la megadiversidad que tiene este país y que efectivamente piense que podemos resolver los problemas de hambre en el corto plazo”.
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