
Más de 40.000 donantes: la solidaridad que moviliza al Banco de Alimentos de Bogotá tras el terremoto
Ante la tragedia que enfrenta Colombia, CAMBIO habló con el padre Daniel Saldarriaga, director ejecutivo del Banco de Alimentos de Bogotá, sobre la solidaridad como una forma de construir país, el acompañamiento a las comunidades afectadas y el reto de sostener esa movilización más allá de la emergencia.
Para el padre Daniel Saldarriaga, las tragedias también pueden revelar algo profundo sobre una sociedad: su capacidad para cuidarse y responder cuando más lo necesita. Desde el Banco de Alimentos de Bogotá, del que es director ejecutivo, ha sido testigo de una movilización que, asegura, lo ha sorprendido. Más de 40.000 personas han donado para atender la emergencia en Colombia y, al 22 de agosto, se habían superado las 650 toneladas de productos enviados a las zonas afectadas.
Pero la reconstrucción, dice, va mucho más allá de levantar edificios o llevar alimentos. También implica acompañar a quienes están sufriendo, cuidar a quienes sostienen a las comunidades en medio del dolor y mantener encendida la esperanza. En esta conversación, el padre Saldarriaga habla de solidaridad, fe y confianza, pero también de la responsabilidad que tenemos como sociedad de convertir la emergencia en una oportunidad para transformar aquello que nos hace vulnerables.
CAMBIO: ¿En Colombia estamos todos construyendo país?
PADRE DANIEL SALDARRIAGA: Peter Drucker decía, en sus teorías de administración, que lo único que debe permanecer es el cambio. Y los cambios ocurren porque a personas ingeniosas se les ocurren cosas interesantes; porque uno quiere ponerse a prueba y encuentra nuevas alternativas; o porque aparecen fenómenos naturales.
Nosotros somos un país privilegiado por la naturaleza y hemos vivido muchos fenómenos naturales, al lado de los cuales está la violencia, que nos tiene que doler a todos los colombianos y que es consecuencia de un país con tantas inequidades. Pero qué bueno que hoy podamos ver a Colombia pasando a un nuevo nivel.
CAMBIO: ¿Qué nuevo nivel observa?
P.D.S.: Para empezar, ver a personas capaces de donar 200.000, 150.000 o 100.000 millones de pesos es un milagro. Y también lo son las donaciones de miles y miles de personas y familias.
En el Banco de Alimentos, por ejemplo, con la emergencia de Venezuela nos sorprendieron más de 15.000 personas con sus donaciones. Con el terremoto en Colombia ya nos han donado más de 40.000 personas. Y esto hay que verlo en el tiempo: por estos días se cumplen dos meses del terremoto en Venezuela, mientras que las donaciones para Colombia llevan apenas dos semanas.
Las personas confían en nosotros y consideran que sabemos hacer bien el bien que hay que hacer en este momento histórico que vive el país. Y entonces estamos teniendo la oportunidad de ayudar.
CAMBIO: ¿Cómo están canalizando estas ayudas y cómo están funcionando los Bancos de Alimentos en las ciudades más afectadas por el terremoto?
P.D.S.: Hoy es muy bonito ver que el Banco de Alimentos de Manizales, que tenía una bodega muy pequeña, ahora va a contar con una en la que tendrá capacidad para recibir 500 toneladas de productos.
Y alrededor de Manizales hay muchas posibilidades de ayudar a municipios y comunidades. Pereira se ha desarrollado de una manera impresionante. El trabajo del padre Óscar allá es sorprendente: cuenta con una bodega que le prestaron y con la posibilidad de ayudar a mucha gente.
Lo que ha pasado en Buenaventura, donde parte de la edificación resultó afectada, también ha sido muy significativo. La solidaridad alrededor de la ciudad es algo que no habían experimentado antes.
Lo que está pasando en Cali, uno de los primeros Bancos de Alimentos que nació en Colombia, ha sido maravilloso. No solamente tiene capacidad para recibir, sino también para distribuir. Han llegado caravanas de camiones a muchos sitios donde hay personas levantando la mano y diciendo: “Lo perdimos todo”.
CAMBIO: ¿Qué está pasando en el Chocó?
P.D.S.: En el Chocó, Quibdó e Istmina tienen un buen trabajo. Sin embargo, entrar al Chocó es difícil. Los dos obispos han hecho una labor muy importante al mantenerse cerca del dolor y del clamor de la gente, porque al Chocó, desde hace muchos años, todos los días le aparecen nuevos problemas: crecen los ríos, recrudece la violencia o falta comida porque no hay alimentos suficientes para tanta gente necesitada. Es un clamor.
En estos días hemos logrado llegar con bastantes ayudas. Estamos con la ilusión de que surja de verdad un buen Banco de Alimentos para el Chocó. Estamos hablando con el obispo de Quibdó, monseñor Wiston, porque quisiéramos establecer una infraestructura que se identifique como Banco de Alimentos y que, junto con los otros 26 que hay en Colombia, sea un aliado muy especial.
