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Sergio Ocampo Madrid
Sergio Ocampo Madrid.
Cultura

“No hay nada más invisible que lo cotidiano”: Sergio Ocampo Madrid

El escritor y periodista Sergio Ocampo Madrid indaga en su libro de cuentos ‘Los invisibles’ acerca de las decenas de maneras en que lo que está visible se cruza en la vida de las personas como si en realidad no existiera.

Por: Eduardo Arias

Se ha vuelto normal decir que algo “se volvió paisaje” cuando nadie repara en ello, cuando no se mira. O, si se mira, pasa inadvertido como si fuera invisible. Esas tantas maneras de hacer invisible lo que pasa ante los ojos de las personas (el árbol del antejardín de la casa de al lado, la carreta del vendedor de aguacates de la esquina, el conductor del bus en el que se viaja) son la materia prima de Los invisibles, el más reciente libro de cuentos del periodista y escritor Sergio Ocampo Madrid.

Como dice la escritora Gabriela Arciniegas, “en este libro de cuentos, por un lado, lo insólito se encuentra con lo cotidiano. Por otro, lo trágico y lo jocoso se intersecan. Exalta magistralmente el patetismo humano a la vez que relata con sutileza los miedos, lo inconcluso, lo imposible como artefacto de la mente, en una crítica mordaz a las convenciones morales de nuestra sociedad. Una antología que retrata lo que somos como especie, anímica y mentalmente, y que trasciende las fronteras culturales”.

Los cuentos de Los invisibles ponen a pensar al lector acerca de ese ese punto ciego de la vida y lo hacen caer en cuenta de la gran cantidad de detallers de su día a día que mira sin observar, así los tenga enfrente, a plena luz del día.

Sergio Ocampo Madrid nació en Medellín. Periodista con una muy amplia trayectoria en medios como editor y cronista en el periódico El Tiempo y las revistas Gatopardo, Bocas, Don Juan y El Heraldo. Comenzó a publicar obras de ficción en 2009 con la colección de cuentos A Larissa no le gustaban los escargots, y dos años después, la novela El hombre que murió la víspera. En 2014 publicó Limpieza de oficio, su segunda novela, y un año después volvió a los cuentos con los libros El amante fiel de medianoche y Siete cuentos fantásticos, publicado en 2017. Sus más recientes novelas han sido Es mejor no preguntar, de 2018, y Las distancias, de 2023. Ha sido profesor universitario en las universidades Javeriana y el Externado de Colombia, donde enseña en la actualidad. También es columnista del diario El Espectador

CAMBIO habló con él acerca de su más reciente libro y de su oficio como escritor y periodista.

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CAMBIO: ¿Cómo surgió la idea de este libro y por qué se decantó por los cuentos y no por una novela?
Sergio Ocampo Madrid: El tema de la invisibilidad siempre me ha parecido fascinante, y empecé a explorarlo en mi novela pasada, que recrea la vida y las circunstancias del hijo 'invisible', el ocultado, el no reconocido hijo de Luis Carlos Galán y la empleada doméstica de su casa paterna. Culminada esa novela decidí que quería hacer un libro sobre la invisibilidad más allá de lo evidente. Me di a la tarea de pensar en lo invisible, en todas las sensaciones que produce en las personas, y por tanto en las significaciones. Lo invisible, por ejemplo, es fundamental en las ficciones que crea el pensamiento mágico, desde un Dios que no se ve, entidades protectoras o amenazantes, ángeles y espantos, hasta otros planos después de la vida biológica. La invisibilidad, lo velado, produce miedo pero también expectativa, el deseo del voyeur, del espía; la invisibilidad puede ser una condena, pero también una conquista. Depende de mil cosas, de si quieres ser visible o no. También descubrí que no hay nada más invisible que lo cotidiano, lo que no se ve por rutina y costumbre, o que solo se percibe cuando ya no está, cuando falta. En fin, me pareció fascinante explorar distintas historias alrededor de la invisibilidad simbólica, la psicológica, la metafísica, la existencial. Y descarté la invisibilidad política y social para no desviar el libro hacia otras lecturas. Por eso opté por cuentos y no por novela, pues, aunque el hilo conductor es lo invisible, cada historia tiene su propia trama y desarrollo.

