20 Mayo 2022

El solio de Rodolfo

Crédito: Foto: Pett Martínez. Producción: Liliana Lombana

Una seguidilla de encuestas muestra que el exalcalde de Bucaramanga podría pasar a la segunda vuelta. Sería la derrota simultánea del partido de gobierno Centro Democrático, Liberal, Conservador, La U y de los expresidentes Uribe, Pastrana y Gaviria. ¿Puede este septuagenario mal hablado y populista juntar al centro y a la derecha para derrotar a Gustavo Petro?

El 14 de marzo, hace apenas dos meses, Rodolfo Hernández se veía como uno de los grandes perdedores. Gustavo Petro había sacado la mayor votación para el Senado en la historia de Colombia y se consolidaba como candidato del Pacto Histórico. Federico Gutiérrez había vencido a varios pesos pesados como Alejandro Char, David Barguil y Enrique Peñalosa, y se convertía en el candidato de la derecha y de todo el estamento político. Para completar, recibió la rendición de Óscar Iván Zuluaga sin tener que agacharse a recoger el apoyo del uribismo. Unas horas después del resultado, Zuluaga renunció en un sencillo trino en el que dejó entrever que jamás fue el verdadero candidato de Uribe. El diario El Espectador puso en su primera página una foto de Óscar Iván con sus manos cruzadas sobre el pecho y un titular que lo decía todo: “Me sacriFICO”. 

En el precario tercer lugar también Sergio Fajardo tenía una relativa aunque amarga victoria para reivindicar, después de ganar con una pequeña votación la consulta de la destruida coalición del centro. Fajardo no logró siquiera tener la tercera votación de las consultas interpartidistas. Quedó de cuarto si se tiene en cuenta que Francia Márquez, segunda en votos en el Pacto Histórico, lo superó. El minúsculo triunfo de Fajardo fue solo el inicio de su agonía. Muchos piensan que en las últimas semanas Fajardo logró súbitamente tener un discurso convincente y una comunicación sintonizada con las necesidades de Colombia. Lo malo es que el remedio llegó cuando el paciente ya había fallecido. Ya no importaba lo que dijera el otrora líder de las encuestas, simplemente se había vuelto irrelevante. Pero, por lo menos, tuvo un lugar en las primarias. 

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En todo este escenario, el único desaparecido era Rodolfo Hernández, quien en medio de la batalla se fue a un largo viaje de tres semanas a Europa. En una decisión inexplicable, el exalcalde de Bucaramanga armó maletas en plena campaña con la excusa de que iba a reunirse con el papa. De la reunión lo único que quedó fue un video de 10 segundos en el que el pontífice lo saluda, aparentemente sin saber bien de quién se trata, y Hernández le estrecha la mano detrás de unas vallas de seguridad. Tampoco tuvo repercusión nacional en materia electoral. Como no tenía listas al Senado, lo único que había logrado elegir eran dos representantes a la Cámara por Santander. Un gran resultado local, pero insignificante en el entorno nacional. Para colmo de infortunio, acababa de perder a sus dos asesores de campaña, los argentinos Hugo Vázquez y Guillermo Luis Meque, quienes se apartaron de su causa después de convertirlo en una tendencia en las redes sociales, especialmente para los jóvenes.

En ese momento pocos apostaban por su futuro, pero en 50 días, solo cabalgando en las debilidades de sus rivales, el exalcalde de Bucaramanga puede ser uno de los dos finalistas en primera vuelta, o la fuerza definitiva para inclinar la balanza en la segunda. 

Rodolfo se les metió por la mitad. Mientras Petro se concentró en golpear a Fico Gutiérrez como candidato del uribismo; y a Sergio Fajardo, hasta volverlo trizas por ser potencialmente su gran rival al comienzo de la carrera, se olvidó de Hernández, a quien debió percibir como un fenómeno regional que no representaba ninguna amenaza para él. 

Lo de Fico fue diferente. La causa real de la viabilidad de su candidatura es el rechazo a Gustavo Petro en sectores de la opinión colombiana. Así es que Gutiérrez se convirtió en candidato de un solo tema. Es más, cuando ha tratado de intervenir en otros las cosas no le han salido bien, como en el recordado episodio de “plata es plata”. Por esto tampoco podía ocuparse de hacer campaña en contra de Hernández.

