
ULibro 2026: literatura, memoria y voces que se niegan a ser domesticadas
La conversación entre Guillermo Arriaga, Leonardo Padura y Claudia Morales en ULibro 2026 | Crédito: Cortesía UNAB
Entre el 28 de agosto y el 6 de septiembre, la vigésima cuarta edición de la Feria del Libro de Bucaramanga ha reunido en Neomundo a Leonardo Padura, Guillermo Arriaga, Nona Fernández y decenas de autores nacionales y regionales, junto a periodistas, editores independientes y colectivos de víctimas. Esto es lo que ULibro 2026 ha propuesto, antes de entrar en su último fin de semana.
Al inicio de la Feria del Libro de Bucaramanga, ULibro 2026, organizada por la Universidad Autónoma de Bucaramanga (UNAB), se realizó la ceremonia de inauguración, liderada por el rector, Juan Camilo Montoya. Allí, él le rindió un homenaje a una de las personas que lo comenzó todo, Yaneth Lizarazo Ortega. Si bien se reprodujo un video en su reconocimiento por haber sido miembro del comité que creó la feria en 2003, fueron sus palabras las que argumentarían la necesidad de asistir a los días venideros.
Según el propio testimonio de Lizarazo, la primera edición de ULibro, que nació alrededor de un tinto, fue para rendirle homenaje a la poesía y, sobre todo, para seguirse preguntando lo mismo que Friedrich Hölderlin en el siglo XIX: ¿Por qué poetas en tiempos de miseria? Y ella extrapoló esa cuestión de la primera edición al panorama hoy: “¿por qué una nueva edición de ULibro en tiempos de desgracia?”.

El lema temático que ha guiado a la feria a lo largo de más de dos décadas ha cambiado siempre, pero la naturaleza sigue siendo la misma que describió Lizarazo. Este año ya se cumplen 24 años desde que la feria inició en el campus universitario. Esta vez, ya en el Centro de Convenciones Neomundo y bajo el lema ‘Habitemos lo salvaje’, ULibro 2026 abrió el 28 de agosto con una muestra editorial que este año llegó a los 100 stands y una agenda que mezcla literatura, memoria del conflicto armado, periodismo, música y gastronomía con más de 500 eventos que irán hasta este domingo 6 de septiembre.
Si algo ha quedado claro en la primera semana de la feria, a la que hasta ahora han asistido más de 45.000 personas, es que 'lo salvaje' terminó siendo mucho más que una consigna o propuesta, y pasó a ser un punto convergente en el que autores y autoras consagradas, así como nuevas voces, usaron la oportunidad para hablar de lo que casi nunca se ordena ni se domestica del todo. Por eso han llegado a tocar temas como el duelo, la desaparición forzada, el cuerpo, la corrupción y el miedo a envejecer.
El duelo convertido en archivo
Buena parte de lo más contundente que se dijo en Ulibro esta semana tuvo que ver con la manera en que Colombia sigue tramitando su propia violencia. El periodista Andrés Carmona Barrero presentó, el tercer día de la feria, Palacio de Justicia desclasificado, un libro que nació de un expediente judicial al que accedió hace dos años y medio y que terminó abriéndole la puerta a documentos inéditos sobre la operación militar de retoma, entre ellos entrevistas con líderes del M-19 que hablaban de su conexión con Pablo Escobar a través de Iván Marino Ospina. Carmona reconstruyó también la historia de René Acuña, un decorador de vestidos que murió cerca de la Plaza de Bolívar y cuyo cuerpo fue entregado a su madre con una identidad equivocada. Tardó casi un año y ocho meses adicionales en lograr que Medicina Legal corrigiera el error.
Al día siguiente, el 31 de agosto, el investigador Sergio Andrés Duarte Pimiento presentó en la Tarima Independiente La masacre de La Rochela: para que la justicia no vuelva a ser la víctima, un trabajo que reconstruye a través de víctimas y funcionarios el ataque de 1989 contra una comisión judicial en Santander. Es como una especie de duelo judicial, pues la tesis que se sostiene es que la violencia contra quienes administran justicia no es un episodio cerrado, sino una pregunta que Colombia sigue sin responder del todo. Un duelo sin ser atendido.
Esa misma tarde, la periodista Paola Herrera expuso su investigación sobre el contratista Emilio Tapia y las formas en que la corrupción estatal se sostiene en el tiempo. De cierta manera, es posible pensar que, en lo público, también hay duelos, pues si se va más allá del perfil del corrupto, encontramos que los hechos delictivos de personajes como él lo que hacen es dejar sin educación y servicios a los niños que necesitaban un colegio o una conexión a internet.
