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Sebastián Osorio como Aureliano babilonia
Aureliano babilonia, el último de la estirpe de los Buendía. Fotos: cortesía Netflix.
Cultura

Cuando los Buendía pierden su segunda oportunidad

El episodio final segunda parte de la serie de Netflix basada en la novela 'Cien años de soledad' de Gabriel García Márquez reproduce la trágica profecía del Melquíades sobre el final inexorable de la estirpe de los Buendía.

Por: Eduardo Arias

Macondo ya no es una aldea de 20 casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas. Ya han pasado muchos años (y muchas páginas), y a lo largo de los primeros siete episodios, que se estrenaron el pasado 5 de agosto, se muestra la firma de la paz de Neerlandia que le pudo fin a la Guerra de los Mil Días y el triste final del coronel Aureliano Buendía. El tren conecta a Macondo con el mundo y con él llega el progreso pero también la United Fruit Company y, como consecuencia de ella, la masacre de las Bananeras de 1928.

Los primeros siete episodios de la segunda parte de la serie de Netflix de Cien años de soledad se lanzaron el pasado 5 de agosto. Laura Mora dirigió los episodios 1, 2, 5 y 6, y Carlos Moreno se encargó de la dirección de los capítulos 3, 4 y 7, que se rodaron en diversas locaciones de Colombia. La producción se rodó en su totalidad en departamentos colombianos como Magdalena, Boyacá, Cundinamarca y Tolima.

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El viento que azota a Macondo derriba lo poco que queda de la casa de los Buendía.

La estocada de gracia

Ahora llega el turno del episodio final, estrenado en Netflix el pasado 26 de agosto, de una hora y 43 minutos de duración. Es tan bien logrado desde el punto de vista de la cinematografía y de la profundidad de los personajes, que puede verse como una película independiente. Fernanda del Carpio, Aureliano Babilonia, el último de los José Arcadio y Amaranta Úrsula, los cuatro personajes principales viven prácticamente enjaulados en una casa que se cae a pedazos. Cuando Aureliano y José Arcadio salen a las calles de Macondo, transitan por calzadas polvorientas con fachadas abandonadas, aunque aún sobreviven bastante deteriorados algunos mínimos vestigios de ya muy antiguos tiempos festivos.

Como si se tratara de un drama de Chéjov, de Ibsen o de Sartre, el episodio final presenta el desagarrador e inevitable final de una estirpe tal como lo habían profetizado los manuscritos de Merlquíades. “Todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre, porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la Tierra”.

Los protagonistas de este capítulo, que dirigió Laura Mora, son Fernanda del Carpio, que en la última etapa de su vida la interpreta Margarita Rosa de Francisco; Amaranta Úrsula, interpretada por Estefanía Piñeres; José Arcadio, hijo de María Fernanda y que había ido a Roma para convertirse en papa, es interpretado por Emmanuel Restrepo; y Aureliano Babilonia, el hijo bastardo de Meme y Mauricio Babilonia, es interpretado por Sebastián Osorio. CAMBIO habló con ellos acerca de la serie y, en particular, del episodio final.

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Emmanuel Restrepo interpreta a José Arcadio, el hujo de Fernanda del Carpio. Al fondo, Aureliano Babilonia, papel a cargo del actor Sebastián Osorio.

CAMBIO: ¿Cómo fue la experiencia de formar parte de una obra que está basada en una novela tan importante de la literatura universal?

