
¿Cómo están cambiando las preocupación de la sociedad sobre la seguridad en Colombia?
Aunque los indicadores muestran una mejora en la percepción de seguridad, los colombianos siguen viendo el delito como una de sus principales preocupaciones. Andrés Macías-Tolosa, coordinador del Grupo OPERA de la Escuela de Gobierno de la Universidad Externado de Colombia y doctor en Estudios de Paz y Conflicto, explora cómo la criminalidad cotidiana, la confianza en las instituciones y la transformación de las amenazas están redefiniendo la seguridad ciudadana en el país.
Por: Andrés Macías-Tolosa
Los resultados de la Encuesta Mundial de Valores, en la octava ola, muestran un resultado que, a primera vista, parece contradictorio: aumenta la percepción de seguridad y disminuye la victimización, mientras que delitos como el hurto y las riñas siguen ocupando los primeros lugares entre las preocupaciones ciudadanas. Y aunque ha disminuido levemente la preocupación sobre la incidencia del conflicto armado y los ataques terroristas, los niveles registrados de esas variables se mantienen altos, lo que evidencia que la seguridad continúa siendo uno de los principales determinantes de la relación entre la sociedad y el Estado.
En otras palabras, más que una disminución uniforme de los riesgos percibidos, los resultados de la encuesta sugieren una transformación de las preocupaciones ciudadanas: mientras que pierde protagonismo la violencia asociada al conflicto armado, adquieren mayor relevancia las manifestaciones de criminalidad cotidiana propias de los entornos urbanos. Lo anterior reafirma que la percepción de inseguridad no depende exclusivamente de la experiencia directa de victimización, sino también de la exposición a hechos violentos, la confianza en las instituciones, el entorno urbano, la información que circula en medios y redes sociales y la capacidad del Estado para garantizar justicia y control territorial.

Ahora bien, esa disminución de la preocupación por la evolución del conflicto armado y los atentados terroristas no significa que estas problemáticas hayan desaparecido. Más bien refleja que, para amplios sectores de la población, especialmente en los principales centros urbanos, las amenazas inmediatas en materia de seguridad están relacionadas en mayor medida con el hurto, las extorsiones, las lesiones personales y otras formas de violencia interpersonal. Y es que esas amenazas se han ido expandiendo poco a poco debido a la fragmentación de los grupos armados, la expansión de economías ilegales y la consolidación de organizaciones criminales en ciudades y corredores estratégicos en el país.
Este desplazamiento de las principales preocupaciones de la población refleja que, cada vez más, el temor o el miedo al delito suele estar más asociado con hechos recurrentes y espacialmente cercanos a cada individuo, que con amenazas de carácter principalmente nacional. Los ciudadanos parecen concentrar con mayor frecuencia su atención en fenómenos relacionados con la delincuencia urbana y el crimen organizado que afecta directamente su vida cotidiana.
Por otro lado, el incremento en la percepción de seguridad en el barrio y la reducción de los niveles de victimización constituyen sin duda señales positivas. Sin embargo, ese resultado contrasta con la persistencia de conductas de autoprotección, tales como evitar salir de noche, reducir el dinero que se lleva consigo o incluso portar armas para defenderse. En otras palabras, con el tiempo se ha ido modificando gradualmente las formas en que la población experimenta la inseguridad.
Un resultado especialmente significativo es el aumento de la confianza en la Policía y en la justicia, aunque según la encuesta, ambas instituciones continúan registrando niveles relativamente bajos de legitimidad. Desde la perspectiva de la seguridad ciudadana, esta situación es extremadamente crítica. Para fortalecer la seguridad y disminuir la percepción de inseguridad, es fundamental recuperar la confianza ciudadana en las autoridades de policía. Mayor confianza policial se traduce en mayor propensión a la denuncia, mayor cooperación ciudadana con las autoridades y mayor cumplimiento voluntario de la ley. De esa manera se mejora la convivencia ciudadana y se reduce la recarga que los problemas de convivencia generan sobre actores como la Policía.
Finalmente, la mayor valoración del orden y del respeto por la autoridad constituye uno de los hallazgos políticamente más relevantes de la Encuesta Mundial de Valores. En escenarios caracterizados por incertidumbre, criminalidad persistente y baja confianza institucional, los ciudadanos tienden a privilegiar respuestas estatales que fortalezcan la capacidad de control y protección. No obstante, las políticas de seguridad producen mejores resultados cuando combinan acciones eficaces de control del delito con mecanismos permanentes de construcción de confianza entre la ciudadanía y el Estado, instituciones de justicia accesibles, gobiernos locales capaces de resolver conflictos y prevención social de la violencia. En ese sentido, los resultados de la Encuesta Mundial de Valore sugieren que ese equilibrio continúa siendo uno de los principales desafíos para la política de seguridad y convivencia ciudadana en Colombia.
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