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Carlos Enrique Cavelier, coordinador de Sueños de Alquería. Foto: X @CECavelier
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Carlos Enrique Cavelier: la empresa como una forma de servicio

En Colombia, las empresas son valoradas por lo que producen y por lo que construyen. Este reportaje hace parte del especial ‘Lo que somos, cómo nos vemos: los valores que mueven a los colombianos hoy’, desarrollado por CAMBIO junto a la Alcaldía de Bogotá, Comfama, Invamer y SURA, a partir de la Octava Ola de la Encuesta Mundial de Valores (2018-2024). Alquería, un caso de éxito.

Por: Redacción Contenidos Especiales

Carlos Enrique Cavelier no aprendió la cultura empresarial en un manual o en una sala de juntas, sino en la vida de un médico neurólogo que entendió su oficio como una forma de servicio. Su abuelo Jorge Caballero Jiménez no solo fundó la compañía Alquería —hoy líder en la industria de alimentos en Colombia—, sino que trasladó a ella el mismo rigor y la misma ética con la que atendía a sus pacientes, convencido de que un país se construye desde acciones en apariencia pequeñas y cotidianas, pero que transforman vidas y entornos.

Atender campesinos sin cobrarles, operar a quien lo necesitara, pensar la empresa como una extensión del cuidado, fueron acciones que trascendieron la anécdota familiar y se constituyeron en una forma de hacer las cosas. Por eso hoy, Carlos Enrique Cavelier, coordinador de Sueños de Alquería, vuelve al origen para explicar cómo una empresa dejó de ser solo un negocio y se convirtió en una manera de estar con los otros. 

“Todo empieza con el propósito de mi abuelo de crear la planta de leche. Él fue ministro en el gobierno de Ospina Pérez, creó el hospital de La Samaritana —que llegó a ser el centro para tratar la sífilis en Bogotá— y durante los últimos 20 años de su vida presidió la Cruz Roja. Quiso que la planta tuviera ese mismo espíritu. El cuidado que él tenía en sus salas de cirugía lo heredamos nosotros en la planta, en las operaciones, en la calidad de la leche y en la manera de llevarla hasta el consumidor final. Ese propósito de salud y calidad ha estado siempre ahí”, explica Cavelier, licenciado cum laude en antropología y sociología de la Universidad de Vermont, con estudios complementarios en educación y en idioma alemán.

Cavelier habla del legado como una memoria viva, no como una idea abstracta. Desde joven entendió, en Cajicá (Cundinamarca), lo que hoy llaman cultura empresarial. Su padre continuó ese propósito desde la vida pública, primero como concejal y luego durante dos décadas como alcalde del municipio. El día de su posesión, el abuelo le dijo una frase que se convirtió en una especie de mandato familiar: “Usted es la continuación de mi vida”. Años después, antes de morir, su padre se la repetiría a él, y entonces comprendió que hacer el bien no debía entenderse como un gesto excepcional, sino como una práctica sostenida en el tiempo.

Carlos Enrique Cavelier, coordinador de Sueños de Alquería. Foto: Colprensa.
Carlos Enrique Cavelier, coordinador de Sueños de Alquería. Foto: Colprensa.

El legado se volvió cultura

“Fui socorrista amateur y durante diez años recogí la banderita para conseguir recursos. Con eso, a los 18 años logramos comprar la primera nevera para conservar vacunas en Cajicá, porque no había dónde hacerlo. Recuerdo que mi abuelo, al verme tan entusiasmado, me dijo en broma: ‘Queda nombrado presidente de la Cruz Roja Cajicá’. Yo tenía 10 años. Ese día me marcó. Ver su ejemplo, tan cercano a la gente y a la vez a figuras importantes del país, fue profundamente impactante para mí”, recuerda Cavelier.

El valor que creció: servir

A la luz de los cambios que recoge la Octava Ola de la Encuesta Mundial de Valores (2018-2024) —donde la empresa en general aparece como una institución que genera confianza y estabilidad—, en Alquería comprobaron, mediante sus propias mediciones internas, que servir a los demás es el valor que más ha crecido entre sus cerca de 4.000 colaboradores. Lo económico, por supuesto, sigue siendo fundamental, pero no suficiente si no sostiene, al mismo tiempo, un compromiso social y ambiental real.