Emmanuel Restrepo: Es un reto muy grande. Es el sueño para muchos de nosotros y además el sueño que no pensamos que se iba a dar. Ya todo había pasado, ya toda la primera parte estaba hecha, la segunda casi también y nosotros llegamos ya a lo último: entonces fue muy emocionante y muy retador también. Es la obra cumbre, y uno pensaría que nunca la iban a llevar a la pantalla y además uno nunca pensaría que le tocaría actuar esos personajes que representan un reto actoral enorme. A mí eso me representaba mucho miedo y una felicidad muy grande el compartir con mis compañeros, que admiro profundamente. Son muchas emociones encontradas y quedo muy tranquilo y feliz de haber hecho parte de esta segunda parte.
Margarita Rosa de Francisco: Yo no tenía en el radar a Cien años de soledad como una posibilidad para mí. Absolutamente no. Vi la primera temporada ni siquiera pensando “¡ay, chévere haber estado allí”, porque eso estaba completamente negado para mí. Así que cuando recibí la invitación directa de Laura Mora no lo podía creer. Me emocionó y por supuesto que también me asusté mucho cuando me dijo que era precisamente ese momento del personaje, que son unas pocas escenas, como cuatro o cinco, pero muy concentradas y tenía que contarse aquel derrumbe con mucha precisión. Por lo menos con respecto a lo que Laura quería, porque uno parte de que no le puede llegar a unos personajes que son arquetípicos ya, que están lejos de lo que uno pudiera alcanzar porque no estamos en la mente de este genio que es García Márquez. Pero uno parte de ese cable a tierra y aprende a volar cuando los lee con más profundidad.

CAMBIO: En esta segunda parte, y sobre todo en el episodio final, se siente ese peso, ese agobio que adquiere la novela a medida que se avanza em su lectura. Ese peso se siente también en la serie.

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Estefania Piñeres como Amaranta Úrsula.

Estefanía Piñeres: Sin duda este Macondo de la segunda temporada es más oscuro. También la segunda mitad del libro narra muchos acontecimientos atroces y muy dolorosos. Creo además que no solamente está representado en la escritura y en la narrativa que eligieron. Visualmente en la primera y en la segunda temporada se ven dos Macondos radicalmente distintos. Incluso en el tratamiento del color, en las paredes… Sé que fue una decisión que se cayera un poco por la humedad, por la pintura.
M.R. de F.: Como espectadora yo veía en la primera temporada esa casa divina, pulcra, perfecta, y cuando yo llego al set ella está completamente caída. Yo siento que ahí es cuando uno como actor sabe que uno no trabaja solo, Que a uno lo compone todo lo que lo rodea.

E.R.: Sí, era muy impresionante porque yo creo que es una mezcla de muchas emociones. Primero es como impresión y emoción, pero, al mismo tiempo, yo no sé si les pasó, yo sentía una profunda melancolía. ¿En esto quedó esta casa que yo vi, que era medio onírica, donde todo era perfecto, casi que no es real, y ahora en esto estamos? Contrastaba con lo admirado de estar ahí, y que eso fuera un set y no una casa real con lo que verdaderamente producía.

Sebastián Osorio: Sí, porque se sentía un poco que la casa estaba viva también y que el pueblo era un personaje más, que iba cambiando con los personajes que viven en el pueblo. Entonces es muy interesante ver el paso del tiempo no sólo en los personajes sino también en las locaciones, en el set, en cómo se siente el ambiente, en el color, en la fotografía. Creo que todo está muy pensado, y muy estudiado también. Las personas que trabajaron aquí lo dieron todo y creo que hicieron un trabajo espectacular a la hora de retratar esa sensación: eso que uno siente cuando lee el libro.

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Aureliano Babilonia (interpretado por Sebastián Osorio) cubre los restos de Fernanda del Carpio.

CAMBIO: ¿Y usted cómo sintió ser el último, el personaje que se cierra toda esta saga familiar?

S.O.: Ahora hablaba de esa escena final en la que mi personaje está terminando de descifrar los pergaminos de Melquiades y a medida que pasa las páginas todo lo que va leyendo va haciéndose realidad. Entonces, el pasado, el presente y el futuro se vuelven uno solo. Y claro, cuando yo leía eso, me decía: “¡Uf, pucha madre! ¿Cómo hago esto? ¿Cómo lo interpreto?". Y de cierta manera, la forma de llegar a esa sensación ese día fue un poco intuitivo porque todo el set se sentía nostálgico, porque todos estaban en la misma situación después de tres años de trabajo y de vivir en Ibagué, fuera de sus casas, culminando un proyecto que para cada uno marcó la vida. Por eso fue fácil entrar como a ese ambiente nostálgico, pero al mismo tiempo hermoso porque el personaje se está dando cuenta de quién es y como que está cumpliendo su objetivo. Eso se juntó con la realidad. Entonces fue muy lindo ver cómo convergían esos dos mundos.

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