Mientras sus rivales se acababan mutuamente, Rodolfo iba creciendo casi en silencio. Nunca ha tenido un programa profundo de gobierno, pero sí unas pocas consignas que repite incesantemente, como “Colombia está gobernada por ladrones”, y un grupo de campaña en las redes sociales que logró que un abuelo divertido haciendo videos de TikTok, diciendo groserías y dando entrevistas en pijama se convirtiera increíblemente en el presidente que ansía el 20 por ciento de los colombianos. 

A su favor juega que no está supeditado a cálculos políticos y que, de no lograr salir victorioso, igual saldrá muy bien parado para aspirar a la Gobernación de Santander el próximo año, como lo han reconocido muchos de sus allegados. Su paso a la segunda vuelta hasta hace horas inesperado, no sería su primer éxito que lo tomaría por sorpresa. De hecho, en las elecciones municipales de 2015, cuando aspiró a la Alcaldía de Bucaramanga, su triunfo lo agarró en Nueva York sometiéndose a unos exámenes médicos de rutina. Cuando los medios de comunicación lo llamaron a preguntarle por su sorpresiva elección, ya que una semana antes figuraba como último en las encuestas, respondió con franqueza que no se lo esperaba.

Su campaña a la Presidencia se ha parecido mucho a la que hizo para la Alcaldía de Bucaramanga hace siete años. Retó a dos candidatos bien establecidos a nombre de la lógica, la ética y la estética; empezó sin ninguna posibilidad y ganó en los últimos cien metros cuando sus rivales, que no lo habían criticado para evitar acrecentarlo, estaban cansados, mientras él seguía lleno de gasolina.

Ya desde esa época existían quejas sobre su forma de hacer negocios. Por ejemplo: su sociedad con cuestionados personajes de la política santandereana, como Fredy Anaya, señalado de liderar un carrusel de contratación en la corporación autónoma regional de Bucaramanga; y Luis Francisco Bohórquez, acusado por la Fiscalía del desvío de 15.000 millones de pesos durante su etapa como alcalde de esa ciudad. Aunque Hernández los ha distanciado con su discurso y los acusa hoy de ser corruptos, fue uno de los principales promotores de la campaña de Bohórquez a la alcaldía en 2011. Su cercanía llegaba hasta el punto de ser el padrino de su boda. Además, junto a Bohórquez y Anaya, el ingeniero conformó Entorno Verde S.A, una empresa que desarrolló el relleno sanitario de Chocoa, en el municipio de Girón, y del cual planeaba sacar grandes réditos económicos. Sin embargo, pese a varios intentos y alegando una emergencia sanitaria, la Alcaldía de Bohórquez fracasó en sus intentos por trasladar allí las basuras de Bucaramanga.

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A los pocos años, empezó a desarrollar su estrategia de mensajes cortos y videos vistosos que se viralizaran en las redes sociales. En su primera campaña, se reunió con los mototaxistas de Bucaramanga y les prometió que se haría “el pingo”, la forma santandereana de decir “hacerse el loco”, para que los dejaran seguir trabajando. También invitaba a la gente a recibir la plata por el voto, pero a hacerle conejo a los políticos que fueran a comprárselo. En la carrera para lograr la Alcaldía de Bucaramanga, Hernández firmó miles de cartas cheques ofreciéndoles a familias pobres cambiarles el documento por una casa cuando llegara a la alcaldía. Las llamadas cartas cheques fueron 100.000, el programa de su alcaldía se llamó "20.000 hogares felices" y al final de su mandato no entregó una sola casa.

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La página web www.20milhogaresfelices.com, en donde registraba sus promesas, fue borrada electrónicamente de la red en 2019, antes de que terminara su administración. Esa página muestra el render de una bonita vivienda de clase media, las caras sonrientes de una familia y la letra pi, emblema universal de la ingeniería y logo de su movimiento político. Al terminar su periodo, algunos de los frustrados titulares de las cartas cheques presentaron una demanda civil contra Hernández cuya suerte aún no se conoce.

