
Sin brillo, pero con goles: Colombia le ganó a una triste y temerosa Uzbekistán
La Selección Colombia debutó con triunfo en el Mundial y quedó de líder del grupo K. Si bien el equipo le cumplió a la historia y derrotó un rival muy inferior, el fútbol le fue esquivo y en el aire quedaron más preguntas que respuestas.
Sincerémonos: le ganamos a un equipo mediocre. Sin historia, sin carisma, sin sorpresas ni relieve. Acabamos de jugar contra la peor selección que hayamos enfrentado en un Mundial. Ninguno de los apellidos impronunciables de los kazajos mereció mayor atención. Desde el pitazo inicial, los dirigidos por Cannavaro fueron todo cálculo y tacañería. Una plegaria colectiva de patadas, pelotazos y, en el mejor de los casos, centellazos de amor propio.
De fútbol, nada.
Así, con el empate entre Portugal y Congo, la papaya estaba servida. Era un deber histórico, emocional, futbolístico –y sí, patriótico– lograr darle la vuelta al rácano planteamiento de Uzbekistán. ¡Y lo logramos!
Y somos líderes del grupo K, despejamos los fantasmas de los debuts fallidos en las copas del mundo, James terminó sonriendo, y los 80.000 colombianos que colmaron el Azteca tendrán un lindo recuerdo para contarle a los suyos.
El fútbol, eso sí, lo vimos todos; también le fue esquivo a Colombia, que por la mayoría del partido jugó amodorrada, con el freno de mano puesto, imprecisa, predecible, parsimoniosa: adjetivos indeseables y muy peligrosos cuando de competir contra equipos de verdad se trate.
El golazo de Daniel Muñoz, la asistencia de museo de Luisito Díaz, el cabezazo de Campaz y la jugada espartana y exquisita de Juan Camilo Hernández para el tercer gol, no fueron sino matices luminosos de una presentación lánguida y deslucida.
Claro que ganar no será nunca un problema. Y claro que se vale, por unas horas, sacarse del cuerpo las ansias, la espera de 96 meses sin estar en un Mundial, las intrigas y los miedos naturales del estreno.
Pero, asimismo, corresponde poner la verdad en el centro de la mesa y, al repasar el partido, cuando la espuma del triunfo haya bajado, decir en voz alta que lo del debut, si la mejoría no es cabal, podrá quedarse en espejismo y en anécdota.
Lo bueno es que, lo sabemos todos, este equipo puede más. Mucho más.
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