15 Julio 2022

La tragedia humana que es cruzar el Tapón del Darién

Crédito: Yamith Mariño Diaz

En la última semana murieron al menos cuatro migrantes venezolanos que buscaban cruzar el Tapón del Darién. Su objetivo era llegar a Estados Unidos, como lo ha sido el de más de 133.000 personas que también intentan cruzarlo cada año. Hablamos con Paloma Ruíz, la psicóloga que se encarga de dar los primeros auxilios psicológicos a los migrantes que logran sobrevivir a esta traumática experiencia.

Por: Maria F. Fitzgerald

“Acá las personas llegan destruidas. La cantidad de migrantes que recibimos en condiciones deplorables de salud es impresionante. Llegan colapsados, con heridas abiertas, con huesos rotos, sin alimentarse, deshidratados. Sabemos, además, que muchos mueren o quedan abandonados en el camino luego de que se han lastimado. Pero las marcas a nivel psicológico, por todas las violencias que experimentan, son mucho peores”, asegura Paloma Ruiz, una de las pocas psicólogas de Médicos Sin Fronteras que logran recibir y dar atención de urgencia a los migrantes que cruzan por la selva del Tapón del Darién. 

Anualmente, se calcula que el paso es cruzado por más de 133.000 personas; esto, de acuerdo con las cifras que manejan en la Estación migratoria de San Vicente, el puesto de atención de Médicos Sin Fronteras en Panamá, donde los recibe Paloma. Quienes atraviesan son migrantes que viajan de todas partes del mundo, intentando pasar Colombia para llegar hasta Panamá, seguir subiendo, cruzar la frontera de México y así alcanzar Estados Unidos, o quedarse antes en Costa Rica. Y pese a las historias trágicas que cuentan la realidad de cruzar por aquí, cada año la cifra de migrantes continúa en ascenso.

El 14 de julio, un hilo en Twitter mostró una serie de videos que retratan la realidad de cruzar este paso: "Vimos padres ahorcándose porque murieron sus hijos", dice uno de los migrantes que se grabó luego de pasar. Todos piden que nadie más se deje engañar por esta alternativa. Solamente la última semana murieron cuatro hombres venezolanos, entre los que había un menor de edad. Sin embargo, miles siguen cruzando cada día y, dice Paloma, el paso del Darién no es lo peor del recorrido. 

 

“Hemos visto los peores casos de violencia llegar acá”

En este camino a diario se reportan varias muertes y ya es calificada como una de las rutas migratorias más peligrosas en el mundo. De acuerdo con cifras de la misión médica de Médicos Sin Fronteras, al día pueden atender entre 300 y 900 personas. 

Y es una ruta sobre todo peligrosa, principalmente para quienes deben recorrerla caminando en toda su extensión. Porque existen dos opciones: la primera es pagar 400 dólares para tomar una lancha que los llevará desde Capurganá (en Colombia), hasta Carreto (en Panamá); una vez allí, deben cruzar caminando el resto de la selva por dos o tres días y finalmente llegar a la comunidad indígena de Canáan Membrillo (también en Panamá). 

La otra opción es pasar toda la selva caminando durante diez días. Allí es cuando los migrantes se exponen a mayores grados de riesgo, pues esta ruta también es utilizada por grupos armados para sacar producciones de drogas y armas, lo que ha significado que diariamente los migrantes denuncien robos, agresiones, asesinatos y violencia sexual. A esto se suma la dureza del terreno: con ríos caudalosos, acantilados y animales salvajes. 

Paloma Ruiz asegura que, para ella, el drama humano que allí se vive no tiene proporciones. “Nosotros hemos tenido que atender a niñas pequeñas y mujeres que han sido violadas por varios hombres. Familias enteras que han sido extorsionadas para entregar todas sus cosas, o si no amenazaban con asesinarlas. Sabemos de personas que han sido asesinadas por los mismos coyotes que les ofrecían protección. Yo he tenido misiones en varias regiones del mundo, pero nunca había visto esto”, asegura. 

Parte de su misión es recibir y dar primeros auxilios psicológicos a los migrantes para mitigar los impactos de la experiencia que acaban de atravesar. Y es que de acuerdo con cifras de la misma misión: “Hasta mayo de 2022, Médicos Sin Fronteras ha realizado 100 consultas por violencia sexual en la estación de San Vicente –en 2021 se realizaron 328 consultas por violencia sexual–”.

Paloma recuerda que uno de los casos que más la impactó fue el de una familia haitiana con tres niñas pequeñas. Las tres y la madre fueron abusadas sexualmente por hombres armados que las extorsionaron: si no se dejaban violar, asesinarían al padre de la familia. “La mayor de las niñas tenía 14 años. El padre de ellas, que era un hombre muy alto, me decía que se sentía especialmente mal porque no había sido capaz de proteger a sus hijas. Que no sabía cómo había sido capaz de llevarlas a cruzar ese paso”, asegura Paloma. 

De acuerdo con cifras presentadas por Unicef, durante 2020 (cuando cruzaron cerca de 24.000 personas), al menos el 16 por ciento eran niñas y niños. Pero ese número se duplicó: para 2022, uno de cada cinco migrantes es menor de edad, de acuerdo con cifras de la misma organización. 

“Es un drama de muchas nacionalidades. Ahí ya llegan personas de todo el mundo” 

“Uno creería que esto es un drama latinoamericano, pero no. Nosotros hemos atendido a personas del Oriente Medio, sobre todo sirios, y también de países africanos, como Senegal. Sin embargo, también llegan muchas personas desde Haití, Cuba, Venezuela y, por supuesto, Colombia”, señala Paloma, quien ha tenido que desarrollar métodos de comunicación a través de gestos y dibujos y así lograr ayudar a sus pacientes.  

La mayoría de migrantes que cruzaron el Darién durante 2021 fueron haitianos. De los 134.000 migrantes que llegaron a Panamá, el 62 por ciento eran de Haití. Son seguidos por los cubanos, que representan el 14 por ciento; luego las personas provenientes de distintos países de África, que son aproximadamente el 3 por ciento, y en último estaban los venezolanos, que representaban el 2 por ciento. No obstante, este año, de las 19.000 personas que cruzaron entre enero y abril, 6.951 eran venezolanas. 

Para Paloma, el drama continuará si no se da una atención efectiva a quienes deciden arriesgar sus vidas con tal de cruzar. Ella señala que, además de todo lo que viven en el Tapón del Darién, han recibido denuncias de que, más adelante, en la frontera con México, los carteles están captando a los migrantes para forzarlos a trabajar con ellos: “Esto debe entenderse como lo que es: una absoluta tragedia. Nosotros seguiremos atendiendo a la medida de nuestra capacidad, pero finalmente nuestras acciones son paños de agua tibia para aliviar un problema muy complejo, que necesitaría de mucha más voluntad política para solucionarse”.