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'El,paso suspendido de la cigüeña'
'El paso suspendido de la cigüeña', proyecto de Sair García.
Cultura

Sair García, las fronteras y el desarraigo

‘El paso suspendido de la cigüeña’ es una instalación de Sair García en la que reflexiona acerca de las fronteras que construyen las sociedades para separar los territorios, muchas veces de manera violenta, y, especialmente, las que las personas se imponen a sí mismas.

Por: Eduardo Arias

Dos escenas muy breves de una película del director griego Teodor Angelopoulos fueron el detonante de El paso suspendido de la cigüeña, un proyecto de Sair García que se apropia de dos escenas de la cinta, de 1991, en la que reflexiona sobre las fronteras y los conflictos que tantas veces se derivan de ellas. Entre ellas, la migración y el exilio.

El proyecto, que reúne 14 pinturas, es una gran instalación compuesta por 350 obras en pequeño formato y dos animaciones en video que las unen.

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De ese modo, estas pueden verse montadas en unas largas estructuras de metal que recorren la galería y también en el pequeño auditorio donde se proyecta las animaciones, en un bucle que termina siendo hipnótico, ya que uno lo puede ver una y otra vez casi sin darse cuenta de que ha vuelto a comenzar.

Los óleos en gran formato, con figuras humanas casi realistas, complementan los trazos que apenas insinúan leasa siluetas, que aparecen en las pequeñas piezas que componen la instalación. Además, este proyecto dialoga en La casita con una obra del maestro caleño Ever Astudillo.

El paso suspendido de la cigüeña está expuesto en La Casita, en el barrio El Polo de Bogotá. Vale señalar que La Casita no es una galería en el sentido convencional de la palabra, sino un espacio cultural que Simón y Maritza Chehebar crearon en 2015 para desarrollar proyectos de artistas colombianos contemporáneos y de vanguardia.

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Sair García nació en 1975 en Barrancabermeja. En su obra ha abordado de manera constante temas relacionados con el conflicto como la violencia, el desplazamiento, las desigualdades sociales y sus consecuencias. A través de la pintura, la escultura y la instalación ha fusionado el paisaje con la memoria política para cuestionar la realidad violenta de su entorno. Es maestro en Bellas Artes de la Universidad Nacional de Colombia. Sus obras abordan temas sensibles y defiende una visión del conflicto centrada en lo humano.

De allí su interés en esta cinta hasta el punto de convertirla en un trabajo de grandes dimensiones. “De alguna manera, Angelopoulos muestra la esperanza humana y lo que generaba en el sentir de unas comunidades y de toda una sociedad desarraigada. Mostraba la diáspora en unos planos bastante extensos, bastante ominosos, con unas brumas bastante pronunciadas, cosa que, a mí, en lo personal como pintor, me llamó poderosamente la atención porque yo en algún momento de mi vida, cuando empecé mi carrera, también trabajé este tipo de brumas”, dice García. Su intención real era apropiarse de lo que podía generar el cine. “El cine siempre se ha nutrido de la pintura y yo quise hacerlo a la inversa. Esta exposición habla básicamente de lo que somos como sociedad, que todos los días finalmente nos estamos imponiendo fronteras”. García recuerda que en la película Angelopoulos habla de las fronteres que crean las guerras y que separan a las personas. “Hoy nosotros mismos nos imponemos fronteras individuales, invisibles, a las que difícilmente podemos acceder porque son decisiones de terceros”.

El tren del exilio

En los trenes cargados de personas que se ven en la exposición ellas no tienen ni la menor idea de adónde van. Las comunidades que migraban en el pasado y las que migran hoy lo hacen por las mismas razones. “Lo único que ha cambiado realmente de lo que sucedía y de lo que registró Angelopoulos con respecto a lo que lo que estoy registrando yo como pintor, sólo son los escenarios y los protagonistas”.

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La propuesta y a la vez apuesta de García desde la pintura era congelar esos momentos que en el cine son bastante complejos y muy bellos, pero que son efímeros: pasan muy rápido, mientras que la pintura los eterniza.

Las 350 pinturas en pequeño formato y la animación reinterpreta las escenas reales de la película, que duran unos ocho segundos. “En mi reinterpretación, desde y óptica de pintor, desde el gesto de la pintura, se vuelve un poco más dramática, un poco más fuerte y tiene un sonido distinto”, dice. La animación convierte esas dos escenas de la película original que duran pocos segundos en un drama de tres minutos que resulta ser bastante impactante.

García siempre ha querido mantener al espectador muy pendiente de las escenas que, entre otras cosas, están alteradas porque no sólo tomó cada fotograma de la película, sino que además lo intervino. “Hay mucha información que yo quito. Al poner estos planos tan profundos que se vuelven muy atmosféricos, la pintura reinterpreta esa escena que a mí me interesó. Entonces, la pintura sí tiene ese poder de eternizar un instante y eso es lo que lo que realmente me llama poderosamente la atención”.

A pesar de su apego por la vanguardia, la indagación y la experimentación, García insiste en la pintura porque, en su opinión, ella todavía ocupa un lugar muy relevante, si no el más, en el arte contemporáneo. A él le gusta llegarle al espectador con una pintura fresca que no necesariamente llega a ser hiperrealista, sino que el mismo gesto determina mucho de lo que él quiere expresar del lenguaje y de la narrativa. En este caso, en las obras de gran formato también buscó recrear de alguna manera los afiches publicitarios del cine de los años de 40 y 50.

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Algo que llama la atención es que las pinturas de gran formato son muy realistas y los fotogramas son casi abstracciones. Él lo explica diciendo que, por un lado, le da dramatismo a las dos escenas de la película que él recreó, al apenas insinuar lo que ocurre. “El cerebro le envía la orden al ojo de darle forma a las cosas. Entendí que en esta serie no había necesidad de llegar a una definición absoluta como en las piezas grandes de gran formato”.
La animación se apoya en sonidos como el de un tren en marcha que, en su concepto, le da un toque agónico, incómodo, “de saber que esto no para, esto sigue”.

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Sair García

El diálogo con Ever Asrudillo

Una característica que se les hace a los artistas que exponen en La Casita es que su obra dialogue con alguna pieza de la colección de los anfitriones.
Por ese motivo se exhibe una obra del maestro caleño Ever Astudillo que muestra una escena callejera en el Cali de los años 70. De ese modo se unen en 2026 escenas que pertenecen a dos lugares y pasados diferentes. “Creo que se logró con todos los honores, haciéndole un gran homenaje al maestro que es para mí uno de los mejores artistas colombianos”.

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Ever Astudillo y su diálogo con Sair García a través del arte.

A manera de reflexión final, García dice que El paso suspendido de la cigüeña forma parte de una serie sobre el sentir humano, sobre lo que lo que le espera a la humanidad en tiempos bastante convulsionados. Considera necesario mirar hacia atrás para recordar que esto ya lo vivieron muchas generaciones del pasado. García también busca dejar un registro para las generaciones venideras. “Que entiendan que el arte es uno de los vehículos más importantes para dejar esos registros. No hay que olvidar todo por lo que estamos pasando”.


El paso suspendido de la cigüeña
Saír García
La Casita
Calle 86 # 27-85, Bogotá
Estará abierta al público hasta septiembre de este año y contará con una programación complementaria de conversatorios y encuentros que ampliarán las reflexiones que propone la muestra.

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