
La fiesta oculta desde el corazón de una barra
CAMBIO se metió al corazón de la Guardia albirroja sur para contrastar la estigmatización que sufren miles de barristas en todo el país. ¿Cómo manejar un fenómeno en el que los hechos de violencia han opacado el sentimiento de pertenencia de miles de hinchas?
La fiesta empieza temprano. Hasta cinco horas antes para quienes cuelgan las banderas y se encargan de la logística de la puesta en escena de la tribuna popular. Para miles de jóvenes en todo Colombia el día del partido de su equipo es por definición un día festivo que les da relieve y sentido a los otros seis días del calendario.
Pero las tribunas más baratas –40.000 pesos vale la boleta en Bogotá– no las colman solo los pelados que le han consagrado su vida a los colores de su equipo. Las barras populares, esos colectivos aparentemente homogéneos, uniformes y alienados, esconden tras sus “trapos”, el humo y las trompetas, perfiles de todas las edades y de todos los estratos.
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