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Participar más allá del voto: el reto de fortalecer la democracia
La participación debe permitir que los ciudadanos contribuyan a construir agendas públicas, incluso antes de que los temas lleguen a las instituciones. FOTO: Colprensa.
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Participar más allá del voto: el reto de fortalecer la democracia

Colombia acaba de atravesar tres jornadas electorales en pocos meses, sin embargo, la participación política no termina en las urnas. Los resultados de la Encuesta Mundial de Valores muestran una ciudadanía que valora la democracia, pero desconfía de varias de sus instituciones y siente cada vez menos capacidad para incidir en las decisiones públicas. Expertos consultados por CAMBIO explicaron qué significa participar y cuáles son los principales retos en el proceso.

Por: Valentina Giannini

El 8 de marzo de 2026, Colombia acudió a las urnas para elegir un nuevo Congreso, y en menos de tres meses los ciudadanos volvieron a votar, el 31 de mayo, en la primera vuelta presidencial y, el 21 de junio, en la segunda vuelta, donde definieron quién sería el próximo presidente.  Ahora que las elecciones han terminado y los resultados se han definido, vuelve una pregunta que permanece abierta: ¿qué significa participar en una democracia?

De acuerdo con la Octava Ola de la Encuesta Mundial de Valores, realizada en Colombia en 2024, el porcentaje de colombianos que considera que personas como ellos tienen capacidad para hacer oír su voz ante el Gobierno pasó del 28 por ciento en 2018 al 11 por ciento en 2024.

Además, el 52 por ciento de los encuestados considera que la democracia es la mejor forma de gobierno. Sin embargo, solo el 6 por ciento manifiesta confiar en el Congreso y el 4 por ciento en los partidos políticos. El 87 por ciento considera que existe compra de votos, el 84 por ciento cree que las personas ricas compran las elecciones y el 88 por ciento percibe altos niveles de corrupción en el país.

Ante la idea de que la democracia conserva un respaldo importante, pero existe poca confianza en algunas instituciones y cada vez menos personas sienten que pueden hacer oír su voz, ¿para qué participar?

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Participar no significa únicamente elegir a quienes gobiernan, también implica seguir de cerca lo que hacen, plantear demandas, discutir las decisiones y encontrar espacios para incidir en ellas. FOTO: Colprensa.

Participar es más que votar

En Colombia, la participación política está reconocida constitucionalmente como un derecho. El artículo 40 de la Constitución establece que todo ciudadano puede participar en la conformación, ejercicio y control del poder político, mientras el artículo 103 contempla mecanismos como el voto, el plebiscito, el referendo, la consulta popular, el cabildo abierto, la iniciativa legislativa y la revocatoria del mandato.

El voto ocupa un lugar central porque permite escoger a quienes ejercerán cargos de elección popular, pero no es la única posibilidad de participación. Para Carlos Moreno, profesor de Ciencia Política de la Universidad Javeriana, “participar tiene muchas aristas” e incluye desde escribir a los representantes y presentar quejas ante las autoridades, hasta intervenir en debates y procesos de planeación. “Participar (...) busca generar unos canales de diálogo entre las autoridades y los ciudadanos”, explicó.

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La participación también puede darse en las discusiones sobre asuntos públicos, en organizaciones sociales y en procesos de planeación. Para Humberto Librado, director del Departamento de Ciencia Política de la misma institución, “es insuficiente solo el momento electoral, necesitamos una referencia permanente”. Según explicó, la participación permite intervenir en asuntos que afectan la vida cotidiana, como la distribución de los recursos, la definición de prioridades y la manera en que se atienden los problemas públicos.

En ese sentido, participar no significa únicamente elegir a quienes gobiernan, también implica seguir de cerca lo que hacen, plantear demandas, discutir las decisiones y encontrar espacios para incidir en ellas.

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El porcentaje de colombianos que considera que personas como ellos tienen capacidad para hacer oír su voz ante el Gobierno pasó del 28 por ciento en 2018 al 11 por ciento en 2024. FOTO: Colprensa.

Los obstáculos para participar: confianza, acceso e incidencia

Que existan mecanismos de participación no significa que todos los ciudadanos los conozcan, sepan cómo utilizarlos o encuentren una relación entre su participación y las decisiones que finalmente se toman.

Para Librado, uno de los problemas está en la distancia que puede existir entre los espacios institucionales de participación y las decisiones que afectan a los ciudadanos. Colombia cuenta con diferentes escenarios para presentar propuestas y demandas, pero el vínculo puede perderse cuando las personas no logran identificar qué ocurre con lo que plantearon una vez termina el proceso.

Por otro lado, los expertos plantean que al momento de participar la confianza también entra en juego. Cuando las instituciones son percibidas como lejanas o poco capaces de responder a los problemas de la ciudadanía, pueden ganar espacio “liderazgos más personalistas”. Según Librado, estos ofrecen respuestas rápidas y directas, contrarias a instituciones que funcionan mediante procedimientos y tiempos más largos.

Por su parte, Moreno explicó que la participación pierde sentido cuando el diálogo no tiene consecuencias: “Eso solo funciona sí y solo sí, efectivamente las autoridades tienen en cuenta las opiniones de los ciudadanos (...) cuando una institución abre un espacio de participación, escucha las demandas y después mantiene las mismas decisiones a pesar de los llamados de la ciudadanía, el mecanismo pierde eficacia”.

Reconocer la diversidad 

De acuerdo con los expertos, las diferencias políticas, económicas, territoriales y sociales hacen que las demandas de los ciudadanos puedan ser distintas e incluso contradictorias. En ese sentido, participar no significa que todas esas posiciones puedan convertirse al mismo tiempo en políticas públicas, sino que deben existir mecanismos para escucharlas, discutirlas y encontrar puntos de encuentro.

Para Moreno, eso requiere espacios de deliberación y negociación: “La única manera en que se puedan tomar decisiones en beneficio de todos (...) es reconocer que es necesario llegar a puntos medios”, explicó.

Según él, el consenso no significa que todos tengan que pensar igual, sino que una sociedad puede tramitar sus diferencias y construir decisiones que tengan en cuenta intereses distintos. En ese proceso, participar también implica escuchar a quienes piensan diferente y aceptar que “una decisión colectiva puede requerir acuerdos y concesiones”.

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Para Luis Felipe Vega, experto del Departamento de Ciencia Política, esa participación debe permitir que las comunidades y los ciudadanos contribuyan a construir agendas públicas, incluso antes de que los temas lleguen a las instituciones.

Vega planteó que los mecanismos de participación no deberían ser únicamente consultivos, sino que deberían existir instancias en las que las decisiones ciudadanas tengan efectos concretos. “De nada sirve tener mecanismos deliberativos si no determinan y orientan la agenda pública”, sostuvo.

Participar para fortalecer la democracia

Aunque existen dificultades para ejercer la participación, esto no quiere decir que pierda su importancia, por el contrario, los  expertos advirtieron que es frente a la distancia y la desconfianza que se vuelve aún más necesaria.

Una democracia necesita ciudadanos que puedan expresar sus intereses, cuestionar las decisiones de quienes gobiernan y hacer parte de las discusiones sobre los asuntos que afectan a la sociedad. También necesita instituciones capaces de abrir esos espacios y hacer de la participación una parte efectiva de las decisiones públicas.

 

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