CAMBIO: Julio Cortázar decía que las novelas deben ganar por puntos y los cuentos por knock out. ¿Cómo enfrentar el reto del cuento?
S.O.M.: Cuando yo hice la transición, hace 20 años, de escritor de periodismo narrativo a la literatura, pensé que luego de haber sido cronista el paso natural era escribir cuentos. A García Márquez se le atribuye el aforismo de que la crónica es un cuento que es verdad. En 2005 comencé a escribir mi primer libro, una colección de relatos que publicó la editorial La Otra Orilla bajo el título de A Larissa no le gustaban los escargots, y ahí descubrí la complejidad del género y por qué tantos grandes escritores de novelas nunca entraron en el mundo de la cuentística, o viceversa, por qué enormes narradores como Borges o Alice Munro nunca quisieron hacer novelas y se quedaron en el cuento. El cuento es la forma más compleja de narrar porque conlleva el desafío de encontrar el uso estético de la limitación y porque técnicamente exige lo que no exige una novela: ritmo sostenido, contención para no caer en digresiones o historias derivada, y uso de las palabras más precisas en su semántica, sin detrimento de las metáforas y otras figuras; también personajes que se estructuran sobre un hecho y adquieren toda la fuerza sin necesidad de antecedentes ni detalles biográficos; acción física o psicológica que no declina, posible knock out, o sea sorpresa, sensación de una espontaneidad que a menudo no es real pero parece, en fin… Quien escribe cuentos puede escribir cualquier cosa.

CAMBIO: A propósito, en varios de sus cuentos se siente a Cortázar, en el sentido de que son historias cotidianas y a primera vista anodinas que desembocan en un final inesperado. Lo anterior más allá de que usted tiene su propia voz, muy diferente a la de Cortázar.
S.O.M.: Cortázar es uno de los más grandes cuentistas de todos los tiempos, y además de leerlo he tenido ocasión de estudiarlo, de analizar su vocación por desarmar y rearmar la estructura del cuento con una impresionante sencillez, en ese arte mayor de concebir estructuras complejas, difíciles y retadoras para el autor, pero fáciles y deliciosas para quien las lee, lo cual permite además una gran diversidad de lecturas, de las más superficiales a las más profundas. Eso sucede en cuentos magistrales como Una flor amarilla o en Casa tomada. Me encanta que se detecte ese homenaje a Cortázar que plantea mi libro. En cuanto a lo de los temas cotidianos, uno de los grandes descubrimientos en mi exploración de la invisibilidad es que, como ya mencioné, no hay nada más invisible que lo cotidiano, lo rutinario, la intimidad en sus entornos, hábitos, ritos, prácticas consuetudinarias: el árbol por el que se pasa todos los días, y solo se nota cuando ya no está porque lo talaron, el compañero de oficina cuya presencia se hace evidente porque ese día no fue a trabajar. Eso literariamente abre muchas posibilidades. El primer cuento del libro se titula La geometría de las nostalgias, y es el instante en que un hombre desocupa su apartamento de toda la vida, donde vivió con su madre desde la niñez y solo ahora, cuando lo siente vacío, viene a reparar en el olor de su domicilio, en los ruidos que producía, de las cañerías, de las bisagras, del piso por la fricción de las suelas, y termina atacado alevemente por la nostalgia cuando ve las paredes sin cuadros, solo con los clavos y los contornos geométricos que dejaron los marcos, a punta de limo y de tiempo.

CAMBIO: ¿Qué tanto se asoma el periodista en su faceta de narrador literario… y al revés?
S.O.M.: Eso es interesante porque creo que son dos mundos muy aparte: el periodismo es el arte de la explicitud, de lo evidente; un universo en el que todo lo que se cuenta debe supeditarse al fin último de informar. El reto entonces es poder buscarle la estética, la belleza y la fuerza interna a una historia para, además de informar, conmover, movilizar emociones, sensaciones, e inclusive recrear. La literatura es el arte del encubrimiento, de la sugerencia, la ambigüedad, de la exploración de todas las posibles semánticas, e informar no es una búsqueda fundamental, ya que el lenguaje por el lenguaje adquiere un estatus inclusive de personaje, de ámbito aparte, dentro de muchas obras. Me gusta poder navegar en esas dos aguas.

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