6 Marzo 2022

Iván Cancino: un abogado del diablo

Iván Cancino y uno de sus trinos en el que defiende el oficio del abogado.

Crédito: Cambio

Hijo de dos eminencias del derecho, Iván Cancino ha ejercido su profesión de una manera polémica. Algunos le reprochan sus estrategias y otros consideran que es el litigante más efectivo de Colombia. Esta semana ha estado envuelto en dos escándalos por las actuaciones de sus clientes Carlos Mattos y Diego Cadena.

Enilce López, alias la Gata, la turbia empresaria del chance condenada por homicidio; Carlos Mattos, el estrafalario billonario de las páginas sociales, confeso sobornador de jueces; Víctor Maldonado, magnate en desgracia acusado del desfalco de InterBolsa; Diego Cadena, el oscuro visitador de cárceles que se define a sí mismo como “abogánster”; y Cayita Daza, la antigua asistente del senador Álvaro Uribe, amiga de alias el Ñeñe y quien no ha pronunciado una sola palabra cuando ha sido llamada por la justicia. Todos ellos tienen en común al abogado que escogieron para defenderlos: Iván Cancino González, penalista, hijo de quien fuera uno de los más célebres criminalistas de Colombia, Antonio José Cancino, y de Emilssen González, una reconocida académica que dedicó su vida a la enseñanza de las leyes. 

Es verdad que ningún abogado es responsable de las acciones de sus clientes –si él no ha participado en ellas– y que toda persona tiene derecho a la defensa. Sin embargo, el listado de clientes y la estrategia de defensa de Cancino no dejan de llamar la atención. 

Por cuenta de su legado, Iván Cancino empezó su carrera rodeado de los mejores augurios, pero se ha hecho famoso, más bien, por su habilidad para caminar por el límite de los códigos, usar hábilmente los vencimientos de términos, las tácticas dilatorias y por ejercer su trabajo como defensor de manera controversial, con una serie de prácticas cuya ética no convence a todos sus colegas. 

Iván Cancino empezó su carrera rodeado de los mejores augurios, pero se ha hecho famoso, más bien, por su habilidad para caminar por el límite de los códigos.

Aunque todos sus clientes son distintos, se ha vuelto común que los poderdantes de Iván Cancino sufran convenientes enfermedades a la hora de declarar o en el momento de evadir la cárcel. También es frecuente que los procesos marchen hacia la prescripción de la pena por cuenta de la administración de los tiempos procesales por parte de la defensa. 

Esta semana, por ejemplo, Cancino fue grabado mientras se reunía con su cliente Carlos Mattos. El empresario debía estar recluido en la cárcel La Picota pero, gracias a su poder corruptor, conseguía permisos médicos que usaba para recorrer la ciudad y despachar desde su lujosa oficina en el norte de Bogotá. Cuando el canal Caracol publicó las imágenes, Cancino, con todo el desparpajo, llegó a decir que se trataba de un encuentro casual. Su afirmación, contradicha por las evidencias, originó una discusión pública sobre sus acciones que apenas empezaba cuando surgió otro hecho que despertó grandes interrogantes: otro de sus clientes, el llamado "abogánster" Diego Cadena, había salido del país con rumbo a Panamá a pesar de estar cobijado con una medida de aseguramiento. 

La defensa de Cancino a Cadena empezó con uno de sus trucos más conocidos. Para impedir la celebración de la audiencia, el cliente argumentó que padecía un vergonzoso malestar estomacal, mientras que el abogado aseguró que no podía llegar a la diligencia porque tenía que atender una emergencia odontológica. Cancino se precia de usar hasta la diarrea como herramienta jurídica.

Dentro de ese mismo caso Cancino alegó que la Fiscalía no le había hecho llegar unas fotocopias legibles de una parte del proceso, pero esperó meses antes de decirlo confiando en que el reloj del vencimiento de términos le ayudaría a sacar a su cliente de su cómoda detención domiciliaria. El abogado Cancino no solo las hace sino que las celebra en redes sociales. Cuando de manera breve logró la revocatoria de la detención domiciliaria de Cadena se grabó cantando la canción Libre de Nino Bravo.

