26 Agosto 2022

La fe de la cúpula militar

Crédito: Yamith Mariño Díaz

Los comandantes de cada una de las fuerzas encomendaron a Dios y a la Virgen el trabajo que acaban de iniciar en los altos mandos militares y de Policía. ¿Serán sus creencias perjudiciales para las personas que profesen otros cultos?

Por: Javier Patiño C.

El sábado 20 de agosto, durante la ceremonia de reconocimiento de mando ante el presidente de la república, Gustavo Petro, los comandantes de Ejército, Fuerza Aérea y Armada recibieron sus respectivas responsabilidades con la misma frase: "De la mano de Dios, de la Virgen santísima y de mi familia, asumo el mando". 

Minutos antes, monseñor Jorge Hincapié Henao, vicario general del obispado castrense, por medio de una oración, había puesto él mismo en las manos de Dios las tareas que estaban a punto de iniciar los nuevos integrantes de la cúpula.

La relación entre las fuerzas militares, de policía y la religión católica se remonta hasta la campaña libertadora y se ha fortalecido con el paso de los años. A fin de cuentas, puede que la Constitución de 1991 ya no reconozca a Dios como la autoridad suprema, pero, aún así, invoca su protección en el preámbulo.
    
En 1949, monseñor Ismael Perdomo Barrero, arzobispo de Bogotá, en vista del permanente acompañamiento espiritual en los batallones, solicitó al Vaticano la creación del Vicariato Castrense de Colombia.

La  solicitud fue aceptada solo en 1986, cuando el papa Juan Pablo II, en la Constitución Apostólica Spiritusali Militum Curae, ordenó a los episcopados de todo el mundo encargar a un obispo para que atendiera las necesidades espirituales de los uniformados.

Así, en 1990 nació en Bogotá el primer seminario castrense del mundo, un centro de formación para uniformados con vocación sacerdotal y para jóvenes que quieran hacer parte del obispado castrense.

La gran mayoría de los uniformados colombianos son católicos, creen en Dios y se encomiendan a la Virgen. De hecho, ningún soldado o policía sale a cumplir una misión sin la bendición sacerdotal y sin la imagen de la Virgen pegada a su piel. 

Es común encontrar, no solo en las iglesias de los cantones militares sino en los mismos despachos de los comandantes, figuras como la Virgen del Carmen, María Auxiliadora y la Virgen de Loreto, de las cuales son adoradores. Sin embargo, la más destacada durante las más recientes ceremonias de cambio de mando fue la Virgen de Fátima, de la que el director de la Policía, Henry Sanabria, y el comandante del Ejército, Luis Mauricio Ospina, son especialmente devotos.

“Soy católico, considero que siempre tenemos que estar unidos a un ser superior, a un dios, que es el que nos permite y nos da la capacidad y la fuerza para tomar decisiones y poder sacar adelante la solución a tantos problemas que aquejan en el país”, le dijo a CAMBIO el comandante de las fuerzas militares, general Helder Giraldo.

“Soy un hombre creyente, de fe y desde mi fuero personal estoy seguro de que los grandes logros de mi vida han sido gracias a Dios y la Virgen, por lo que mi liderazgo lo baso poniendo primero a Dios. Mi familia es católica y desde niño mi madre me enseñó ese amor”, afirmó el general Luis Mauricio Ospina, comandante del Ejército.

 

“Necesitamos de esa iluminación divina para tener siempre fortaleza, sabiduría, discernimiento y tomar buenas decisiones”, añadió Francisco Hernando Cubides, comandante de la Armada Nacional.

Finalmente, el general Luis Carlos Córdoba, comandante de la Fuerza Aérea, afirmó: "Siempre hay que buscar una ayuda espiritual".

¿Libertad de cultos?

La gran inquietud es si las creencias de los altos mandos intervendrán en sus decisiones, o si se opondrán a las creencias que no sean las suyas.

"El temor es infundado –dice un vocero de monseñor Henao, obispo castrense–. Hemos siempre buscado un diálogo con los pastores de otras iglesias y sabemos que se les abren espacios en los batallones, estaciones y oficinas principales para realizar sus ceremonias”, señaló.

Por su parte, el general Ospina, comandante del Ejército, aclara que la institución tiene como principio el acatamiento de la Constitución y la Ley. "Somos un Estado laico y salvaguardamos y respetamos los derechos de todos nuestros uniformados".

A esta afirmación se une el general Henry Sanabria, director de la Policía: “En la Policía respetamos las creencias de nuestros hombres y mujeres. Se les permite en las mismas instalaciones que se puedan reunir para hacer sus oraciones sin ser estigmatizados”.

El general Giraldo, comandante de las Fuerzas Militares, añade: “La libertad de cultos hace parte de las fuerzas militares, no hay ningún impedimento, sabemos que en nuestras unidades militares prevalecen las iglesias, allí no se obliga a las personas a participar en las ceremonias católicas, y se les abre espacios para ejercer con tranquilidad su religión”.
 
Para todos los integrantes de la cúpula es claro lo señalado en la Constitución en su artículo 19, que garantiza la libertad de cultos. “Toda persona tiene derecho a profesar libremente su religión y a difundirla en forma individual o colectiva. Todas las confesiones religiosas e iglesias son igualmente libres ante la ley”.

Y las minorías... ¿qué?

La otra preocupación que surge es si sus creencias religiosas afectarán a las minorías, en especial las comunidades LGBTI+, que siempre se han sentido perseguidas por las autoridades. La nueva cúpula militar también dejó en claro que una cosa es su fe y otra la garantía constitucional, que en el artículo 13 de la Constitución nacional, señala: “Todas las personas nacen libres e iguales ante la ley, y recibirán la misma protección y trato de las autoridades y gozarán de los mismos derechos, libertades y oportunidades sin ninguna discriminación por razones de sexo, raza, origen nacional o familiar, lengua, religión, opinión política o filosófica”.

Los generales dicen tener claro que la actual sociedad ha presentado cambios que las fuerza militares no pueden negar. De hecho, el general Giraldo fue más allá. ¿Podría un miembro de la comunidad LGBTI+ ingresar a las fuerzas militares?

Para el general Giraldo, la orden dentro de las fuerzas militares es el respeto por las personas, sin diferencia de sexo, raza y, en especial, tendencia sexual. “Las personas de las comunidades minoritarias tienen las puertas abiertas”, concluyó.