No sé si Quibdó e Istmina van a hacer un banco cada uno o si pueden hacer uno para los dos. Allá no se produce mucha comida y no es posible encontrar muchas industrias con productos de baja rotación o cercanos a su fecha de vencimiento.
Sin embargo, el Chocó le duele a todos los colombianos. Y allí hay gente buena, mucha gente buena, con un número muy importante de niños y personas mayores.
CAMBIO: El presidente de la Conferencia Episcopal ha hablado sobre la importancia de cuidar a quienes cuidan, especialmente a los sacerdotes y religiosas que han tenido que acompañar a las comunidades en esta calamidad. ¿De qué se trata?
P.D.S.: Buenaventura fue visitada por el cardenal Luis José Rueda Aparicio, quien fue con los obispos auxiliares y 80 sacerdotes a recorrer la región y hacer una pastoral de escucha. La idea era acompañar a los sacerdotes y permitir que quienes estamos en Bogotá conociéramos el dolor que están viviendo los sacerdotes de esa región, donde cerca de 250 templos están afectados.
A los hermanos sacerdotes, religiosos y religiosas que están en esos sectores les corresponde ayudar a mantener encendida la esperanza en el corazón de la gente, que hoy lo único que ve es desolación, tristeza y dolor.
CAMBIO: Teniendo en cuenta lo que dice, ¿qué papel juega la esperanza y la solidaridad en esta reconstrucción sobre todo del ser, de lo espiritual, de las emociones?
P.D.S.: Cuando uno tiene una vida espiritual y puede creer, puede ver más allá de donde la inteligencia le permite. Cuando uno logra creer, puede recibir un regalo muy grande que viene de Dios y es la sabiduría.
Nosotros podemos tener inteligencia, conocimiento, recursos y poder, pero todo eso, sin sabiduría, no nos permite ser los seres humanos que estamos llamados a ser. Cuando nos acompaña la sabiduría, la esperanza se convierte en ese lugar del corazón desde el cual vemos lo que está pasando, no como lo último que tenemos, sino como aquello que el Señor nos confía para ayudar a transformar.
Muchos hoy tienen un dolor muy grande porque han perdido a su papá, a su mamá, a un hermano, a un esposo o a un vecino. Nosotros no somos definitivamente de aquí, somos, por el bautismo, ciudadanos del cielo y aguardamos que venga de allí como salvador el Señor Jesucristo.
Los que tenemos fe esperamos que llegue la hora en la que vamos a participar de la visión de Dios. Y no necesitamos pasar por la enfermedad o por la ancianidad para encontrar a la hermana muerte corporal, como la llamaba San Francisco de Asís. Por eso, todos tenemos que estar preparados.
Uno de mis feligreses tenía a su papá viviendo en Pereira. Se llama Jairo Danilo. Cuando pudo, se comunicó con él unos minutos después de que pasó el temblor y le preguntó: “Papá, ¿cómo está?”. Él le respondió: “Bien, hijo, yo salí aquí para el parque”.
Un rato después, cuando las noticias comenzaron a decir que habían caído edificios, que se había desplomado una torre de la Catedral de Manizales y que estaban pasando distintas cosas en Pereira, volvió a intentar comunicarse con él, pero no le contestó.
Un rato después, quien contestó fue un paramédico, que le dijo: “Mire, el señor no le puede contestar porque le dio un infarto”. La impresión parece que fue tan grande para su corazón que no aguantó. No le cayó nada encima, pero su corazón no aguantó más.
Y nosotros tenemos que ser conscientes de cuánto puede aguantar nuestro corazón o de cuánto nos pueden aguantar esas venas que cruzan por encima de nuestra cabeza, porque podemos estar cerca de un derrame cerebral o de una enfermedad catastrófica. No se trata de ser pesimistas. Lo que tenemos que hacer es confiar en el amor de Dios para no desperdiciar el momento presente y considerar todo lo mejor que podamos hacer en este momento.
CAMBIO: ¿Cómo podemos seguir ayudando? ¿Siguen recibiendo donaciones y voluntarios?
P.D.S.: Nosotros seguimos recibiendo donaciones en la calle 19A No. 32-50. En la página del Banco de Alimentos (www.bancodealimentos.org.co) es fácil encontrar cómo donar.
Aprovecho para resaltar que, al sábado 22 de agosto, habíamos superado las 650 toneladas de productos que se han podido llevar.
Y a Venezuela, la semana pasada enviamos dos tractomulas. Esta semana, con la ayuda de Dios, vamos con dos nuevas tractomulas, porque tenemos unos aliados con los que estamos haciendo el trabajo allá, sabiendo que la necesidad de ellos no acaba.
Son personas que confían en el Banco de Alimentos y nos han entregado recursos porque saben que los destinamos con responsabilidad.
Asimismo, las empresas y las personas pueden inscribirse para hacer voluntariado. La semana pasada tuvimos más de 350 voluntarios por día.
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