
Jamundí: el municipio donde las disidencias son la ley
A quince minutos de Cali, el frente Jaime Martínez impone las reglas y castiga a quienes las violen con trabajos forzados en un carretera por donde transporta la coca a sus anchas. CAMBIO logró hablar con los habitantes de esta región, que viven en medio del terror impuesto por las disidencias. Informe de una región donde el Estado no regresó.
Por: Javier Patiño C
A quince minutos de Cali, hay una ciudad donde no manda el Estado: Jamundí. Allí, desde hace cuatro años, la autoridad la impone el frente Jaime Martínez, de las disidencias de las Farc. En los últimos meses, la situación ha empeorado a tal punto que la Policía y el Ejército son expulsados por las propias comunidades que, presionadas por los delincuentes, realizan frecuentes asonadas. Los muertos permanecen por horas en las calles, a la espera de un levantamiento que nunca llega, pues los agentes del CTI no pueden ingresar sin compañía. Los cadáveres, entonces, son recogidos por las únicas dos funerarias que prestan su servicio en la zona: Remansos de Paz y Funerales del Valle. Esta es la radiografía de un municipio que está a merced de los delincuentes.
Jamundí, en el sur del Valle, tiene una posición geográfica estratégica. Es, si se quiere, la bisagra que comunica los departamentos de Valle y Cauca. Esto la convierte en un corredor ideal para la salida de coca y marihuana, que se transporta desde Buenaventura a El Naya hacia el océano Pacífico. El principal ingreso de los habitantes de la zona alta de Jamundí y sus poblaciones aledañas proviene de las 1.500 hectáreas de coca sembradas en la región y de sus laboratorios de procesamiento del alcaloide.
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