Despegan los negocios verdes

Crédito: Yulieth Mora / Instituto Sinchi

El Instituto Sinchi, Natura y la ONG CorpoCampo aprovechan de manera sostenible el inmenso potencial de recursos y productos naturales del Amazonas.

En las selvas del Amazonas crecen árboles con frutas exóticas poco conocidas en el país pero que cuyo sabor y propiedades nutritivas son muy apreciadas en los mercados internacionales, especialmente en Europa y Estados Unidos. Con nombres como camu camu, arazá, asaí y copoazú, se están convirtiendo en la puerta para el desarrollo de los bionegocios o negocios verdes con los cuales espera posicionarse el departamento y la región de la Amazonía.

Cabe señalar que los bionegocios son aquellas actividades de producción y comercialización de bienes y servicios que se realizan bajo criterios de sostenibilidad ambiental, social y económica y que aportan al desarrollo de los territorios. 

El copoazú, llamado cacao blanco, es una fruta tropical con una pulpa carnosa, de aroma agradable que se utiliza no solo en jugos y helados sino en cosmética. Natura, la multinacional de cosméticos de Brasil lleva más de 20 años trabajando con comunidades de la Amazonía y comenzó a explorar nuevas posibilidades en Colombia. Junto con el Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas Sinchi, inició un proyecto para la producción de manteca de cacao para la fabricación de productos cosméticos. 

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El copoazú es una fruta nativa del Amazonas que se ha convertido en una fuente para el desarrollo de negocios verdes.
Cortesía: Yulieth Mora / Instituto Sinchi

La compañía ya ha producido 500 kilos de manteca de este fruto, beneficiando a 68 familias, 27 de ellas en el departamento del Caquetá y protegiendo 250 hectáreas de bosque. Como parte de esta iniciativa y con el fin de sustituir los cultivos ilícitos, detener la deforestación y contrarrestar los efectos negativos del cambio climático, firmó en Leticia, capital de Amazonas, un acuerdo de cooperación para la consolidación de la cadena de valor del copoazú entre el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, el Instituto Sinchi, Agrosolidaria y la Asociación de Copoazú de Belén de los Andaquíes.

Natura puso en marcha la iniciativa Amazonía Viva para proteger la selva colombiana y generar recursos para las comunidades a través del biocomercio ético, es decir, obtener ingresos justos para las familias productoras, fomentar el desarrollo de prácticas sustentables y restaurar los ecosistemas.  

El Instituto Sinchi, uno de los principales centros de investigación del Amazonas vinculado al Ministerio del Medio Ambiente, trabaja desde hace años en programas asociados a la protección del medio ambiente y la generación de ingresos para que las comunidades usen la biodiversidad de manera sostenible.

Su directora, Luz Marina Mantilla, le dijo a CAMBIO que en desarrollo de la agenda de bioeconomía tienen otros proyectos como una planta de bioempaques en Puerto Nariño para elaborar productos biodegradables con materiales de yuca y plátano, que reemplazan los envases de plásticos e icopor que causan tanta contaminación. 

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La directora del Instituto Sinchi, Luz Marina Mantilla (primera a la derecha), en la planta procesadora de cacao, en Puerto Nariño.
Cortesía: Frank Chávez / Instituto Sinchi

También desarrollan dos proyectos conjuntos con Perú. Uno de ellos es de piscicultura en 7,8 hectáreas de espejo de agua en 28 localidades de Colombia y Perú. El otro es la primera planta de procesamiento de cacao en Puerto Nariño, que se puso en operación el pasado 10 de octubre, y que beneficiará a 109 familias de 11 comunidades indígenas. Este proyecto cuenta con 70 hectáreas sembradas de cacao y en la planta se procesarán 650 kilos cada mes para la elaboración de productos como cacao en polvo, manteca de cacao, barras de chocolate con semillas y dulces rellenos.

“Trabajamos con productos forestales no maderables como cortezas, fibras, resinas y frutales y participamos en proyectos para promover la gestión sostenible de los bosques”, dice Mantilla, quien destaca la labor de la Gobernación del Amazonas y de la Corporación para el Desarrollo Sostenible del Sur de la Amazonia (Corpoamazonía).

Así lo confirma Luis Alexander Mejía, director de Corpoamazonía, quien dice que la corporación ha apoyado 219 emprendimientos que tienen el sello de negocios verdes de los cuales 107 están en el Putumayo, 77 en Caquetá y 35 en Amazonas, relacionados con turismo de naturaleza, acceso a productos maderables y no maderables, artesanías, manejo de semillas, tejidos y transformación agroindustrial.

También hay una alianza para el fortalecimiento de chagras tradicionales para la obtención de fariña de yuca y cultivo de plátano con la Asociación de Productores de Fariña de Arara. El modelo productivo de las comunidades indígenas son las chagras o cultivos, que buscan el autoconsumo y sostenibilidad de la comunidad.

Del Amazonas para el mundo

Pero si bien estos negocios verdes están despegando en el departamento, desde hace más de 20 años un emprendedor puso la mira en los frutos de la Amazonía. Se trata de Édgar Montenegro, fundador de CorpoCampo ONG, que apoya a pequeños productores con cultivos tradicionales de la región.

Montenegro, de origen campesino, inició actividades hace más de 30 años en Puerto Asís (Putumayo), de donde es oriundo, y se convirtió en el pionero en palmito, cultivo con el cual comenzó a sustituir plantaciones de coca. En 2001, con el montaje de una planta de producción expandió su negocio y comenzó a comercializar sus productos en los supermercados. Uno de los obstáculos para él y muchos emprendedores es la falta de vías de comunicación que frenan o encarecen mucho el transporte de mercancías. 

En 2009 se interesó por el asaí, una fruta de color morado, del tamaño de una uva pequeña, que se ha ganado una gran reputación mundial por ser fuente de vitaminas, proteínas, fibra y que tiene hasta 30 veces más antioxidantes que el vino tinto. Por eso es considerada una fruta antienvejecimiento. 

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El asaí es una fruta reconocida por su valor nutritivo. 
Foto: Yulieth Mora / Instituto Sinchi

Brasil es el primer productor mundial y líder en exportación de asaí, pero Colombia, con el impulso de empresarios como Montenegro, también está incursionando con este producto, al punto que el año pasado las ventas de CorpoCampo ascendieron a 3,4 millones de dólares, especialmente en mercados de Estados Unidos, Europa y Nueva Zelanda. La producción de asaí ascendió a 400 toneladas y en palmito fueron otras 1.200 toneladas al año.

“Necesitamos un consumidor más consciente que promueva estos productos, que haya políticas de gobierno que permitan su desarrollo y comercialización”, dice Montenegro, quien sostiene que es muy complicado trabajar en zonas donde no hay una logística adecuada, ni vías de comunicación ni incentivos tributarios que faciliten el cultivo. Donde sí ha encontrado apoyo es en la comunidad internacional. CorpoCampo ganó en 2018 el premio Business For Peace, de Noruega, por sus negocios inclusivos y la creación de valor económico y social.

Estos son ejemplos de cómo se pueden aprovechar de manera sostenible los inmensos recursos naturales del Amazonas. Se necesita mayor esfuerzo para fomentar la creación de negocios, en un departamento donde las fuentes de empleo son escasas y el aporte a la economía del país es de solo el 0,1 %. 

La serie periodística “La Fuerza de las Regiones” de Cambio Colombia es apoyada por Grupo SURA, que cree que un desarrollo armónico es posible con una gestión integrada y balanceada de los capitales económico, social, humano y natural.