Y el dolor también llegó desde afuera y no solo con libros, sino también con lenguajes audiovisuales. El primer día de la feria se proyectó el primer episodio de Arrulladas por el río, el documental de la productora bumanguesa Guane Films junto con Canal TRO dedicado a las mujeres buscadoras del Magdalena Medio, entre ellas Manuela Sidray de Sierra, quien desde 1999 busca a su hijo, desaparecido por paramilitares en Barrancabermeja.
El cuerpo, un terreno de lo salvaje
Otro eje que atravesó la programación fue el cuerpo, entendido no como metáfora sino como territorio literal de la experiencia —como dice uno de los ejes de la feria, habitar los territorios— y buena parte de esas conversaciones se concentraron en el segundo día de Ulibro, el 29 de agosto. La periodista Claudia Palacios presentó Hola, mami, quiubo, mija, escrito después de 13 años acompañando a su madre en su enfermedad de Alzheimer. Su intención, aclaró, no era contar una historia íntima sino abrir una conversación pendiente sobre la vejez, el cuidado y lo que ella llama el “bien morir”.

En esa misma línea, la actriz Chichila Navia presentó Suficiente, su primer libro, en el que narra su relación con los trastornos alimenticios desde la niñez. Media hora más tarde, en el Gran Salón, Yolanda Ruiz y María Elvira Samper llevaron Menopáusicas y más, un libro que reivindica los años posteriores a la menopausia como, en palabras de Ruiz, “tal vez los mejores” de la vida de una mujer, después de décadas en las que la sociedad las consideró irrelevantes apenas dejaban de ser reproductivas.
Un día más tarde, el tercero de la feria, la actriz samaria Viña Machado presentó La calma del volcán, un poemario escrito a lo largo de 23 años sobre el deseo y el propio cuerpo, que terminó de tomar forma después de interpretar a Pilar Ternera en la adaptación de Cien años de soledad para Netflix. Su poemario lo que hace es ir buscando, a tientas, un cuerpo que es, a la vez, un archivo personal sobre sus emociones más humanas, como el deseo.
El dolor como material de escritura
Y es que el dolor no se quedó solo como un mero sentimiento, sino que para algunos asistentes pasó a ser inspiración. Es decir, si algo quedó claro en la primera mitad de Ulibro 2026 es que casi ningún autor llegó a hablar del dolor en abstracto. Todos traían un caso puntual, casi siempre real, que habían decidido convertir en literatura. Manuel Machuca lo contó así el segundo día de la feria al hablar de Fernanda, la mujer que inspiró Demasiada gente: “A mí lo que verdaderamente me impactó fue esa capacidad de Fernanda, esa capacidad de lucha, de resistencia contra su familia, contra sus conocimientos, porque era alguien que no tuvo estudios, como la forma de seguir buscando a su hijo, de seguir en la lucha contra todo”.
Por su lado, el cubano Leonardo Padura llegó, ese mismo día, con Morir en la arena, una novela construida a partir de un parricidio real cercano a su entorno, en la que un hombre que pasó treinta años preso por matar a su padre regresa a una casa que su exesposa y su hermano nunca dejaron de habitar. Padura insistió en que su libro no ofrece una única salida moral para sus personajes, sino varias rutas de redención que, según dijo, no podía revelar porque confía en que “los seres humanos tenemos unas reservas de humanidad que son muy fuertes, invencibles, y por eso hemos resistido tantas cosas”.
Esa fe en el testimonio como herramienta —no como desahogo, sino como algo que le sirve a otro— fue también el argumento de Nona Fernández cuando conversó con Sara Jaramillo Klinkert, el segundo día de la feria. “Es importante narrar nuestras heridas porque cuando escarbamos en ellas, cuando intentamos comprenderlas, dejamos por escrito un testimonio que es una herramienta para otros y eso puede servir para el futuro, no solamente para el presente”, dijo la autora de Marciano.
La literatura y el periodismo que no se dejan domesticar
El mexicano Guillermo Arriaga, junto a Padura, protagonizaron uno de los cruces más esperados de la feria, moderados por Claudia Morales, directora de la Feria del Libro de Pereira, en el Gran Salón, en un conversatorio que llamaron Encuentro indómito: escribir fuera de los márgenes. Arriaga defendió una literatura que no le rinde cuentas a nadie, es decir cómo el arte de escribir no debería estar sometido a compromisos ideológicos, morales, políticos ni pedagógicos, porque la literatura tiene que ser, en sus palabras, “rabiosamente independiente”. Padura, ganador este año del Premio Liber al autor hispanoamericano más destacado, definió la novela como el género de la libertad: el único que permite mezclar historia, ensayo, filosofía y periodismo sin pedir permiso, siempre que sirva para cumplir una intención, que es contar una historia y comunicar una idea.

