
Goya, un reportero de los horrores de la guerra
Fragmentos, Espacio de Arte y Memoria presenta en Bogotá la exposición ‘Los desastres de la guerra’, de Francisco de Goya: 80 grabados que narran los horrores de la invasión napoleónica que encendió la mecha de la Independencia Española. Hace 18 años, la misma serie estuvo expuesta en la Fundación Gilberto Alzate Avendaño, de donde fue robada y recuperada la más significativa de las piezas.
"Si conocemos los sufrimientos que produce la guerra, ¿por qué esta sigue ocurriendo?"
A manera de prólogo
La primera exposición en Bogotá de Los desastres de la guerra, del artista español Francisco de Goya, fue abierta al público el miércoles 3 de septiembre de 2008 en la Fundación Gilberto Alzate Avendaño (FUGA), y estuvo enmarcada por un sonado hecho judicial, cuando, de los 80 grabados de la serie, desapareció uno, el titulado Tristes presentimientos de lo que ha de acontecer, en la noche del jueves 11 de septiembre.
En 2008, el alcalde de Bogotá era Samuel Moreno Rojas y como directora de la FUGA figuraba Ana María Alzate. Tras conocerse la noticia del robo, alertada por el celador de turno, el revuelo fue inmediato. La investigación la asumió el general Rodolfo Palomino, comandante de la Policía Metropolitana, quien ofreció 20 millones de pesos de recompensa a quien tuviera conocimiento del paradero de la obra.
Un mes después del robo, el domingo 12 de octubre, efectivos de la Sijín anunciaron que habían rescatado el cuadro en una habitación del hotel Torre Central, ubicado en la carrera Décima con calle 17. El grabado estaba en una cama, envuelto en una carpeta de plástico y tapado con cobijas.
Aunque no se reportaron capturas, el general Palomino hizo entrega de la obra a la directora de la FUGA, quien certificó su autenticidad y agregó que el grabado estaba asegurado en 4.000 euros, como cada uno de los 79 grabados restantes.

Los desastres... en Fragmentos
Después de18 años, y en septiembre, Tristes presentimientos de lo que ha de acontecer, el número 1 de la serie de 80 grabados goyescos de Los desastres de la guerra, vuelve a hacer historia en Bogotá, esta vez en Fragmentos, Espacio de Arte y Memoria, desde 2017 escenario propicio para el diálogo y la reflexión del conflicto armado en Colombia, a partir de Contramonumento, obra de la artista Doris Salcedo, inaugurado un año después de la firma del Acuerdo de Paz en 2016 entre el Gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC- EP, al mando de Rodrigo Londoño, conocido como 'Timochenko'.
Salcedo utilizó las 37 toneladas de armas entregadas por la desmovilizada guerrilla, para ser fundidas y reconfiguradas como la base física y conceptual de soporte, con el fin de simbolizar un espacio de memoria en una antigua casa derruida y adaptada del antiguo barrio Santa Bárbara, sector fundacional de la capital. El Contramonumento de Salcedo desmitifica la heroicidad bélica y se centra en la reconstrucción y reivindicación de la memoria de las víctimas, la mayoría mujeres, invitadas a martillar y fundir los rezagos del armamento que, durante más de 50 años, causó tanto dolor en sus familias.

Con esa misma perspectiva, Goya interviene en Los desastres de la guerra como un reportero de los horrores, la humillación y la degradación humana, visibles en sus 80 grabados, desde el número 1, Tristes presentimientos de lo que ha de acontecer, donde aparece un hombre arrodillado, con los brazos en cruz y una mirada suplicante, acechado a sus espaldas por formas espesas y oscuras que interpretan la monstruosidad del acabose. Una primera visión apocalíptica del genio aragonés, piedra de toque de su monumental representación de la Guerra de la Independencia Española, ante la invasión napoleónica entre1808 y 1814.
Este impresionante grabado, y las 79 piezas de la secuencia, en la técnica goyesca de aguafuerte, aguatinta y punta seca para lograr contrastes dramáticos de luz y sombra, da inicio al relato dramático, visceral y pavoroso de lo que fueron las penurias que sufrieron los españoles, hombres y mujeres en la sangrienta gesta de la liberación contra el ejército napoleónico de Francia. Los desastres de la guerra es uno de los legados históricos y culturales más relevantes, de quién ha sido considerado un artista de su tiempo, crítico, prolífico y visionario.

