5 Junio 2022

¿Cómo le fue a Rodolfo Hernández en la Alcaldía de Bucaramanga?

Crédito: Yamith Mariño

El ingeniero recuperó notablemente las finanzas de la ciudad, pero tuvo muy malas relaciones con el Concejo, se quedó colgado en infraestructura y no pudo frenar la inseguridad. Suspendido por la Procuraduría por participar en política, en septiembre de 2019 renunció al cargo antes de que culminara su período.

Lo que Rodolfo Hernández logró en Santander el pasado 29 de mayo no tiene precedentes. Consiguió el apoyo en primera vuelta del 67 por ciento de los electores del departamento, con 782.378 votos.  Su tierra natal es, sin duda, su fortín. Prueba de ello es que su contendor, Gustavo Petro, obtuvo medio millón de votos menos. 

El éxito del ingeniero tiene origen en su periodo como alcalde de Bucaramanga, entre 2016 y 2019. Con su insistente discurso anticorrupción, Hernández volcó la atención de los bumangueses hacia sus esfuerzos por disminuir la burocracia y sanear los estados financieros del municipio. Son pocas las obras de infraestructura que puede presumir, pero eso no afectó en nada su favorabilidad. Su narrativo caló de tal forma que hoy pocos recuerdan las dos suspensiones que le impuso la Procuraduría cuando era alcalde. 

Sus formas poco convencionales, tendientes a la confrontación, polémicas y arrebatadas, son su principal legado. Bucaramanga tiene un antes y un después tras su paso. Y no precisamente por su gestión, sino por su forma excéntrica de hacer política. 

Sorpresiva victoria

Rodolfo Hernández llegó con lo justo a la Alcaldía de Bucaramanga. Ganó por una diferencia de 4.331 votos, a pesar de que las últimas encuestas lo ubicaban en el cuarto lugar, muy por debajo del candidato del Partido Liberal, Carlos Ibáñez. Nadie apostaba por él. Ni él mismo. Tras el batacazo que significó su triunfo, varios medios nacionales intentaron comunicarse con Hernández para saber más sobre su vida. Pocos sabían quién era el anciano que se atrevió a desafiar al liberalismo y ganarle en una de las plazas en donde jugaba siempre de local. Se sabía que era un constructor con un amplio capital que se financió su propia campaña. Nada más.

El alcalde electo tardó en contestarles. Cuando finalmente apareció, confesó que estaba realizándose unos chequeos médicos en Nueva York porque no estaba entre sus planes ganar las elecciones. Ese fue su carta de presentación. Incluso antes de su posesión, Hernández mostró que es impredecible y su forma de actuar no sigue los cánones convencionales de la política.

Sin un solo concejal 

El movimiento Lógica, Ética y Estética fue con el que se postuló Hernández a las elecciones municipales en 2015. Como no esperaba ser elegido, no se preocupó en armar una lista de candidatos al Concejo y tuvo que gobernar sin un solo cabildante de confianza. Su estrategia consistió en meter presión a los concejales con manifestaciones públicas y tendencias en redes sociales para que le aprobaran sus iniciativas. Solo 18 días después de posesionarse, el Concejo suspendió sesiones después de denunciar que no existían las condiciones para cumplir con sus funciones por temor a represalias violentas. “Es muy grave porque hay desadaptados quienes han dicho que van a ir a incendiar el Concejo y a echar piedra”, aseguró el entonces concejal Uriel Ortiz a Blu Radio.

El ingeniero, fiel a su estilo, no aflojó y apretó aún más. En su primer año acabó con la injerencia de los concejales en las diferentes dependencias de la alcaldía y era común que los acusara sin pruebas en sus trasmisiones en Facebook. Incluso, se peleó con aquellos concejales que lo solían apoyar. Ese es el caso de John Claro, quien recibió un fuerte manotazo en la cabeza por parte de Hernández después de una acalorada discusión en el despacho del alcalde. 

Su aparatoso accionar le aseguró muchos titulares pero entorpeció el avance de muchos proyectos que necesitaba la ciudad. El presupuesto y la reestructuración financiera estuvieron frenadas por meses debido a la incapacidad de Hernández de llegar a acuerdos con sus detractores. 

