10 Junio 2022

Problemas de memoria

Crédito: Yamith Mariño Diaz

La Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) acaba de reprender al director del Centro Nacional de Memoria Histórica, Darío Acevedo, por querer olvidar a propósito el papel del paramilitarismo en el conflicto armado colombiano.

Por: Maria F. Fitzgerald

La Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) abrió un incidente de desacato en contra de Darío Acevedo, el actual director del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), luego de que el director decidiera modificar la colección “Voces para transformar a Colombia” retirando todos los elementos relacionados con el paramilitarismo. 

Acevedo ha sido una figura controversial desde que asumió el cargo.  Las críticas le llueven por todos lados: exfuncionarios del Centro Nacional de Memoria Histórica lo consideran un pésimo gestor de la continuación del ejercicio de reparación a las víctimas. Directores de otras redes de memoria señalan que desde su administración, la memoria histórica quedó fragmentada en el país. 

Recientemente estuvo involucrado en un nuevo escándalo por sus modificaciones al guion museológico que se utilizará para la consolidación del Museo de la Memoria. En este guion, Acevedo se niega a reconocer el paramilitarismo. 

 

La negligencia de la administración

“Su negacionismo es reiterativo”, dice María Emma Wills, exasesora del Centro de Memoria bajo la dirección de Gonzalo Sánchez. “Un trabajo truncado", agrega Laura Montoya, quien renunció a la dirección del Museo de memoria porque se encontró con una serie de obstáculos que le impidieron terminar la construcción y consolidar su funcionamiento. 

“Mi objetivo en ese cargo fue trabajar de la mano de las víctimas para gestionar conjuntamente el proceso que haríamos en el museo. Sin embargo, la actitud del señor director siempre fue cortante y, sobre todo, sentí que a mi trabajo se le pusieron muchas trabas siempre. Y sin querer hablar por nadie más, sé que varias de las renuncias se dieron por motivos similares”, asegura Montoya. 

Desde que asumió la dirección del museo, sabía que la tarea sería compleja. La administración de Acevedo quedó encargada de llevar a cabo la planeación y construcción de un museo que empezara a consolidar la memoria del conflicto armado en el país. Este museo se planteó por la Ley 1448 de 2011, que estableció la creación de uno que conmemorara a las víctimas del conflicto armado en Colombia. Sin embargo, a pesar de que debía entregarse en el primer semestre de 2020, hasta el día de hoy la mala gestión ha llevado a que el museo esté lejano a ser una realidad. 

“Para mí, sobre todo, hay una dirección con muy poca capacidad de gestión. De muy poca competencia. Muy poca capacidad de entender lo que está haciendo. Ha sido más bien un intento de controlar sobre todo el museo y apoderarse de todo lo que ha ocurrido en el Centro, con una supuesta idea de darle equilibrio a la narrativa del conflicto. Pero esto ha sido traumático para todos los sectores de la memoria en Colombia, porque Acevedo está defendiendo unos intereses muy puntuales en su discurso de la memoria”, considera Montoya. 

Para ella, la administración de Acevedo ha sido plenamente negligente en su llamado al liderazgo en los procesos de reparación a víctimas en el país. Montoya asegura que Darío Acevedo representa, justamente, todo lo que no se debería haber hecho. 

 

Una narrativa negacionista

Desde su nombramiento, Acevedo fue polémico. Las críticas llovieron pues algunos exfuncionarios e intelectuales del CNMH señalaron que el máximo criterio para la elección de Acevedo fue ser militante de una corriente partidista específica: el Centro Democrático. 

“Darío Acevedo viene de la izquierda, pero su narrativa actual representa los intereses de un partido político muy específico de la derecha colombiana. Ese proceso ha sido peligroso, no solo para la verdad histórica del país, sino por sus alianzas discursivas para dar más eco a las voces que ya eran suficientemente poderosas y se han mantenido siempre en el poder”, asegura Wills, quien considera que el trato que ha dado Acevedo al Centro ha sido, a todas luces, creado por el interés de un sector político muy específico que ha buscado modificar la narrativa del conflicto armado en Colombia. Así, han logrado empezar a sembrar una premisa: en Colombia no existió una guerra, sino una serie de ataques de grupos guerrilleros hacia la institucionalidad y el Estado. Por ello, Wills señala que esta narrativa fue creada para poner al Estado siempre en un papel de víctima, pero nunca de perpetrador, y eso haría que simplemente todos los crímenes de Estado desaparecieran de la narrativa oficial. 

Sin embargo, es Acevedo quien acusa a sus antecesores de ser sesgados por reconocer que los victimarios vienen de muchos lugares: “la manera en que él planea corregir nuestro supuesto sesgo es dar mayor espacio a voces que provengan de la oficialidad (de la fuerza pública, de los grandes empresarios) y eso se hace mucho más complicado porque Acevedo está buscando promover una contramemoria, dándole mayor resonancia a las voces más poderosas en Colombia. Eso es muy grave porque finalmente esas estructuras de poder están implicadas en las responsabilidades históricas del conflicto armado”, asegura Wills. 

Ese sesgo fue el que llevó a que la JEP abriera el auto 048 de 2021, en el que creó una medida cautelar que prohibió las modificaciones que Darío Acevedo pudiera hacerle al libreto del Museo de la Memoria y a la colección “Voces para transformar a Colombia”. 

El proceso se inició por una denuncia presentada por el senador Iván Cepeda, según la cual las modificaciones atentaban contra los acuerdos establecidos con las víctimas que participaron en la elaboración de ambas iniciativas. 

Para María Emma Wills, la administración de este director ha dejado una marca profunda en la memoria histórica de las víctimas en Colombia: “Él hace todo esto por convicción. No lo hace única y exclusivamente como un mandado para Uribe, ni para el Centro Democrático. Y eso es justamente lo peligroso. Decir que el Estado no estuvo involucrado en el conflicto armado es tener un sesgo cognitivo demasiado peligroso, que no debería reflejarse en algo tan importante como el Centro Nacional, ni mucho menos el museo”.