Más de dos siglos después, aquellos cuerpos vulnerables mutilados y exterminados, las mujeres ultrajadas y violentadas, el incesante fuego de los fusiles, los territorios aniquilados, que Francisco de Goya, con el ardor y la vehemencia de un reportero en campo de batalla, plasmó en sus grabados, continúan vigentes en el tiempo y en la memoria de sus dolientes y de las generaciones postreras.
Los desastres de la guerra formulan preguntas que permanecen abiertas como las heridas que jamás se cerrarán, y que seguirán atentas en la memoria de los siglos: ¿por qué si conocemos el sufrimiento que produce la guerra, esta sigue ocurriendo? ¿Por qué persisten formas de destrucción entre seres humanos y contra otras formas de vida? ¿Quién se beneficia del dolor de otros y qué estructuras mantienen abierta la posibilidad de la violencia extrema? El recorrido de la exposición incita al silencio y la introspección, para enfrentar aquello que la historia de la humanidad persiste en repetir indefinidamente.
"Más que hacer una crónica de los acontecimientos, o una exaltación patriótica o militar, Goya dirige su mirada hacia las consecuencias más devastadoras de la guerra, la degradación de la vida, el sufrimiento de los cuerpos, y la normalización y reproducción de la crueldad", refiere un fragmento del texto curatorial de la exposición, que contrasta con el Contramonumento fijo de Doris Salcedo: "sin embargo, la persistencia de la violencia nos recuerda que este esfuerzo no ha concluido. En este encuentro con la obra de Goya, se nos invita a comprender la violencia como parte de un proceso histórico más amplio, cuyas consecuencias continúan configurando nuestras formas de convivir, recordar e imaginar un futuro compartido".
Poética de los desastres
En diálogo con el Contramonumento de Doris Salcedo, los 80 grabados se muestran alrededor de las dos salas principales, en un recorrido que comienza en la sala 3 y concluye en la sala 1. Sus temas de violencia extrema, hambre, miseria, crítica al poder, fanatismo, crueldad y ejecuciones, se relacionan con poemas escritos entre 1823 y 2022: El siglo, de Ósip Mandelshtan (Rusia); Casa, de Warsan Shire (Somalia); La guerra, de Miguel Hernández (España): Exhausto en la cruz, de Najwan Darwish (Palestina); Canción a una dama en la sombra, de Paul Celan (Ucrania), La Tierra se estrecha para nosotros, de Mahmud Darwish (Al - Birwa, pueblo árabe destruido en 1948) y Pido al dolor que persevere, de Piedad Bonnett (Amalfi, Colombia):
Pido al dolor que persevere.
Que no se rinda al tiempo, que se incruste
como una larva eterna en mi costado
para que de su mano cada día
con tus ojos intactos resucites,
con tu luz y tu pena resucites
dentro de mí.
Para que no te mueras doblemente
pido al dolor que sea mi alimento,
el aire de mi llama, de la lumbre
donde vengas a diario a consolarte
de los fríos paisajes de la muerte.
Tristes presentimientos de lo que ha de acontecer está acompañando de un fragmento del poema Canción a una dama en la sombra, del bardo ucraniano Paul Celan, que dice:
"Cuando la Taciturna llegue y decapite los tulipanes, ¿Quién saldrá ganando? ¿Quién saldrá perdiendo? ¿Quién se asomará a la ventana? ¿Quién pronunciará primero su nombre?"

Como parte de la exposición, que se extenderá hasta el 17 de enero de 2027, se realizarán tres acciones corales y de memoria, bajo el nombre de Presencias de la fragilidad humana, y concebidas junto con el programa musical Presencias - Sonidos & Ecos, de la Dirección de Patrimonio Cultural de la Universidad Nacional de Colombia. Bajo la dirección artística de María Belén Sáez de Ibarra y la dirección coral de María Jimena Barreto, el coro Voces de Nuestro Tiempo interpretará obras construidas desde la voz, el silencio y la fragilidad humana, cada una representando un estado emocional e histórico del país: la promesa, la fractura y la persistencia.
Técnica magistral
José Manuel Matilla, jefe de Conservación de Dibujos, Estampas y Fotografía del Museo Nacional del Prado, destaca el proceso magistral de Francisco de Goya en el arte: "Los dibujos preparatorios constituyen el medio gráfico donde Goya plasmó las ideas iniciales de cada una de las composiciones que posteriormente grabó sobre las láminas de cobre, y que forman sus cuatro series de estampas: Caprichos, Desastres de la guerra, Tauromaquia y Disparates. A diferencia de los grabadores tradicionales en talla dulce, que realizaban 'dibujos para grabar', en los que estaba definida la composición que posteriormente iba a ser llevada con total precisión y fidelidad a la lámina de cobre, 'los dibujos preparatorios' constituyeron un punto de partida para Goya, que fue transformando la composición inicial durante el proceso de grabado, hasta llegar a la concreción definitiva, gracias a su talento con las técnicas libres del grabado: el aguafuerte y el agua tinta. Los desastres de la guerra constituye un monumental grito contra la violencia en sus diferentes formas, que no reconoce justificación alguna y que, gracias a la maestría de su tratamiento técnico, formal y conceptual, permite al espectador contemplar imágenes inherentes a toda guerra".
Goya, reportero de guerra
Antonina Vallentin, biógrafa, crítica de arte, editora y traductora ucraniana (Leópolis 1893 - París 1957), en su Biografía de Goya (Vitae Ediciones), resalta en el capítulo VIII el suplicio de Los desastres de la guerra, basado en las estampas y documentos que Goya confío a su compatriota y amigo, el pintor Juan Agustín Ceán Bermúdez. Vallentin explica que los dibujos, en su mayoría, son muy anteriores a los aguafuertes, y que la serie de Los desastres de la guerra que Goya ejecutaba a escondidas —porque creía que no iba a ser reconocida en su vida—, se conoció hasta 1863, 35 años después de su muerte, cuando la hizo visible la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
La biógrafa hace un recuento, paso a paso, como una suerte de viacrucis, de la mayoría de las piezas de Los desastres de la guerra "con el correr del tiempo —apunta ella—, el acta más violenta contra la locura homicida colectiva. "Goya —continúa— pertenece a esta categoría de seres humanos en los que la indignación deja en libertad fuerzas que una felicidad apacible mantiene dormitando".

