
La disputa interna por el poder en el Frente Occidental del ELN en Chocó y parte de Antioquia
Alias Paola y alias Doña Fer, señaladas cabecillas de la estructura ilegal, libran una fuerte disputa por el control de las finanzas provenientes del narcotráfico, la minería ilegal, la extorsión, el secuestro, el tráfico de fauna y la comercialización ilegal de madera.
Por: Javier Patiño C
Durante años, el Frente Occidental del ELN fue considerado una de las estructuras más sólidas dentro de esa organización armada ilegal. Sin embargo, detrás de la imagen de disciplina y cohesión se oculta una disputa silenciosa por el control de las principales economías ilícitas que financiaban su accionar criminal: el narcotráfico, la minería ilegal, la extorsión, el secuestro, el tráfico de fauna y la comercialización ilegal de madera.
Las tensiones en la facción que delinque en Chocó y parte de Antioquia comenzaron a crecer cuando varios cabecillas empezaron a perder influencia frente a una nueva generación de posibles sucesores, cuyo interés, según información de inteligencia militar, dejó de centrarse en el discurso ideológico para enfocarse en el control de las rentas criminales y el beneficio económico.
El punto de quiebre llegó tras la muerte de alias Santiago, máximo cabecilla regional, durante una operación militar realizada el 10 de enero de 2026. Aunque públicamente el ELN atribuyó su caída a la presión ejercida por la Fuerza Pública, en la organización comenzaron a circular versiones que señalaban una presunta traición planeada por Edwin Londoño Arango, alias Genaro, cabecilla del Frente Ernesto Che Guevara, uno de los más beligerantes de esa organización y reconocido por las autoridades por su influencia dentro de la estructura.
Ese hecho habría marcado el inicio de una disputa interna por el control del Frente de Guerra Occidental.
Control del dinero
Sin embargo, el conflicto no se limitó al mando militar. Las finanzas del Frente de Guerra Occidental también se convirtieron en un escenario de confrontación.
De acuerdo con información de inteligencia, Doralys Dávila Sánchez, alias Paola, lleva más de quince años en la organización y es señalada de haber consolidado gran parte de la red financiera que sostenía las diferentes actividades ilícitas del grupo. Esa trayectoria la convirtió durante años en una persona de confianza para varios cabecillas.

Pero los equilibrios internos cambiaron. La llegada de nuevos integrantes habría modificado la distribución del poder económico. Como consecuencia de esa disputa por el control de las finanzas ilegales, alias Paola habría sido apartada de la administración financiera del Frente de Guerra Occidental y reasignada a un frente subordinado, decisión que, según las fuentes consultadas, fue interpretada por varios integrantes como una pérdida de influencia.
Su lugar, de acuerdo con informes de inteligencia, habría sido ocupado por alias Doña Fer, quien pasó a administrar las principales rentas ilícitas de la organización. Su ascenso, según algunas versiones conocidas por CAMBIO, obedecía a una supuesta cercanía personal con Jhon Fredy Chávez Cortez, alias Jerson, señalado como máximo cabecilla del Frente Occidental.

Fragmentación interna
Para el ELN, cada corredor del narcotráfico, cada explotación minera ilegal y cada red de extorsión representan ingresos que pueden superar los 600 millones de pesos mensuales.
En consecuencia, quien controlara las finanzas también tendría influencia sobre las decisiones internas relacionadas con el pago de colaboradores, el sostenimiento de las estructuras y la expansión territorial.

La muerte de alias Santiago, las sospechas sobre una presunta traición de alias Genaro, la pérdida de influencia de alias Paola y el ascenso de alias Doña Fer reflejan, según las autoridades, una organización en la que las disputas por las rentas ilegales habrían desplazado los principios ideológicos que históricamente proclamó el ELN.
Labores de inteligencia señalan que el deterioro interno evidencia cómo la organización guerrillera terminó siendo afectada por las mismas economías ilegales que financian su funcionamiento.
"Cuando el poder depende del dinero obtenido mediante el narcotráfico, la minería ilegal y la extorsión, la confianza desaparece y las alianzas se vuelven temporales o se venden al mejor postor", aseguró un oficial de inteligencia del Ejército que pidió reserva de su identidad.
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