“Nosotros venimos trabajando mucho en lo ambiental, tanto en las plantas como en las fincas, enseñándole a los campesinos a atender mejor las vacas y también el entorno. Ya estamos casi neutropositivos en CO₂ y, desde hace dos años, somos plásticopositivos, comprando plástico reciclado a grupos de recicladores en todo el país. Ahora, el 85 % de la huella se genera en las fincas, ahí es donde estamos concentrando un esfuerzo muy fuerte. Y en lo social, el trabajo lo hacemos con los bancos de alimentos y con la Fundación Jorge Caballero, que ya ha logrado que más de 500 niños estudien en colegios públicos y lleguen a las mejores universidades del país”, comenta el empresario, presidente de la Junta Directiva de la compañía, quien también ha sido profesor en la Facultad de Administración de la Universidad de los Andes.

Alquería. Foto: Colprensa.
Alquería. Foto: Colprensa. 

Donde todo empieza: la educación

El trabajo en educación ha sido uno de los frentes donde esa idea de empresa con propósito toma más fuerza. En Cajicá, ese esfuerzo sostenido durante casi una década permitió posicionar al municipio como un referente nacional en educación pública. Aunque la pandemia afectó temporalmente los resultados, el sistema logró recuperarse y, en 2025, volvió a ubicarse como el mejor del país, con diez colegios clasificados en A y dos en A+.

Ese modelo se fue expandiendo. Lo que empezó en Cajicá se extendió a municipios como Chía, Zipaquirá, Tabio y Tenjo, hasta llamar la atención de la Gobernación de Cundinamarca, que les confió un papel más amplio y ahora acompañan procesos en todos los colegios del departamento —pasando de 30 a 108 municipios—, con resultados que también se reflejan en las pruebas Icfes, en las que Cundinamarca ha escalado hasta ubicarse en el primer lugar a nivel nacional.

“Aspiramos a que Cundinamarca sea en 2035 la mejor área de educación pública de América Latina. Un proceso que impacta directamente a las familias que hacen parte de la empresa, al involucrar a hijos y nietos de sus propios trabajadores”, dice el coordinador de Sueños, exasesor del Ministerio de Agricultura para las zonas marginadas de Colombia y exsecretario general del Ministerio de Justicia.

Cavelier considera que la cultura empresarial no se construye solo dentro de las empresas, sino en las condiciones que permiten que una persona despliegue su potencial. Así surgen factores decisivos: familias que valoran la educación, entornos donde haya libros y hábitos de lectura, y un sistema educativo de calidad. En su experiencia, esos elementos explican trayectorias individuales —jóvenes que logran acceder a universidades de alto nivel— y generan desarrollo en regiones enteras. Es lo que ocurre en Cajicá, donde la educación pública ha alcanzado niveles sobresalientes, lo que confirma que cuando se alinean familia, escuela y oportunidades, el resultado trasciende lo personal y se convierte en un activo colectivo.

“Si los padres son conscientes de que los niños deben estudiar y salir adelante, ahí empieza todo. Tener libros en la casa, que los niños lean, que vean el ejemplo —muchos de los mejores vienen de hogares de maestros—, hace la diferencia. Y, por supuesto, la calidad de los colegios es clave: cuando usted tiene educación pública de alto nivel, los resultados llegan. Yo siempre lo digo: Colombia no va a ser un país desarrollado si no logra una educación pública extraordinaria. Hay ocho millones de niños que necesitan que eso mejore en las próximas décadas”, afirma Cavelier, bachiller del Liceo Francés de Bogotá y quien fuera concejal de Cajicá, diputado y representante a la Cámara.

El mérito como orden interno

Otro factor clave para ordenar la vida de una empresa y darle coherencia a su impacto social es el mérito. Es sencillo, pero exigente: ubicar a cada persona en el lugar donde realmente puede desplegar su potencial, según lo que es, lo que sabe y lo que puede llegar a ser. Así, cuando el talento encuentra su lugar y tiene posibilidades reales de crecer, la cultura deja de ser un discurso y se convierte en una práctica que beneficia a la empresa y a las personas.

Esto muestra que algo está cambiando en cuento a la cultura empresarial. Las empresa ya no compiten solo por salarios y estabilidad, sino por brindar razones para quedarse. La octava ola de la Encuesta Mundial de Valores ayuda a entender por qué. Aunque el 89 por ciento de los colombianos sigue considerando muy importante la estabilidad laboral que ofrecen los contratos indefinidos, las aspiraciones ya no se agotan allí. El 93 por ciento expresa preferencia por desarrollar un trabajo independiente, una señal de que las peronas buscan también autonomía, capacidad de decisión y mayores posibilidades de construir su propio proyecto de vida.

Planta Alquería. Foto: Colprensa.
Planta Alquería. Foto: Colprensa. 

