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“La educación es la forma más poderosa de solidaridad”: María Carolina Hoyos
El mensaje es claro: ayudar no es asunto de unos pocos, sino una responsabilidad que nos convoca a todos I FOTO: Cortesía.
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“La educación es la forma más poderosa de solidaridad”: María Carolina Hoyos

CAMBIO habló con María Carolina Hoyos, presidenta de la Fundación Solidaridad por Colombia, sobre la respuesta a la emergencia provocada por el terremoto y los desafíos que vienen para la reconstrucción. Una conversación sobre educación, confianza y transformación.

Por: Redacción Contenidos Especiales

En momentos de tragedia, la solidaridad suele aparecer como una respuesta inmediata al dolor. Pero después de la ayuda urgente vienen retos aún mayores, como acompañar a quienes lo perdieron todo y apoyar la reconstrucción de los territorios afectados. Por eso, este año la Fundación destinó los recursos recaudados del Festival y la Carrera de la Solidaridad, del 29 y 30 de agosto, a los afectados por el terremoto. 

María Carolina Hoyos, presidenta de la Fundación Solidaridad por Colombia, habló con CAMBIO sobre la respuesta de la organización a la emergencia y los desafíos que vienen para los territorios afectados. Una conversación sobre la educación como herramienta para romper los ciclos de pobreza, la importancia de la confianza para movilizar recursos y la necesidad de pasar de la conmoción a la acción.

Para Hoyos, esta respuesta hace parte de una historia que comenzó hace 51 años, precisamente después de una emergencia natural. Su mensaje es claro: ayudar no es asunto de unos pocos, sino una responsabilidad que nos convoca a todos.

CAMBIO: El país atraviesa nuevamente una tragedia que ha puesto a prueba nuestra capacidad de responder como sociedad. ¿Qué significa para usted y para la Fundación estar al lado de los colombianos en un momento como este?
MARÍA CAROLINA HOYOS: La Fundación Solidaridad por Colombia nació en 1975, precisamente a raíz de una emergencia natural. Es decir, en nuestro ADN está ser parte de la solución frente a este tipo de situaciones. Cuando comenzamos, fuimos una de las primeras ONG de América Latina en atender este tipo de emergencias. En ese momento ni siquiera existía una oficina de desastres en el Estado colombiano, así que éramos una Fundación que reaccionaba desde el primer momento ante estas tragedias.

En esta ocasión, llegamos a Pereira apenas 24 horas después de la tragedia, con alimentos, elementos de higiene y primeros auxilios. En esta primera etapa hemos atendido 8.600 familias con mercados y estamos llegando a distintos departamentos y municipios afectados.

CAMBIO: La Caminata ha tenido una historia ligada a la educación, pero este año decidieron ponerla al servicio de los damnificados. ¿Qué los llevó a tomar esa decisión?
M.C.H.: Tenemos dos grandes líneas de trabajo: educación y sostenibilidad. La Caminata por la Solidaridad ha sido fundamental para financiar nuestros programas educativos, pero esta vez llegó en un momento en el que Colombia está de luto y necesita mucha solidaridad. Por eso decidimos volcar el festival y la carrera para apoyar a los damnificados por el terremoto.

CAMBIO: Usted ha hablado de varias etapas en la respuesta a una emergencia. ¿Qué viene después de esa primera atención humanitaria?
M.C.H.: Tenemos una metodología construida a partir de 51 años de experiencia, que contempla tres etapas: atención humanitaria, recuperación y nueva normalidad, y recuperación sostenible.

En esta primera fase hemos llevado motosierras, pilas, agua, linternas, alimentos, medicamentos y elementos de higiene. Pero sabemos que después viene una etapa fundamental, que es la reconstrucción. Estamos convencidos de que la mejor manera de llevar a una sociedad hacia una nueva normalidad es invertir en los niños. Lo primero es garantizar nuevamente la continuidad de la educación y después avanzar en la reconstrucción. Hay más de 3.000 escuelas que quedaron afectadas en diferentes niveles y ahí queremos concentrar buena parte de nuestro esfuerzo.

CAMBIO: En una tragedia como esta, ¿cómo se logra que la solidaridad no sea solamente una reacción del momento, sino que se convierta en una cultura permanente?
M.C.H.: Creo que Colombia tiene una cultura de la solidaridad. El colombiano, por naturaleza, es muy solidario. El reto es lograr que esa solidaridad se canalice de manera adecuada y que pueda generar transformaciones de largo plazo. Por eso nosotros trabajamos con un propósito muy claro: llevamos 51 años sabiendo que estamos para combatir la pobreza extrema y, mientras exista pobreza, vamos a estar ahí.