Esa misma desobediencia, trasladada al oficio de informar, fue el espíritu que atravesó la novena edición del Premio Nacional de Periodismo Silvia Galvis, entregado el quinto día de Ulibro en el Auditorio de Neomundo. De 78 trabajos postulados desde diez departamentos del país, el jurado —integrado por Nelson Fredy Padilla, editor de El Espectador; Ana María Ferrer Arroyo, de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad en el Caribe, y Dora Montero, presidenta de Consejo de Redacción— premió los trabajos Maestro Laguna: memorias vivas de Santander, de tres estudiantes de la UDI, en periodismo joven; Cuidar el bosque para no matar por la piel, de José Ignacio Estupiñán Martínez, publicado en Baudó Agencia Pública, en periodismo regional; y La paradoja del petróleo: ¿progreso o espejismo?, de Daniel Jesús Barba Llanes, en periodismo de opinión. Por decisión unánime del jurado, el premio a la trayectoria fue para Jineth Bedoya Lima, subdirectora de El Tiempo y creadora de la campaña 'No es hora de callar' contra la violencia sexual y de género, quien lo recibió a pocos días de cumplirse 17 años del asesinato de Silvia Galvis.
El rector de la UNAB, Juan Camilo Montoya Bozzi, conectó el premio con el lema de esta edición: “lo salvaje es lo que no se ha domesticado, lo que no cabe en la versión oficial, los territorios a los que nadie va, las historias incómodas y las preguntas que quedan sin respuesta; ahí trabaja el buen periodismo”, dijo.
La campaña por el terremoto: 'Libros para seguir soñando'
Uno de los proyectos más silenciosos de esta edición de Ulibro funcionó, literalmente, en la entrada de Neomundo. Se llama 'Libros para seguir soñando' y nació como respuesta al terremoto que golpeó el 10 de agosto a Risaralda, Chocó, Caldas y el Valle del Cauca. Lynda Vanessa Bula Barbosa, coordinadora de Contenidos Culturales de la UNAB, le explicó a CAMBIO que la idea surgió de que, en medio de una emergencia, la ayuda cultural casi siempre queda de última. “Hay una parte que tal vez se deja para último y es el tema cultural, el tema que tiene que ver con literatura, con las artes”, dijo Bula Barbosa, y explicó que, al coincidir la fecha de Ulibro con la del terremoto, y sabiendo que la Feria del Libro de Pereira tuvo que correr su propia agenda por la emergencia, la UNAB decidió convertir su feria en un punto de acopio.
La justificación de que se recogieran libros y no otros enseres es que, según manifiestan, la lectura funciona como “un refugio para comprender situaciones a partir del acompañamiento” en momentos de crisis. Desde el 28 de agosto y hasta el día de cierre de Ulibro, este 6 de septiembre, cualquier visitante puede dejar en la entrada de Neomundo literatura infantil, juvenil, para adultos, cómics y cuentos, además de material didáctico, como cuadernos, colores, crayones, títeres y juegos de cartas que cumplan ese objetivo.
En la logística de recolección acompaña también Libros Libres, la plataforma de intercambio de libros usados que se sumó a la alianza entre Ulibro y la Feria del Libro de Pereira. Según contó Bula, la meta de la campaña no se mide en número de ejemplares, puesto que lo que importa, dijo, es que la gente se organice alrededor de la idea. Una vez cierre la feria, el material recolectado será clasificado con el apoyo del área de Transformación Social de la UNAB y enviado a Pereira, con apoyo de Coordinadora, donde el equipo de Claudia Morales, directora de esa feria, se encargará de distribuirlo con criterios de curaduría entre bibliotecas comunitarias e instituciones educativas de las zonas afectadas.
El rector Juan Camilo Montoya, en conversación con CAMBIO, conectó la iniciativa con uno de los efectos menos visibles de un terremoto: la desescolarización. Muchas de las escuelas afectadas ya tenían condiciones físicas precarias antes del sismo, explicó, y perderlas significa que miles de niños se queden en casa sin continuidad educativa, expuestos a pasar ese tiempo frente a una pantalla con contenidos que, en sus palabras, “no son de valor”. Que les lleguen libros de otras regiones del país es un aporte concreto en ese tránsito, pues “en general yo creo que todos debemos tener generosidad y desprendimiento también con los libros que ya hemos leído, que ya hemos disfrutado”, afirmó, convencido de que un libro que ya cumplió su propósito en una casa “pueda rotar” y encontrar, en otra parte del país, un lector que lo necesite más.
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