
Aviones, mentiras y seguridad nacional
El presidente Petro anunció que se gastaría miles de millones de dólares en aviones de guerra. La presión política obligó al gobierno a decir que la compra, por ahora, está frenada. Eso no es del todo cierto. La novela de los aviones, llena de incoherencias, improvisación y contradicciones, apenas está comenzando. Análisis a fondo de Gabriel Silva, exministro de Defensa.
Por: Gabriel Silva Luján
El proceso de compra de los aviones de combate, que anunciara el presidente Gustavo Petro, ha tenido todo el melodrama de una telenovela mexicana. Súbita declaración de amor arrebatado, arrepentimiento, celos, amantes ocultos, llanto, desamor y rupturas. Y, como todas las telenovelas de ese país, terminó en ranchera: “A todos diles que sí, pero no les digas cuando”. Y esto no pasaría de ser una más de las calenturas típicas a las que ya nos tiene acostumbrados el primer mandatario, sino fuera porque en este caso estaba comprometida la seguridad nacional y una cifra de inversión pública que supera los 2.500 millones de euros.
El gobierno notificó al país el 21 de diciembre, a solo cinco meses de su llegada al poder y de manera bastante sorpresiva, que había decidido invertir aproximadamente 2.500 millones de euros en la compra de 16 aviones de combate modelo Rafale producidos por la firma francesa Dassault Aviation. Sin considerar las ventas y entregas a Ucrania, esta compra sería una de las ventas de armas más importantes. El “negocio del año” para la industria militar europea.
El anuncio desató inmediatamente una gran controversia nacional. Desde diferentes posiciones ideológicas y desde distintos ángulos se cuestionó la conveniencia de la eventual adquisición de esas aeronaves. Un malestar que han expresado incluso los más íntimos amigos del gobierno: el senador Iván Cepeda emitió un inusual tuit afirmando que: “Lo digo con toda claridad: rechazo por principio el uso de armas, su producción y compra. A eso me he opuesto siempre y lo seguiré haciendo”.
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