Mejoras en educación

El número de alumnos matriculados en colegios y escuelas aumentó durante el mandato de Hernández en Bucaramanga. Sin embargo, el avance fue mínimo. Pasó de 105.635 estudiantes a 106.675. Eso le ayudó, en todo caso, a que la cobertura de la educación primaria cobijara al 100 por ciento de los niños bumangueses. Su administración intervino 64 instituciones educativas, becó a 379 estudiantes para que cursaran sus estudios de educación superior y creó la Escuela Municipal de Arte (EMA), que benefició a más de 500 niños de la ciudad.

Una de las principales críticas de Hernández a sus antecesores era el manejo del Plan de Alimentación Escolar (PAE). En su periodo, el ingeniero destinó más de 64.300 millones a este programa y mejoró la transparencia en el proceso de contratación. Más de cuatro millones de raciones de alimentos se entregaron por año.

Su lunar en educación fue con el bilingüismo. La cantidad de jóvenes con nivel B1 o B+ en las pruebas Saber 11 cayó seis puntos entre 2016 a 2019. Paso de 25,28 por ciento a 19,4. 

Austeridad y transparencia

El mayor logro de Rodolfo Hernández lo consiguió en materia económica. Cuando se posesionó como alcalde no tardó en denunciar el déficit financiero de 304.000 millones de pesos que padecía la ciudad. Alcanzó a sugerir que la ciudad se declararía en quiebra, solicitó la intervención del Ministerio de Hacienda y eso le sirvió para reforzar su discurso anticorrupción. “A Bucaramanga se la estaban robando”, repetía. En sus primeros meses se dedicó a responder por las cuentas pendientes de antiguos contratistas que habían demandado y embargado al municipio por la falta de pago, y armó un plan de reestructuración económica. Sus esfuerzos rindieron frutos porque, en el momento de abandonar su despacho, la ciudad tenía un superávit de 48.000 millones de pesos. 

También se enfocó en la austeridad del gasto público. Los dineros destinados a difusión y publicidad de la alcaldía disminuyeron en una décima parte y el transporte escolar infantil, que antes costaba 10.800 pesos, bajó a 7.800 pesos en su cuatrienio. Los contratos por prestación de servicios se redujeron. En 2015, el último año antes de su llegada, el municipio pagaba cerca de 36.000 millones al año por este tipo de contratación; en 2019, cuando Hernández finalizaba periodo, la cifra bajó a 26.000 millones.

La transparencia es otro valor para resaltar de su paso como alcalde. Bucaramanga solía tener una media de 1,5 oferentes por cada proceso licitatorio en 2015 y cuatro años después el promedio subió a 82.  

Pocos avances en seguridad y movilidad

La encuesta del programa Bucaramanga Metropolitana Cómo Vamos reveló que la sensación de inseguridad en la ciudad era del 28 por ciento en su último año como alcalde, lo que significó un crecimiento de seis puntos en comparación con el año anterior. El hurto a personas también ascendió en su administración. Cuando dejó la alcaldía, Bucaramanga registró cerca de 8.000 robos (casi mil más que en 2016). La tasa de homicidio igualmente aumentó de 20,1 a 22,13 entre 2014 y 2019, según un diagnóstico del Plan Integral de Seguridad y Convivencia Ciudadana.

Con respecto al Metrolínea, sistema de transporte masivo de la capital de Santander, Hernández no encontró cómo darle una mayor utilidad. Si bien venía presentando fallos en los años anteriores, durante su administración el número de usuarios cayó. En 2016 el sistema registró 86.635 millones de viajes y en 2019 solo 69.136 millones. Y, en paralelo con la disminución del uso del transporte público, el parque automotor de la ciudad pasó de 197.855 carros a 222.733, lo que generó mayores dificultades de tránsito.

Alta aprobación 

Hernández no culminó su periodo como alcalde porque renunció en septiembre de 2019. La Procuraduría General, en cabeza de Fernando Carillo, lo suspendió por participar en política y la respuesta del ingeniero fue dimitir irrevocablemente de su cargo. Inmediatamente después, le dio la razón al Ministerio Público porque salió a apoyar la candidatura de Juan Carlos Cárdenas, quien competía en las elecciones de ese año para reemplazarlo.

No obstante, los bumangueses no le cobraron a Hernández su renuncia. Por el contrario, según Guarumo, acabó su administración con una aprobación del 84 por ciento. Poco importó que no se ejecutaran obras de gran envergadura o que sus constantes salidas en falsos entorpecieras su gestión. La ciudadanía aparentemente le reconoció su lucha por acabar con la corrupción. Paradójicamente, es por eso mismo que hoy tiene un proceso abierto en Fiscalía, que incluso involucra a uno de sus hijos.