Sin embargo, el mayor escándalo de la alcaldía de Hernández fue otro. Presuroso por solucionar la problemática alrededor de las basuras en la ciudad —el mismo que le fue esquivo años atrás cuando aún se juntaba con su ahijado Bohórquez—, el ingeniero abrió una licitación por más de 700.000 millones que terminó beneficiando a Vitalogic, una compañía con experiencia en reciclaje y manejo de residuos. El meollo del asunto es que uno de los hijos de Hernández, Luis Carlos, quien además es hoy muy cercano a su campaña, había celebrado un acuerdo con Vitalogic en el que recibiría una comisión si el contrato les era adjudicado. La jugadita se hizo pública justo antes de que la adjudicación quedara en pie y el entonces alcalde echó para atrás todo el proceso. La Fiscalía lo investiga, con numerosas pruebas que demostrarían que tenía conocimiento del proceder de su hijo, pero Hernández insiste en su inocencia y asegura que la corrupción tocó en su casa y él le cerró las puertas. Como sea, la espada de Damocles de esa investigación sigue sobre el cuello de Hernández, quien podría convertirse en uno de los finalistas de la carrera presidencial.

El éxito de Rodolfo Hernández en las encuestas, a una semana de la elección, es una película de suspenso para Federico Gutiérrez, que podría ahogarse en la orilla después de haber nadado al lado de la maquinaria más formidable de la historia. Alrededor suyo se juntaron el partido de gobierno, el Centro Democrático; el Partido Conservador; el Partido de la U; la mayor parte de Cambio Radical, así como los cuestionados clanes políticos de todo el país. Sin embargo, no ha podido pasar de 27 puntos en ninguna encuesta, mostrando claramente que el apoyo de Uribe, aunque sea tácito, hace inviable cualquier elección en este momento. 

La carrera nacional del exalcalde de Medellín podría resultar tan fulgurante como efímera. Un tercer lugar no le reserva ninguna silla en el futuro y probablemente, si eso sucede, solo será recordado como el candidato fallido del continuismo de Iván Duque.

Si para Fico esto es una película de suspenso, para Petro es una de terror. Hace una semana, la mayor parte del país estaba absolutamente convencida de que su triunfo era un hecho y de que las dos vueltas eran apenas el cumplimiento de un trámite para llegar a un destino inexorable. Petro aventajaba por una diferencia de 15 a 20 puntos a Federico Gutiérrez y le ganaba con holgura en todas las simulaciones de segunda vuelta, incluso en las interpretaciones forzadas que algunos querían hacer de la estadística. 

Con un hipotético paso de Rodolfo Hernández a segunda vuelta, las cosas son a otro precio para Petro. La encuesta del Centro Nacional de Consultoría los muestra en un empate idéntico con 40,5 puntos. El escenario es especialmente preocupante para Petro porque la tendencia sitúa a Hernández subiendo vertiginosamente, mientras que él se conserva en el número de siempre o tiene una muy leve tendencia a la baja.

Hasta el momento, Petro avanzaba de la mano de los números. No había tenido que hacerle ninguna concesión al centro. Cuando armó la lista cerrada al Senado del Pacto Histórico, se pudo dar el lujo de poner a un alter ego suyo como Gustavo Bolívar a encabezarla, en lugar de una persona más moderada que atrajera nuevos votos. A la hora de escoger vicepresidente, optó por Francia Márquez, lo cual fue bien recibido por grandes sectores que lo vieron como una doble venia a las minorías, pero otros lo registraron como un paso más en su radicalización política. Las cifras mostraban que Petro no necesitaba al centro para ganar, pero ahora, con el último impulso, la ruleta puede girar un poco para el otro lado. Los simpatizantes de Fajardo, siempre ninguneados por los partidarios de Petro, podrían convertirse en esos cuatro puntos, en esas agónicas décimas necesarias para desempatar. 

Es decir, una eventual victoria de Petro está quedando en manos de los tibios que tanto fueron estigmatizados por sus seguidores durante los últimos cuatro años. Restañar esas heridas no será fácil y algún porcentaje de los fajardistas votaría en blanco, otros se irían con Hernández y es probable que la mayoría acompañe la candidatura del Pacto Histórico, de acuerdo con la encuesta de Tyse publicada por El Tiempo. En las huestes de Petro ya estaba asumido que habría segunda vuelta y la estrategia era sencilla. Se trataba de presentar a Petro como la encarnación del cambio frente a Fico, que representaba la prolongación de lo mismo. Una candidatura de Rodolfo los obligará a usar una brújula más fina. Es más fácil llamar a Gutiérrez "Duque II" que ponerle la misma etiqueta a Hernández. En la percepción de los electores, el abuelo grosero es más antipolítico que el propio Petro. 

