29 Mayo 2022

La Rodolfoneta está de moda

Crédito: Yamith Mariño

El exalcalde de Bucaramanga ganó un cupo en la segunda vuelta y tiene buenas chances de ser el próximo presidente. En su bolsillo tiene cerca de seis millones de votos y es probable que consiga muchos más. ¿Será capaz de vencer al uribismo y Petro en una sola jugada?

Por: Juan Pablo Vásquez

Sin invertir largas sumas de dinero, como sus contrincantes, y volcando sus esfuerzos hacia las redes sociales, Rodolfo Hernández consiguió robarle votos a la derecha y al centro y hacerse con el apoyo del 28 por ciento del electorado, suficientes para pasar a segunda ronda por encima del que dijo Uribe.

Buena parte de su éxito consistió en canalizar el miedo a Gustavo Petro mejor que Federico Gutiérrez y emocionar a los desencantados votantes de Sergio Fajardo. Lo que parecía una quimera hace unas semanas hoy se consolida como un fenómeno político sin precedentes.

El panorama es favorable para el exalcalde de Bucaramanga. Tan solo una hora después de los resultados, recibió el apoyo de Federico Gutiérrez, el tercer candidato más votado. Fico aceptó su impensada derrota y no titubeó al anunciar que votará por Hernández el próximo 19 de junio. Si quienes votaron por Fico votan por Hernández, éste conseguiría el anhelado 51 por ciento que le aseguraría la Presidencia. Y lo consiguió sin realizar ninguna concesión. Tal parece que, anulado Fico, el voto antipetro se volvió totalmente de su propiedad sin siquiera buscarlo. 

Hernández regó exitosamente su incisivo discurso anticorrupción y triunfó en 13 departamentos sin llenar plazas públicas y desde su lujoso apartamento duplex como centro de operaciones. Territorios como Meta y Caldas, que históricamente pertenecían al uribismo en las elecciones presidenciales, se pasaron a sus toldas. Las últimas mediciones lo mostraban creciendo, mientras Gutiérrez se estancaba. Esa sensación fue clave para que muchos colombianos cambiaran su intención de voto.

En siete años, Rodolfo pasó de ganar la Alcaldía de Bucaramanga por una pequeña diferencia de 5.000 votos, a obtener 5.953.193 a nivel nacional. En la capital de Santander no mostró grandes resultados en términos de infraestructura y se concentró únicamente en sanear un deficit de 236.000 millones de pesos que recibió cuando salió elegido. Fue suficiente para que finalizara su mandato con una aprobación superior al 80 por ciento. Su impacto en la ciudad es irrefutable, pero no se puede medir en parques, puentes o escuelas. Acostumbró a los bumangueses a sus transmisiones de Facebook, en las que calificaba como bandidos y corruptos a sus detractores, y con regularidad protagonizaba titulares de noticieros por sus salidas en falso. Curiosamente, Hernández ha sabido capitalizar todos esos errores y siempre cae parado. El principal atributo que le destacan sus seguidores es su carácter.

El ingeniero ganaba con cara y con sello en la jornada electoral. Desde su equipo admitían sin reparo que, en caso de no pasar a segunda vuelta, irían el año entrante por la Gobernación de Santander. Muchos lo daban por hecho. Eso explica por qué viajó tres semanas a Europa durante la campaña, no le importó dejar de visitar muchas ciudades, renegó de todos sus oponentes y repitió sin cesar que no le interesaba aliarse con ningún partido. Tras su victoria, se enfrenta a un escenario aún más favorable porque está cerca de conquistar las grandes ligas en vez de seguir compitiendo localmente en su terruño.

Instagram, Tik Tok, Facebook y Twitter fueron fundamentales en su éxito. Cada cuatro años las redes sociales solían diagnosticar equivocadamente lo que ocurriría en las urnas. Las derrotas de Antanas Mockus en 2010 y Sergio Fajardo en 2018 eran los antecedentes más visibles. Pero Hernández sí sacó rédito de estas plataformas. En sus videos, aprovechó cada coyuntura —como cuando se viralizó diciendo “relocos, papi, relocos”— y se dio a conocer a personas que de otra forma no sabrían de su existencia.

En Bucaramanga la gente se volcó a las calles y lo celebró como si se tratara de un campeonato de fútbol. Allá Hernández es el mandamás. De salir electo presidente, transformaría el mapa político colombiano. Un constructor entrado en años que se lanzó a la Presidencia como experimento puede ser quien le muestra la puerta de salida a Álvaro Uribe y Gustavo Petro, los dos líderes más importantes de las últimas dos décadas.