
MinCiencias pide preservar las políticas que ampliaron la participación de las mujeres en la ciencia
En un conversatorio organizado por CAMBIO y el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, la ministra Yesenia Olaya, directivas de la cartera e investigadoras hicieron un balance de las principales transformaciones impulsadas durante los últimos cuatro años y reflexionaron sobre los retos que enfrentará la política científica en el próximo Gobierno.
Por: Valentina Giannini
A pocos días de que concluya el Gobierno de Gustavo Petro, el futuro de las políticas públicas en ciencia, tecnología e innovación comienza a ocupar un lugar central en la discusión.
Tras cuatro años en los que el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (Minciencias) impulsó una agenda enfocada en la descentralización del conocimiento, el fortalecimiento de las capacidades regionales y la reducción de brechas de género en la investigación, la pregunta ahora es cuáles de esas apuestas lograrán consolidarse y mantenerse en la próxima administración.
Con ese propósito, CAMBIO, en alianza con el ministerio, organizó el conversatorio ‘La política científica del Gobierno del Cambio: logros, desafíos y futuro’, un espacio que reunió a la ministra Yesenia Olaya Requene; a la directora de Capacidades y Apropiación del Conocimiento, Rudy Amanda Hurtado Garcés, y a las investigadoras Diana Hincapié Cetina y Olga Lucía Méndez Polo, beneficiarias del Programa Orquídeas: Mujeres en la Ciencia, creado por la entidad.
Vea el conversatorio completo aquí:
Un ministerio que buscó democratizar la ciencia
Al hacer un balance de su gestión, la ministra Olaya recordó que recibió una cartera que apenas consolidaba su transición de Colciencias a ministerio, y que enfrentaba importantes retos institucionales, entre ellos la concentración de la inversión científica en las principales ciudades del país.
Uno de los primordiales cambios, explicó, fue orientar la política científica hacia la democratización del conocimiento y del acceso a los recursos públicos destinados a la investigación. “El ministerio tenía una marcada centralización de la inversión en cinco grandes ciudades del país (…). Existía una ausencia total de políticas para reconocer y empoderar a las mujeres científicas en nuestro país, pero también poca visibilidad en las regiones y los territorios de Colombia”, afirmó.
Según la ministra, esa transformación también implicó ampliar la forma en que el Estado entiende quién produce conocimiento, incorporando a pueblos indígenas, comunidades afrodescendientes y campesinas como actores del sistema: “Fue un reconocimiento que pasaba por asumir desde la misionalidad misma a los pueblos como sujetos de conocimiento en la ciencia y no como objetos de estudio”.
En ese sentido, la directora de Capacidades y Apropiación del Conocimiento, Rudy Amanda Hurtado, sostuvo que las transformaciones impulsadas durante estos años no pueden medirse únicamente por las convocatorias o los recursos ejecutados, sino también por los cambios en la forma de producir conocimiento.
“Esas transformaciones que hoy experimentamos en el campo científico del país no solo tienen que ver con las políticas públicas, sino con las subjetividades y las materialidades que hay detrás de ellas”, afirmó Hurtado.
Desde su experiencia como investigadora, Diana Hincapié Cetina aseguró que muchas de esas apuestas hicieron realidad principios que el país había planteado décadas atrás: “Por primera vez se hizo realidad el proyecto de país contenido en la Constitución Política de 1991”, dijo.
Las mujeres, protagonistas de una nueva política científica
La conversación también giró alrededor de una de las principales apuestas de la actual administración: el fortalecimiento de las mujeres en la ciencia. Para la ministra Olaya, programas como Orquídeas: Mujeres en la Ciencia respondieron a una deuda histórica con las investigadoras colombianas e incorporaron un enfoque de género dentro de la política científica.
“Orquídeas buscaba organizar una agenda científica feminista en el país”, explicó la ministra, y dijo que esa apuesta no se limitó a aumentar el número de beneficiarias, sino que buscó reconocer las distintas realidades que atraviesan a las mujeres en el territorio.
“Si hablamos de democratizar el conocimiento, debe ser con hechos reales. (...) Las mujeres tenemos diferencias y las violencias de género afectan según el lugar de representación de la mujer, su territorio, su condición étnico-racial y su clase social”, añadió.
Para Olga Lucía Méndez Polo, investigadora beneficiaria del programa, el impacto de Orquídeas se refleja en las oportunidades que abrió para jóvenes científicas y en la posibilidad de desarrollar investigaciones de la mano de organizaciones sociales y comunidades.
Méndez calificó el programa como una “política sinérgica” y destacó que permitió fortalecer redes de trabajo entre investigadoras de distintas regiones del país.
La experiencia de Diana Hincapié Cetina también mostró cómo estos programas transformaron la manera de hacer investigación en los territorios. Durante su trabajo con comunidades afectadas por el conflicto armado encontró que no todas las personas construyen memoria o conocimiento de la misma forma, y que esos procesos también deben ser reconocidos por la academia.
En esa misma línea, Hurtado destacó que la incorporación de un enfoque interseccional permitió que las políticas científicas dialogaran con realidades que históricamente habían permanecido excluidas del ámbito científico e investigativo. Según ella, convocatorias como Ciencia para la Paz reunieron a universidades, organizaciones sociales y comunidades alrededor de proyectos construidos desde las propias regiones.
Un legado que el ministerio pide preservar
Aunque el conversatorio fue planteado como un balance de gestión, buena parte de la discusión terminó concentrándose en el futuro y giró en torno a la siguiente pregunta: ¿qué pasará con las políticas impulsadas durante este Gobierno?
La ministra Olaya aseguró que esa es una de sus mayores preocupaciones. Según explicó, el ministerio deja asegurados recursos para una nueva cohorte del Programa Orquídeas, que beneficiaría a cerca de 1.000 investigadoras con una inversión superior a los 120.000 millones de pesos, pero advirtió que la continuidad de estas iniciativas dependerá de las decisiones que adopte el próximo Gobierno.
“Estoy muy preocupada. En el marco de la transición hacia una nueva forma de gobernanza en el país, se ha posicionado una discusión muy importante: la batalla cultural. La cultura y la ciencia no están distanciadas; la cultura hace parte de la ciencia, hay una cultura científica”, afirmó Olaya.
Para la ministra, esa discusión también atraviesa la producción de conocimiento y la forma en que el país entiende quiénes pueden construir ciencia: “No es una batalla cultural de blancos contra pueblos indígenas o de mestizos contra pueblos negros. La cultura es conocimiento; es una disputa por el conocimiento. ¿Quién construye la ciencia? ¿Quién construye la tecnología y el conocimiento que sirve para la transformación social?”, agregó.
Finalmente, la ministra insistió en que los avances alcanzados hasta el momento no deberían entenderse como el legado de una administración en particular, sino como una apuesta de largo plazo para el país: “No es un legado de la ministra Yesenia ni del presidente Petro; es un legado del país que está transformando la vida”, afirmó.
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