 

“La gente ya no quiere solo ir a trabajar, quiere ver que lo que hace tiene sentido. En nuestro caso, parte de eso está en lo que producimos: alimentos que le sirven a la gente. Pero también en cosas más sencillas que vienen desde el origen: mi abuelo decidió que a cada trabajador se le diera un litro de leche diario para su casa, para que nunca le faltara. Eso se ha mantenido por casi 67 años. Y a eso se suma todo lo que hacemos desde la fundación, el trabajo ambiental, lo que hacemos con los campesinos… todo eso va construyendo ese propósito”, confirma Carlos Enrique.

Esta percepción coincide con uno de los hallazgos más reveladores de la Encuesta Mundial de Valores. El trabajo continúa ocupando un lugar central en la vida de los colombianos: el 97 por ciento lo considera un aspecto muy importante. Sin embargo, la relevancia del empleo parece estar asociada a algo más profundo que la generación de ingresos. Los resultados muestran niveles altos de bienestar subjetivo —91 por ciento de las personas se declara feliz y 75 por ciento siente que tiene amplia libertad para decidir sobre su vida—, lo que sugiere que la calidad de vida también está vinculada con la posibilidad de encontrar propósito, autonomía y oportunidades de desarrollo. En otras palabras, las personas quieren que su trabajo tenga sentido, contribuya al bienestar de otros y les permita progresar junto con sus familias.

Cuando decidir cambia destinos

Pero la construcción de valor social está en decisiones concretas. En Alquería, una de esas decisiones cambió el destino de un excedente del negocio, que terminó convertido en alimento para miles de personas. Así se reafirmó aquello de entender la empresa más allá de la rentabilidad.

“Hace unos 25 años teníamos un negocio de engorde con la leche que devolvían los supermercados. Pero cuando conocimos a los bancos de alimentos, dijimos: esto no puede quedarse aquí si está en perfecto estado. Empezamos a entregarla y hoy estamos llegando a cerca de 1,4 millones de personas al día, todos los días del año, a través de 26 bancos de alimentos. Son niños y adultos mayores que necesitan comer. Y eso, para nosotros, pesa mucho”, revela Cavelier.

La confianza es decir y hacer

La confianza se construye con consistencia. Es una práctica diaria, casi silenciosa, donde lo que se promete se cumple y se sostiene en el tiempo, incluso en entornos difíciles. Así una empresa se vuelve creíble.

Esa idea tiene un significado especial en los resultados de la Encuesta Mundial de Valores. En un contexto donde las personas buscan instituciones capaces de generar bienestar colectivo, las empresas aparecen como uno de los actores que conservan capacidad de convocatoria y credibilidad. Historias como la de Alquería permiten observar cómo esa confianza se construye cuando el empleo se convierte en una vía de dignidad, educación y progreso compartido.

Cavelier recuerda que la lógica de “decir y hacer. No sobreprometer, ser claro y cumplir” la  puso a prueba en un territorio complejo: La Macarena. Lo que empezó como una promesa —comprar leche de manera constante y pagar a tiempo— terminó convirtiéndose en una relación sostenida durante años.

“Nosotros dijimos: ‘vamos a recoger la leche todos los días y cada quince días va a llegar un cheque para los campesinos’. Y cumplimos. Al principio nadie creía, pensaban que íbamos a durar dos semanas… y ya llevamos casi 18 años. Ahí es donde se construye la confianza”, agrega.

Al final, el resultado económico es necesario, pero no suficiente si no está acompañado de un impacto real en el entorno. “Una empresa tiene que generar utilidades, sí, pero su propósito no puede ser solamente ese. Tiene que ir más allá, empujar el tema ambiental y dejar una huella social muy importante”, concluye.

Desde su rol como coordinador de Sueños, Carlos Enrique Cavelier ha acompañado el crecimiento de Alquería hasta convertirla en la Empresa B más grande del país, apoyado siempre en el terreno donde todo empieza: la educación.

La Fundación que creó en 2010 ha impactado a más de 143.000 estudiantes, miles de maestros y decenas de escuelas públicas en Cundinamarca. Quizá por eso su más reciente libro, Coordinando sueños: el camino de Alquería hacia la sostenibilidad, es una declaración: coordinar sueños en una empresa, en una comunidad, en un país, es insistir.

Carlos Enrique, su equipo de trabajo y sus miles de colaboradores hicieron algo de lo que hoy todos pueden aprender: el progreso tiene sentido cuando es compartido.

*Este contenido hace parte de 'Lo que somos, cómo nos vemos. Los valores que mueven a los colombianos hoy', una alianza de CAMBIO, la Alcaldía de Bogotá, Comfama, Invamer y SURA, a partir de la Octava Ola de la Encuesta Mundial de Valores (2018–2024).
 

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