Si Gustavo Petro no lograra superar a Hernández, esta sería su tercera candidatura presidencial sin éxito, y eso ha marcado tradicionalmente en Colombia la hora del retiro de grandes líderes que salieron de la escena con los honores propios de los expresidente pero sin haberse sentado en el solio de Bolívar. Álvaro Gómez Hurtado fue tres veces candidato presidencial: en 1978, 1986 y 1990. Horacio Serpa Uribe aspiró en 1998, 2002 y 2006, cuando él mismo anunció que nunca más buscaría la Presidencia. Sobre el expresidente conservador Belisario Betancur había un chiste según el cual iba a perder las elecciones también en 1982, cuando se postulaba por tercera vez, y por esa razón se recalcaba con sorna su apellido materno: Cuartas. No hay muertos en política para siempre, pero después de haber visto tan cerca la victoria, sería muy difícil que Petro aspirara nuevamente a la Presidencia. Una derrota de última hora podría significar para él una temprana jubilación cuando apenas tiene 62 años.

Mientras tanto, Rodolfo llega con camisa limpia a la gala y puede recibir, sin mucho esfuerzo, tanto a un grupo del centro como a los de derecha, que votarían por él solo por el deseo de cerrarle el paso a Petro. Curiosamente, si resulta elegido, Hernández, de 77 años, sería el mandatario más viejo en los últimos 120 años. El único precedente parecido es el de Manuel Antonio Sanclemente, quien llegó a la Presidencia a los 85 años en 1898 y pudo gobernar apenas dos años, la mayor parte de ellos desde la veraniega población de Villeta, Cundinamarca, a donde trasladó la sede de gobierno por razones de salud. 

Cualquier análisis político realista tiene que considerar que el fiquismo no existe, solo el miedo o rechazo a Petro. Y esa tendencia se siente cómoda con cualquier candidato, especialmente con Hernández, que es tan derechista como ellos. Así lo demuestran sus declaraciones sobre los migrantes venezolanos, a quienes ha tratado de rateros y prostitutas; el menosprecio que exhibe hacia las clases populares, cuando se refiere a los deudores de vivienda de su empresa como “hombrecitos”; y su insistencia por incorporar el trabajo forzado en las cárceles del país como una forma de volver autosostenible el modelo penitenciario. 

Rodolfo Hernández, sin duda, ha logrado convertirse en una figura paterna y afable para muchos colombianos. Su bonhomía en las redes sociales, sazonada con su discurso populista que promete cerrar embajadas, convertir la Casa de Nariño en un museo y donar su salario, esconde un modelo más parecido al de Donald Trump, que tanto gustó en la clase media blanca de Estados Unidos y tanto daño le hizo a la democracia mundial. Como Trump, Hernández es un llanero solitario. Si llegara a pasar a segunda vuelta, muchos justificarían su apoyo resaltando que es un empresario que sabe producir empleo y riqueza, como pasó en Estados Unidos. No tiene grandes equipos fuera del publicista Ángel Becassino, sus hijos y un exsecretario de su gabinete en Bucaramanga, llamado Jorge Figueroa Clausen, muy cercano a Álvaro Uribe y a José Obdulio Gaviria. 

Nadie sabe a ciencia cierta lo que pueda pasar con Hernández. Es difícil imaginarse un gobierno suyo más allá de las extrapolaciones que se hacen sobre su administración en Bucaramanga. Su ascenso curiosamente tiene contentos a muchos antiuribistas, a muchos uribistas y también a un sector grande del centro. A los de centro, porque por fin tienen un candidato viable que no es "ni Petro ni Fico"; a los antiuribistas porque ven en el fracaso de Gutiérrez una derrota definitiva para el expresidente Uribe que, por primera vez en 20 años, no tendría un candidato suyo en la segunda vuelta. Sin embargo, hay muchos uribistas también felices porque ven en Hernández a un hombre de derecha con la capacidad de derrotar a Petro que no ven en Federico Gutiérrez.