Otro caso ha sido el de Cayita Daza a quien le recomendó no mencionar una sola palabra sobre la presunta financiación de José Guillermo Hernández, alias el Ñeñe, a la campaña presidencial de Iván Duque. Desde luego es un derecho universal el de guardar silencio pero Cancino lo ha vuelto prácticamente una bandera de batalla.

 

Víctor Maldonado, vinculado judicialmente por estafa y otros delitos en el caso Interbolsa, también hizo uso del argumento de salud para que le dieran casa por cárcel. En esa ocasión Cancino anunció que los exámenes para Maldonado debían ser realizados por médicos privados porque no confiaba en Medicina Legal, alegando que esa entidad dependía de la Fiscalía, acusadora de su prohijado. 

La reina del chance, Enilce López, la Gata, consiguió irse a su casa tras ser condenada a 35 años de prisión. Cancino convenció a un juez de darle el beneficio argumentando razones de salud. Según su abogado, la Gata padecía 26 enfermedades distintas que aparentemente no podían ser diagnosticadas sino por sus médicos, ya que rechazaba los dictámenes de los especialistas del hospital de Soacha. La condenada asesina ha pagado la mayor parte de su pena en una clínica privada y en su casa. Pero sin lugar a dudas el cliente estrella de Iván Cancino ha sido Carlos Mattos. Una especie de tres en uno porque se ha beneficiado de pretendidas enfermedades, maniobras dilatorias y hasta de las explicaciones de su abogado cuando fue grabado evadido de la cárcel. 

Cuando Carlos Mattos de 74 años fue detenido en España en octubre de 2021, Cancino desde Colombia declaró que su cliente no iría a una celda sino a un cuarto de enfermería en ese país. Al siguiente mes, cuando por fin pudo ser extraditado a Bogotá, se le vio balanceándose en un sofá mientras repetía la frase: “Quieren matarme”. 

Cuando finalmente fue extraditado Mattos se mostró débil, desorientado y enfermo. En algún momento de la diligencia se desmayó ante la cámara mientras Cancino y un agente de la Policía estratégicamente ubicado acudían a socorrerlo. 

El juez de garantías, quien seguramente estaba al tanto de la tradición de los clientes de Cancino, simplemente revisó los reportes médicos y anotó que dos especialistas habían diagnosticado que el extraditado Mattos no padecía ninguna enfermedad que le impidiera atender la audiencia y lo envió en el acto a una cárcel recomendando que fuera La Modelo. Curiosamente el director del Inpec, general Mariano Botero Coy, destituido esta semana por el escándalo de Mattos, decidió en esa ocasión enviarlo a un patio de funcionarios, a pesar de que el reo no tenía esa condición. 

Las imágenes de Caracol que lo registran entrando a su oficina del norte de Bogotá muestran a un Carlos Mattos vigoroso y lleno de energía. Sin embargo, cuando recibe la notificación del Inpec de que iba a ser trasladado a la cárcel de máxima seguridad de Cómbita, volvió el paso vacilante y la trémula voz de Mattos asegurando: “He estado todo el día muy enfermo”. 

Sin embargo, cuando recibe la notificación del Inpec de que iba a ser trasladado a la cárcel de máxima seguridad de Cómbita, volvió el paso vacilante y la trémula voz de Mattos asegurando: “He estado todo el día muy enfermo”. 

Iván Cancino es fundador del Colegio de Abogados Penalistas de Colombia, un relativamente nuevo organismo gremial que impulsa en el Congreso un proyecto de ley para aprobar un nuevo Código Disciplinario de los abogados litigantes, código que seguramente establecerá mayores niveles de tolerancia para estos golpes de astucia que han caracterizado la carrera de este defensor.