También es fundamental el uso adecuado y transparente de los recursos. No basta con recibirlos: hay que invertirlos de manera pertinente y rendir cuentas. Nosotros siempre hemos rendido cuentas. Antes lo hacía mi abuela a través de los medios de comunicación tradicionales; hoy lo hacemos también a través de las redes sociales. Esa transparencia ha permitido construir durante 51 años un vínculo muy poderoso con los colombianos. La gente sabe que puede acudir a nosotros y que los recursos que entrega son bien utilizados.

CAMBIO: Hoy estamos hiperconectados, pero muchas veces también vivimos desconectados de los demás. ¿Cómo pueden las redes sociales ayudar a fortalecer la solidaridad y no terminar saturándonos frente a tantas tragedias?
M.C.H.: Las redes sociales pueden ser un instrumento muy poderoso, pero también tenemos que ser muy cuidadosos. Por ejemplo, frente a las noticias falsas, el mejor antídoto es acudir a las redes sociales de los medios que uno conoce y que generan confianza.

A nosotros nos pasa constantemente. La gente nos busca en redes sociales, nos pregunta cómo puede ayudar, qué estamos haciendo, a dónde vamos, cómo puede ser voluntaria. Eso demuestra que las redes también pueden servir para convocar y organizar la solidaridad. Pero, aun así, existen personas que aprovechan la solidaridad para hacer negocio. Y eso es muy grave, porque si convocamos a los colombianos a ayudar y los recursos terminan teniendo un mal uso, algún día podemos quedarnos sin esa capacidad de convocatoria. Por eso son tan importantes la transparencia, el uso adecuado de los recursos y la rendición de cuentas.

CAMBIO: Usted dice que la Fundación trabaja principalmente en educación y sostenibilidad. ¿Por qué la educación es también una forma de solidaridad?
M.C.H.: La educación es la forma más poderosa de solidaridad porque cuando uno invierte en educación realmente está rompiendo las trampas de la pobreza de la mejor y más efectiva manera posible. Les cuento la historia de Dana. Ella entró a nuestro jardín infantil a los ocho meses y estuvo con nosotros hasta los cinco años. Es hija de una madre cabeza de familia que vende fruta en una carreta. Después Dana pasó a nuestro programa de Semillitas Solidarias, que busca combatir fenómenos como el consumo y la permanencia de los niños en la calle. Luego entró a Jóvenes Solidarios, que es la escuela ciudadana más antigua de América Latina, y finalmente llegó a estudiar Derecho.

Entonces yo me pregunto: ¿una señora que vende fruta picada en vasitos plásticos en una carreta podría llevar por sí sola a su hija hasta allá? Es muy difícil. Nosotros no tenemos prisa. No hacemos una charla, entregamos un certificado y nos vamos. Sabemos que la transformación de los seres humanos toma tiempo y es costosa. No tenemos prisa, pero sabemos que no podemos parar, porque cuando entramos en la vida de Dana, si no hubiéramos podido ayudarla a llegar a la universidad, le habríamos dejado una vida a mitad de camino.

CAMBIO: La Carrera y el Festival de la Solidaridad tienen algo particular y es que se viven como una celebración. En medio del dolor y la tragedia, ¿por qué es importante que la solidaridad también pueda expresarse desde la alegría?
M.C.H.: Es muy importante poder convocar toda una fuerza solidaria a través de un festival y una carrera. Sentarnos a llorar no va a ayudar a quienes hoy están mal. Lo que hay que hacer es ponerse en las botas del otro y ejecutar. Más que lamentarnos, tenemos que trabajar.

Nosotros no hemos parado un solo día desde el terremoto y no lo vamos a hacer. Vamos a estar en el Eje Cafetero, en la zona que nos asignaron, acompañando la reconstrucción durante tres años. Sabemos que no vamos a parar en nuestro compromiso con Colombia.

CAMBIO: Su abuela, doña Nydia Quintero, creó la Fundación y se convirtió en una figura fundamental de la solidaridad en Colombia. ¿Qué cree que ella nos diría hoy, en medio de esta tragedia?
M.C.H.:  Ella siempre invitaba a todos a dar de lo que tenemos, no de lo que nos sobra. En Colombia no se puede dividir entre solidarios que dan y solidarios que reciben. Todo solidario que recibe debe dar y todo solidario que da debe recibir.

La transformación y el poder ser realmente parte de la solución no son un tema de unos pocos que tienen recursos. Es un tema de todos. Ayudar no es solamente hacerlo con recursos. También es ser voluntario, difundir información en las redes sociales. Hoy existen muchas maneras de hacernos solidarios en medio de una tragedia.

Y estoy segura de que mi abuela diría que lo que no podemos permitir es quedarnos como espectadores, viendo cómo otros solucionan un problema que nos corresponde a todos.

 

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