
En busca del padre que se fue
Alma Delia Murillo, autora de 'La cabeza de mi padre', decide a los 40 años ir tras el padre que la abandonó cuando era una niña. ¿Qué sentido tiene una decisión como esta?
Por: Martín Franco Velez
América Latina sigue siendo un continente sin padres. Y por padres me refiero, específicamente, al género masculino: las decenas, cientos, miles de hombres que no se hacen cargo de sus hijos. Las cifras son abrumadoras: basta una rápida ojeada en internet para entender que la responsabilidad de los hombres con sus hijos sigue siendo un asunto pendiente en todos los países de la región. Dicha situación deja profundas huellas en tantos que aún las llevan consigo. Una de ellas es Alma Delia Murillo, la autora de La cabeza de mi padre, quien al rondar los 40 años decide buscar al padre que la abandonó cuando era una niña. ¿Por qué hacerlo? ¿Qué lleva a alguien a seguirle la pista a otro que lo privó de su presencia? ¿Qué sentido tiene?
Esta novela de no ficción es un intento por encontrarles respuesta a esas preguntas y tratar de darle sentido al presente resolviendo los vacíos del pasado. Así, pues, los lectores asistimos a un viaje que arranca con una premonición, en el que toda una familia sale en busca del padre ausente. Mientras avanzamos por esas carreteras mexicanas, volvemos a la infancia de la autora, a lo que significó para ella crecer sin la figura paterna y lo que eso sigue representando en su vida, a los peligros de crecer con pocos recursos en una ciudad como CDMX y a una revelación dolorosa que implica un quiebre en una narración que es compleja en sí misma.
Pero todos esos descubrimientos –incluyendo, por supuesto, el final sorprendente– están en esas páginas, y haría mal revelándolos aquí. Lo que sí puedo decir es que el lector encontrará en este libro una narración potente que resulta, a la vez, iluminadora y difícil.
Lo que subrayé
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