El odio hace a Goya más elocuente que el afecto. Los desastres... son el fruto de una inquina enfermiza y de una piedad rebosante. Se extienden a varios años y enmarcan una obra perdurable que no perdona. Como todos los apasionados capaces de sentimientos extremos, Goya posee una intuición y una retentiva que no fallan; además de la lógica implacable que de ella se deducen.
Yo lo vi, título de una de las láminas, podría serlo de muchas de ellas. Goya no retiene los hechos de la guerra. El título que él mismo había elegido, las consecuencias fatales de un combate sangriento, es lo que más se acerca a la verdad. El artista, como un reportero de guerra, relata en profundidad las terribles repercusiones del conflicto. No reproduce más que lo visto por sus propios ojos. Salvo cuando el horror de las atrocidades le conmociona hasta el punto de imaginarse que ha sido testigo de ellas.
Los desastres comienza como una marcha fúnebre, con un acorde destinado a fijar la atención. Un hombre arrodillado con los brazos abiertos, que rememora uno de los primeros aguafuertes de San Isidro Labrador, encarna la impotencia del ser humano ante el azote que cae sobre él. De rostro chupado, con el desnudo pecho que evoca una víctima que se ofrece, con la mirada de ruego infinito, el desdichado espera su destino.

La impiedad también se ve reflejada en la pieza 7: Y son las fieras. Agustina, la heroína popular, acerca una mecha encendida al cañón, en el momento en que su novio acaba de caer en su puesto. '¡Qué valor!' La joven, adquirida toda su estatura moldeada por su vestido blanco, con los negros y sueltos cabellos cayéndole tempestuosamente sobre los hombros, tiene a sus pies un montón de cadáveres.
En otra escena, una madre sostiene a su hijo con un brazo, mientras hunde con el otro una pica en el pecho de un soldado francés. Otra, al fondo, levanta penosamente con sus brazos una gran piedra para arrojarla al agresor. La intrepidez de las españolas, en su mayoría campesinas, tiene un monumento en Los desastres... Están por encima del dolor, porque el coraje las hace más dignas y poderosas.
En Colombia hacen falta muchos Goyas que retraten la insufrible violencia de 250 años: La Batalla de Palo Negro, en la Guerra de los Mil Días. Los abominables asesinatos de 'Los Pájaros' en las violencias bipartidistas. Los horrores de 'El Bogotazo'. Las ininterrumpidas masacres que, de solo recordarlas, hacen crispar los nervios y helar la sangre: Segovia, Bojayá, Mapiripán, La Rochela, Remedios, Cimitarra, Tacueyó, Buena Vista, Las Brisas, El Aro y La Granja, El Salado. La lista es interminable y la memoria aguarda.

Los Desastres de la Guerra
Francisco de Goya
Organizada por FRAGMENTOS, Espacio de Arte y Memoria, el Ministerio de las Culturas y el Museo Nacional de Colombia, con el apoyo de la Dirección de Patrimonio Cultural de la Universidad Nacional de Colombia.
FRAGMENTOS, carrera 7 # 6B-30, Bogotá.
Abierta al público del 5 de septiembre de 2026 al 17 de enero de 2027, Entrada libre
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